domingo, 30 de junio de 2013

Fuentes de Ropel: San Pedro, patrón de su iglesia.



San Pedro en el centro del retablo mayor de la iglesia.
Ayer se celebró la festividad de san Pedro, patrón de varios pueblos de esta comarca conocida como “Valles de Benavente”. Algunos llevan el nombre del santo, seguido de un complemento que se relaciona con el lugar o por algún otro motivo. Son hagiotopónimos. Es el caso de San Pedro de la Viña, de Ceque, y de Zamudia. Pero también es patrón de Villageriz, Melgar de Tera y Fuentes de Ropel, al que me voy a referir en esta ocasión.
San Pedro, pescador de oficio, apóstol y primer Papa, que murió crucificado en Roma, hacia el año 67, con la cruz inmisa, quizá sea el santo más representado en la iconografía cristiana, como vamos a comprobar en la iglesia de Fuentes de Ropel.
Hasta la época del románico viste túnica y palio como los demás apóstoles. Durante el período gótico muestra los ornamentos pontificales, con mitra episcopal, al principio y con la tiara después. En el Renacimiento siguen la antigua costumbre de la túnica y el palio, forma que se adapta más a la historia, pero el vestido pontifical expresa mejor su función jerárquica. Siempre le vemos con barba, corta, redondeada, algo gris y ancha tonsura clerical. (J. Fernando Roig – Iconografía de los Santos, Barcelona, 1950).
Su atributo personal es el libro o rollo de pergamino como los demás apóstoles. Desde la época del románico, siglos XI-XII, sin abandonar el libro, aparece con su atributo personal y definitivo: las dos simbólicas llaves del cielo. Algunos escultores o pintores le muestran con tres, aludiendo a la triple potestad e indicando con ello el poder que ostenta. En este caso, las llaves serían el símbolo de las tres iglesias: una de ellas la militante, o peregrina en la tierra, y las otras corresponderían a la iglesia del purgatorio, o penitente, en camino de purificación y a la iglesia triunfante, que ya ha llegado al Reino de Cristo. En la iglesia de Fuentes de Ropel vemos solamente una o dos llaves.
En las escenas sobre su vida no faltan las redes de pescar o la barca simbólica de la iglesia en la que ondea un estandarte con el monograma de Cristo.
El Renacimiento lo representa de nuevo con un gallo como hacían en la época paleocristiana y también con la cruz del martirio. Y lo mismo que su hermano Andrés muestra a veces uno o dos peces en sus manos.

Cúpula del crucero con pinturas que representan a San Pedro.
Tiara.
Cruz papal.
Libro
Llaves.
Cúpula del presbiterio con pinturas algunas referidas también a S. Pedro.
San Pedro con la cruz papal.
En la puerta de entrada al templo...
Se ven relieves en madera de la tiara y las llaves del santo.
La pila bautismal con dos de las llaves de San Pedro.
LLaves que también decoran el frente del altar.





 San Roque aparece, casi siempre, como peregrino y en su sobrero de alas, además de dos veneras, vemos las llaves de San Pedro, por haber peregrinado a Roma, su sede. 

--------------------------------------  
En Fuentes de Ropel veneran a san Pedro y celebran los actos religiosos de un día festivo, pero no es la fiesta principal en el pueblo, sino que son otros días y otros santos, populares y tradicionales, los que cuentan con más actos religiosos, y no religiosos, a los largo del año: El Cristo, San Blas, San Isidro y La Cantimbriana, principalmente.
En esta ocasión he querido mostrar, a través de las imágenes, cómo, en el pasado, ya desde el siglo XII en el que comenzó a construirse la iglesia, era tal vez san Pedro el santo de mayor devoción, a juzgar por el gran número de veces que está representado en la iglesia, bien a través de su imagen o de alguno de sus atributos. Para muchos, vecinos, o forasteros que visiten la iglesia, tal vez resulte desconocido y novedoso el ver tantos símbolos de este santo.






sábado, 29 de junio de 2013

Palomares en Castrogonzalo.



Palomar en medio de una tierra sembrada de trigo...
Hace unos días viajé, una vez más,  a Castrogonzalo, uno de los pueblos cercanos a Benavente.   Por cierto que siempre que voy me acerco al Gurugú,  así  llaman a la parte más elevada del cerro en el que comenzó la población. Todavía en el subsuelo del mismo se conservan restos  de la Edad del Hierro y posterior poblamiento medieval. Es éste un lugar de obligada visita, al menos para los amantes de las vistas panorámicas y los bellos paisajes. Desde allí, si miramos hacia el noroeste vemos los ríos Esla y Cea con sus riberas y amplias vegas, verdes por el color de los productos sembrados. Y también con gran cantidad de choperas. Sin embargo, si miramos hacia el sureste lo que vemos son las llanuras de la Tierra de Campos, que aquí se inicia, con tierras de cereales, o en barbecho.

No lejos de otra tierra en barbecho.

Interior de un palomar en ruinas....
Con grafittis en una de sus paredes.

