martes, 29 de octubre de 2013

Artesano jubilado: Matías del Hoyo, de Fuentes de Ropel.



Matías y sus bastones.

         Cuando hace varios años publiqué los reportajes sobre artesanos jubilados en el desaparecido semanario La Voz de Benavente y Comarca, comprobé que uno de los pueblos que contaba y cuenta con más personas mayores dedicadas a esta actividad era Fuentes de Ropel. Y precisamente, uno de los primeros a los que visité y entrevisté fue Matías de Hoyo. Ahora, aunque ya fallecido, quiero recordarlo aquí de nuevo, como he hecho con los demás, a través de las páginas de este blog.

*Me acerco a su casa, el número 42 de la calle Las Lavanderas y me recibe con amabilidad. Tenía ya 83 años. En seguida me enseña abundantes bastones hechos por él, unos están en el vestíbulo y a otros, ya dentro, los tiene colgados en la pared de una de las dependencias del patio. Matías fue pastor de sus propias ovejas desde que cumplió los 10 años hasta los 65 en que se jubiló. La educación de los primeros años de su vida fue muy pronto suplantada por el trabajo, suponemos que obligado y necesario del pastoreo.
            Ya siendo pastor, me dice, me entretenía haciendo cosas de estas, principalmente con la madera. Pero cuando me dediqué de lleno a ello fue al jubilarme.
            Pasó casi toda su vida por los campos de su pueblo, cuidando el ganado y a la sombra de los árboles, cuando el calor arreciaba. Aquí pudo ver y contemplar animales diversos como el zorro, la liebre, el conejo, el águila, perdices, codornices y palomas, además de los domésticos que tenía en su propia casa. Cuando sus ovejas se lo permitían cogía un palo o un trozo de madera en su mano izquierda y la navaja en su mano derecha y se ponía a cortar y tallar dicha madera. Esta práctica fue su comienzo y su aprendizaje, surgida de la contemplación y las vivencias de su entorno y de su vida relacionada con la agricultura y ganadería.
            Porque los puños de sus bastones, representan figuras talladas por él de los animales que vio o con los que el convivía diariamente. Y los tiene con cabezas de carneros, perros, patos, caballos, etc y algunos con  peces, señal evidente también de su afición a la pesca o de pasar algún tiempo cerca del río Cea.
            Pero también hacía castañuelas -estas les gustan mucho a mis hijos, dice él. Matías tiene dos hijos que viven y trabajan fuera del pueblo, por necesidad como muchos otros, pero que se acercan a Fuentes de Ropel, siempre que pueden, para ver a sus padres y admirar los bastones o castañuelas hechos por él y de paso llevarse alguno de ellos como recuerdo.

También hizo castañuelas...
            Hace también palilleros y algún juguete, igualmente de madera. Pero su obra más llamativa es el trabajo realizado sobre un cuerno de toro, que utilizaba para llevar la merienda al campo. Está todo él adornado con dibujos hechos a punta de navaja entre los cuales está el sol, una sirena, un burro y un gallo, un caballo, una liebre, una cabeza de carnero, un pez y una vaca, aparte de algunas plantas y vegetales. Tiene también grabado su nombre y apellidos y el año en el que lo hizo con la siguiente leyenda: AÑO MALO - 1945. Dice que éste fue el año en el que se casó, que coincidió con una mala cosecha y hubo mucha necesidad. El cuerno de Matías es un compendio de lo que él veía y sentía cada día en su trabajo, trabajó que hizo antes de jubilarse y al que dedicó más horas que a ningún otro*. 

Cuerno de toro decorado, lo más llamativo que ha hecho.
            Utilizo maderas de todas las clases y que tengo más a mano: encina, peral, pino, etc. Y de fresno y bambú, sobre todo para el palo de algunos bastones. Ah! y la de corazón de encina, que es lo de dentro de ella, lo negro.
            Herramientas no necesita muchas, pues lo hace casi todo con sus manos, sirviéndose principalmente de la navaja, aunque también tiene y usa el cepillo, un taladro,  lijas y una pequeña gubia. 
            Pero lo que más utilizo, insiste, es la navaja. Se puede decir que casi todo lo hago a punta de navaja y a base de horas. Mire, esa decoración y los adornos y relieves que tienen estos  bastones, la hago también con la navaja. Todo es idea mía y lo voy haciendo según me parece.
            Su producción es abundante en lo que se refiere a los bastones. Pero no los pone a la venta. No obstante ya ha vendido alguno a personas que se han acercado a su casa. Le gusta contemplarlos, al tiempo que le recuerdan las horas dedicadas a cada uno de ellos. Y, viéndolos, recuerda también el campo, los animales y su vida de pastor. Por supuesto que él, los últimos años de su vida, utilizaba uno de esos bastones, concretamente aquel al  que más apreciaba y que más y mejor le servía de apoyo en su vida de jubilado y ‘con muchos años ya encima’, como él decía.

           




             

jueves, 24 de octubre de 2013

Cruces de Misiones.



Al escribir hace años en este blog, en el apartado -Recuerdos del Ayer, sobre las misiones, hacía una referencia a las cruces que se conservan en muchas iglesias, como recuerdo de dichas  actividades y vivencias religiosas. En casi todos los pueblos de esta comarca a los que he visitado he visto cruces, como se puede comprobar en las imágenes que aparecen aquí.
La verdad es que muchas de estas cruces llaman la atención no sólo por su simbología sino también por la forma, más o menos artística, con pintura, relieves, etc. de aquello que se representa en ellas. Algunas merecen estar en  museos de arte sacro, etnografía, o de tradiciones religiosas. O tener un lugar destacado en la iglesia del pueblo como han hecho en algunos lugares.
Cubo de Benavente. La Cruz sobre un pilar de  la iglesia.
 La finalidad principal de estas cruces es  el recordar las misiones, actividad religiosa que se celebraba antiguamente en pueblos y ciudades de España hasta las décadas de 1960 o 1970, en un Estado oficialmente católico. Las pláticas o charlas sobre el Evangelio, la vida cristiana y las verdades eternas, corrían casi siempre a cargo de religiosos dominicos, franciscanos, paúles, y otros, de lo cual se dejaba constancia también en la cruz, además de la fecha y el lugar de celebración de dichas misiones.  
Suelen ser todas de madera. A veces los extremos de sus brazos terminan de forma distinta y como un adorno más de la misma.
Las inscripciones y adornos realizados con pinturas, relieves u objetos colocados sobre ellas, tienen que ver con la pasión y muerte de Cristo, o con las verdades eternas (Muerte, Juicio, Infierno y Gloria) y demás catequesis cristiana recibida durante las misiones.
Revisando las cruces que hemos visto, en muchas de ellas se repiten las siguientes inscripciones y símbolos:
-En la parte superior del brazo central aparece I,N.R.I., que  son las letras iniciales de Iesus Nazarenus Rex Iudeorum, (Jesús Nazareno Rey de los Judios), inscripción sobre una tabla o en el mismo palo de la Cruz, que fue colocada momentos después de la crucifixión de Cristo.

Congosta de Vidriales.
Colinas de Transmonte.



















-En algunas vemos un corazón pintado, sobre él una pequeña cruz y debajo tres clavos, alusiones evidentes a la pasión y crucifixión. Las letras J. X. R son iniciales del nombre de Jesucristo en griego. Debajo del corazón un cáliz, que recogería la sangre y agua que brotaron después de la lanzada, cuando a Cristo le abrieron el pecho con una lanza.  También en la celebración o sacrificio de la misa se mezcla el agua con el vino.
Ayoó de Vidriales. Cruz de misión.
Milles de la Polvorosa.
Villanazar.



















-A destacar también los dos palos o varas alargadas, cruzadas y apoyadas sobre el brazo central, que tienen algunas cruces. Una de ellas es o representa la lanza con la que, como he dicho, le abrieron el costado a Cristo, y del cual salió sangre y agua, según la cita evangélica: “Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y luego salió sangre y agua…(S, Juan 19, 32). La otra vara tiene en el extremo una esponja con vinagre que le acercaron  a la boca cuando Cristo dijo: “Tengo sed”. En el evangelio se dice: “Y estaba allí un vaso lleno de vinagre; entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre y rodeada a un hisopo se la llegaron  a la boca…”(S. Juan, 19, 29).

Mozar de Valverde
Fuente Encalada.
Pozuelo de Vidriales
-En el brazo central de las cruces y en algunas también en los laterales, se suelen pintar o colocar en relieve, símbolos relacionados con la pasión de Cristo y su crucifixión. Concretamente vemos una escalera, utilizada cuando lo bajaron de la Cruz, el Descendimiento, para lo cual tuvieron que utilizar martillo y sobre todo tenazas para sacar los clavos. El martillo principalmente sería para clavarlo en la Cruz, que hicieron sobre el suelo.