El motivo del viaje, en esta ocasión, era ver los palomares del pueblo, cuántos hay todavía y en qué situación se encuentran. Había visto, con anterioridad, al pasar por la carretera, algunos en medio de tierras sembradas de trigo, de color verde por la época en que nos encontramos. Pero, efectivamente, había más.
Detrás de la cerámica, que da  a la carretera, vi otros dos en buen estado y con palomas. Uno de ellos situado en un pequeño montículo o altozano, originado, tal vez, tras quitar la tierra, que lo rodeaba y utilizarla para la fabricación de ladrillos. Es de forma cuadrada, con dos tejados y en la parte superior está adornado  con ladrillos formando una especie de torreta.

Uno de los palomares que hay detrás de la cerámica.

Otra vista del palomar anterior.
Detalle del adorno sobre el tejado.
 El otro, no muy lejos, es rectangular, con dos tejadillos y orientado hacia el este. Tiene, además de troneras, otros huecos que permiten la entrada y salida de las palomas. Con cortavientos a ambos lados de las paredes laterales y adornos con ladrillos y tejas en la parte superior. Y una moderna puerta de chapa en sustitución de otra más antigua, seguramente que de madera.      
De forma rectangular y con dos tejados hacia el este.
Palomar anterior visto desde otro lugar.
Adornos en el tejado.
Al acercarme más al pueblo me encontré con algunos en patios de viviendas o en huertas en las que a las aves no falta comida y agua, ni tampoco la sombra de algún árbol. Rectangulares, con uno o dos tejados, distinta forma en los huecos para entrar y salir las palomas. También disponen de cortavientos y adornos en la parte superior del tejado. Uno de ellos, de forma circular, me llamó la atención, tanto por estar muy habitado, como por el lugar en que se encuentra, junto al mismo escarpe o cuestos que dan al río.

Palomar con un  solo tejado, en el patio de una casa.
Parte trasera del palomar anterior.

Bonito palomar en una huerta,  cerca del río Esla
De forma rectangular y con tejado en ruinas.
Palomar circular, también cerca  del río.
Distintas dependencias del  palomar anterior.
Pero el mejor situado de todos y que con seguridad será muy del agrado de palomas y pichones, y también de quienes visitan el lugar, es el que hay en lo más alto del cerro, en el mismo Gurugú, en una tierra cercana al depósito de agua. Solamente pude ver la parte posterior, o de atrás, la que da al oeste, pues a la parte este, a la que están orientados casi todos, me fue imposible acceder. Sobre la pared el dueño ha colocado, como adorno, unas pequeñas esculturas de palomas. Las aves disponen de pequeño huecos para salir y, desde las mismas alturas, sobrevolar el río y sus riberas cargadas de chopos, y la extensa vega sembrada de verde. Seguro que se sentirán bien, pues no les falta ni agua ni comida.

El palomar situado en lo alto del cerro, el Gurugú. Parte trasera.
Esculturas de dos palomas sobre ladrillos sirven de adorno. 







                       

martes, 25 de junio de 2013

Artesano jubilado: Evencio Fernández, de Coomonte de la Vega.



Evencio junto al "árbol del paraiso", una de sus obras.
Vivió y trabajó en el campo hasta que tuvo 27 años en que ingresó en la Guardia Civil. Como les ocurre a otros, el trabajo en la agricultura le marcó para siempre, porque, una vez jubilado, cuando lo visité tenía 76 años, regresó al pueblo y se puso a hacer piezas de madera, muchas de las cuales tienen que ver con la naturaleza: animales varios, serpientes, el árbol que llama del Paraíso, la noria, etc.
A Evencio nadie le enseñó, ni en su familia nadie fue carpintero, carretero, ebanista u otro oficio relacionado con la madera.
-Yo cojo un tronco, una rama o una raíz, comienzo a trabajar y sobre la marcha decido lo que voy a hacer. Y ocurre que unas veces me sale un animal y otras veces un objeto o pieza distinta. Incluso se da el caso de que la termino y no sé el nombre del animal que he hecho o representado.

Figuras de diversos animales sacadas de raices cogidas en el campo.


Serpiente, comiendo un animal. Obra hecha con una sola pieza de madera.
Lo confirmo, pues tiene por allí varios de los que todavía duda de cual se trata, aunque sí los conozca de verlos en la realidad o en fotografía.
Utiliza principalmente madera de nogal y también algo de encina. A veces la forma del tronco, o de las ramas saliendo del tronco, le sirven y utiliza para su grupo escultórico. Porque hace esculturas de bulto redondo, tanto de animales como humanas o de tipo varios, algunos raros. Por allí tiene algunas cuya cabeza nos recuerda a la del cocodrilo, el orangután o la hiena, entre otras. Y luego muchas esculturas humanas solas o en parejas, algunas de enamorados.
Para sus trabajos, además del hacha o la sierra para cortar la madera se sirve de algunas gubias, el martillo, un mazo, también de madera, y alambres acerados a los que machaca en su punta y ésta queda afilada, de tal forma, que con ella hace los ojos y otras partes de la pieza que lo requieran. Por supuesto que también tiene cepillo, azuela y dos  o tres escoplos. Barniza casi todas las piezas, una vez terminadas.
Me enseña algunas que le han costado más trabajo como una bisera de madera con grabados en la parte superior y una serpiente retorcida que está comiendo un ratón y que está hecha de una sola pieza todo el conjunto, y sus formas.
-A mí me gusta el campo y disfrutar de la naturaleza. Es una de las cosas que no nos faltan a los que vivimos en los pueblos. Todos los días salimos a pasear y contemplar lo que está a nuestro alcance, que, aunque parezca que vemos  siempre las mismas cosas o los mismos paisajes, la percepción o lo que nos queda de dicha contemplación es distinta cada día.  Yo procuro reflejar algo de ello en mis obras.
Evencio también hace o trabaja el mimbre, aunque el fino, por los objetos que veo por allí: sombreros, pequeñas cestas, un ave de grandes proporciones y otros. Me dice que esto lo aprendió cuando era pequeño y su padre contrataba a los talegoneros, tal vez a los de Quintanilla, para que le hiciesen las talegas y los talegones para la vendimia.
-Aunque era todavía pequeño, me fijaba mucho en cómo lo hacían, cómo manejaban los mimbres. Y, a decir verdad, me gustaba el oficio, pues incluso con las puntas de los mimbres que cortaban me ponía a hacer una pequeña cesta. Y mira tú por donde, después de jubilado, he vuelto a recordarlo, e incluso  me he puesto a practicarlo, a imitar al talegonero.

Uno de sus trabajos con mimbre, imitando a  los talegoneros de Quintanilla.
Todo esto me confirma lo que ya hemos repetido en otras ocasiones, que lo que de pequeño o de joven se aprende, tarde se olvida. Así le ha pasado también a él.
Evencio vive solo. Y tiene tiempo de leer algo, de escribir poesías, de pasear con los amigos, de hacer algún viaje de los que organiza el Hogar del Jubilado de Benavente y de hacer esculturas y otras piezas de madera, motivo principal de este reportaje.
Siente cierta frustración porque cree que no se sabe apreciar y valorar lo que hace. Le digo que lo mismo pasa a otros, jubilados o no jubilados, y que nadie puede juzgarlo, ni valorarlo, sin conocerlo. Pero que esto no debe ser obstáculo para seguir haciéndolo, pues la satisfacción personal también cuenta.

                                                    




sábado, 22 de junio de 2013

Cubo de Benavente: El carrito de la compra.



De la compra hacia casa con su carrito.
Lo vi en el año 2009, cuando me acercaba a conocer la ermita dedicada al Cristo de la Vera Cruz que hay en Cubo de Benavente. Iba hacia su casa por la acera de la amplia y extensa calle, también carretera, en la que se encuentra la ermita. Con su mano derecha tiraba  del pequeño carro con la compra de ese día para él y su mujer, ya jubilados.
El carro, pintado de azul, se parece más a los de viga o par que a los de varas, tiene ruedas de goma, como las de una bicicleta y se cierra con una portezuelas en la parte delantera y trasera. Parece de juguete o adorno, como los que suelen hacer muchos de los artesanos jubilados, sobre los que he escrito ya en este blog, pero, al ser de mayor tamaño, presta un mejor servicio. A falta de la cesta o bolsas al uso, sirve para  llevar la compra a casa, además de prestar otros servicios. 

Tiene  algún parecido con los de par o varas, pero ofrece cietta  originalidad.
Su casa se encontraba en la misma calle en la que lo vi, en la acera frente a la ermita. Al llegar a ella le saludé y me contó algo sobre su vida y sus aficiones de jubilado. Y es que, precisamente, una de ellas era hacer carritos, pues tenía varios, alguno incluso de mayor tamaño, pero siempre para ser llevados por personas. Con uno iba a la compra, con otro transportaba algunos productos de la huerta, etc. También había hecho otras piezas de madera, e incluso un sillón y una estantería en la que tenía colocados algunos frascos con miel, legumbres, frutos secos y otros productos. En seguida pensé que estaba ante un artesano jubilado más, de los muchos que he visto y conocido en esta comarca de los Valles de Benavente. 

Amancio llegando a su casa de Cubo de Benavente.
Lo vemos ya en el patio de su casa.

Otro de los carros hechos por Amancio, con el que va a su huerto.

Este sillón también lo ha hecho él...
lo mismo que esta estantería.
Quien tiraba del carro era Amancio Trigo Paramio. Vivía con su mujer, también ya mayor, en la extensa y amplia calle de la ermita, concretamente en la acera de en frente. Cuando lo vi tenía 82 años. Aunque no le faltaba ánimo y energía, se sentía mayor y “notaba el paso de los años”, como él mismo me decía. 

Ermita del Cristo de la Vera Cruz de Cubo de Benavente.
Ojalá que haya seguido con sus artesanías en madera, pues contaba con los  conocimientos del carpintero, y además con la sabiduría que le proporcionó su experiencia vivida y la práctica que ha ido adquiriendo a lo largo de los años. Que estas líneas sirvan de grato recuerdo para él y también para su carrito de compras.