Uña de Quintana.
Brime de Urz.
Fuente Encalada.
Milles de la Polvorosa.




















-Hay cruces, más sencillas y con menos adornos que recuerdan solamente los  Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria, algunos hechos narrados en los evangelios u otras enseñanzas cristianas recibidas. Es llamativa la representación de un gallo, que hace referencia a San Pedro y sus negaciones. Cuando Jesús le dijo: “No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces”. (S. Juan, 14, 38).


Granucillo de Vidriales. El gallo junto a otros símbolos.
Santa Colomba de las Monjas. También vemos el gallo.

En casi todas se informa del año y días de las misiones, así como de los religiosos regulares o seculares que impartieron las charlas y demás actos. Son más los franciscanos, pero también recorrieron esta comarca dominicos, paúles, redentoristas, etc. 
Aunque la mayoría de las cruces de misiones se encuentran colocadas en los muros o paredes de las iglesias o ermitas, y en un lugar más o menos llamativo, he visto también algunas en los pórticos e incluso en el exterior. Estas, lógicamente, están más deterorioradas, por encontrarse al aire libre y sufrir las inclemencias del tiempo. Peor todavía ha sido y es la situacion de aquellas que se encuentran en los trasteros, o entre los escombros de ermitas o iglesias en ruinas o en total abandono. Y es que, en este caso, al retirar las imágenes y otros objetos de valor dejaron allí la cruz, por no considerarla de interés artístico. Pero hay que reconocer que las cruces de misiones nos proporcionan infromación y son testimonio de una actividad de tipo religioso a la que se le dió mucha importancia en el pasado, como eran las Misiones.
 

Santa Marta de Tera.
Algadefe.
San Pedro de la Viña.
Arcos de la Polvorosa.
Bretocino. Cruz en el pórtico de la iglesia.

San Miguel del Valle.
Castropepe.
Calzadilla Tera. Iglesia en ruinas de Santas Justa y Rufina.

lunes, 21 de octubre de 2013

Artesano jubilado: Benigno Ferrero, de Villaferrueña.



Benigno con varios de sus bastones en la mano.
            No solamente en Fuentes de Ropel y en Coomonte de la Vega hemos conocido a  personas, en su mayoría jubilados, que se dedican a hacer trabajos artesanos con la madera, ya sean miniaturas u otro tipo de obras, sino que también los hay en otros pueblos de esta comarca, como Villaferrueña, en donde vive Benigno Ferrero Fernández, quien, al leer los reportajes que publiqué en el desaparecido semanario La Voz de Benavente y Comarca, me manifestó su interés en dar a conocer también lo que él hacía. Es una demostración más de que, como casi todos los artistas, también los artesanos, valoran, como no podía ser de otro modo, su propio trabajo, fruto, casi siempre, de una sabiduría basada fundamentalmente en la práctica. No han asistido a clases, ni de manualidades, ni de ningún otro tipo. Por el contrario, creemos que algunos de ellos estarían capacitados para impartir dichas manualidades.
            Benigno se jubiló a los 65 años. Trabajó los primeros años, después de la escuela, en la agricultura, pero, cuando cumplió los 20, puso una carpintería en el pueblo, en la que hacía útiles, aperos y demás herramientas, necesarias para el trabajo en el campo: rastros, arrodaderos, máquinas para sembrar el lino, que entonces se cultivaba mucho por allí, etc. Por supuesto, que también hacía sillas, mesas, puertas y ventanas para las casas del pueblo y los pueblos próximos. Pero los encargos disminuían y también el trabajo en dicho oficio, por lo que, a los 40 años, dejó la carpintería y se dedicó de nuevo, y principalmente, al campo. Pero no se le olvidó ni el manejo de las herramientas de su taller, ni los conocimientos adquiridos en su trabajo con la madera.
            Pocos años después abrió en el pueblo una tienda de ultramarinos, con bar incluido, que atendían su mujer y él. Y así estuvo hasta que se jubiló. La muerte de su mujer le hizo dejar todos sus trabajos y se dedicó solamente a pasear y atender a su huerta.
-Tan sólo desde hace cinco o seis  años me he puesto a trabajar de nuevo en la madera y hacer esto que Usted ve, con la finalidad de estar entretenido, en actividad y lejos de toda otra preocupación. Y lo hago por mi cuenta, como a mi me parece. Bueno, con la ayuda  de esta colección de gubias, de todos los tamaños, que tengo aquí.
            Efectivamente, me enseña un estuche o maletín con ellas y con los dibujos que hace, previamente, antes de comenzar a tallar o grabar en la madera. Porque, Benigno, primero hace el dibujo y después realiza, en la práctica, el modelo que ha dibujado. Y lo hace lo más exactamente posible. Afirma que lo de tallar no lo había hecho nunca.
            Me llama la atención la madera que utiliza, sobre todo para los grabados, pues se trata de tablas de aglomerado. Él mismo también está sorprendido de ello, hasta el punto de que me dice:
 -Habrá pocos que hagan esto sobre este tipo de madera, al menos yo no conozco a ninguno. Y sí que me gustaría para poder así hacer una comparación.
 Compra las tablas en Benavente. También utiliza otras maderas más duras y consistentes en las que se trabaja mejor la talla. 

Maletín y arcas con grabados.
            Para su trabajo necesita pocas herramientas. Se sirve de serrucho, escoplos, formones, martillo y fundamentalmente gubias que tiene colocadas en el maletín de madera, decorado también por él, y al que nos hemos referido con anterioridad. En él guarda los lapiceros y el papel en el que hace los dibujos.
            Y ¿qué es lo que ha hecho y hace Benigno? Nos basta visitar su casa, en la que vive sólo, aunque los fines de semana le visite su hija. Los muebles son de su época de carpintero, pero la talla que se ve en algunos corresponde a sus años de jubilado. Armarios y puertas de madera están grabados o tallados. Igualmente el zócalo del pasillo de entrada a la casa. Los dibujos conseguidos son un tanto originales, predominando los geométricos, vegetales y animales.
            Tiene varias arcas, una de ellas antigua, en la que ha realizado una labor de talla. Me dice que comenzó con este tipo de arcas viejas y después ya hizo otras nuevas por su cuenta.
            -Fíjese en ese reloj, es para mí una de las piezas mejores. Además me llevó bastante tiempo el hacerlo. Pero creo que me ha quedado bien. 
Arca antigua con grabados hechos po él.
Reloj que para él es una de las mejores piezas.
          Naturalmente que sí, le contesto, está muy bien y además marca perfectamente las horas, aunque no le indique las empleadas en la confección del mismo. Lo tiene en el pasillo para que todos, al entrar, lo vean y sepan la hora que es y les recuerde cómo pasa el tiempo. Benigno le da cuerda todos los días desde que lo hizo y le instaló la maquinaria. El reloj es señal de vida y movimiento. De momento funciona con normalidad y ojalá que sea por muchos años.
            Los bastones, que hace también Benigno, son distintos a los de otros jubilados. Señal evidente de que en esto, como en todo, hay originalidad. Ha decorado la vara de los mismos, la de unos con relieves de figuras humanas, animales y vegetales y la de otros con figuras geométricas e incisiones, no a punta de navaja como otros bastoneros, sino con una gubia muy pequeña que tiene en su maletín.
            El interés mostrado por Benigno en dar a conocer su trabajo artesano, a través del semanario citado, se hizo realidad. Le deseamos que prosiga en su tarea durante muchos años.
           
             
           
           
           

viernes, 18 de octubre de 2013

Artesano jubilado: Antonio Casado, de Coomonte de la Vega.


Antonio Casado y sus bastones.
En Coomonte, lo mismo que en algunos otros pueblos de Los Valles de Benavente, hay varios jubilados que dedican gran parte de su tiempo de ocio a trabajar con la madera o el hierro y hacer piezas, de forma artesanal. Hace ya varios años que los visité y publiqué un reportaje sobre ellos en el desaparecido semanario la Voz de Benavente y Comarca. Después han ido apareciendo en este blog, para recordarlos de nuevo  y para que dando  a conocer su obra, se les valore en su justa medida.  Hacen los distintos objetos con agrado, como saben, y casi siempre según los  conocimientos que su experiencia vital les ha proporcionado.
Uno de ellos es Antonio, al que llaman, el zapatero, pues, junto con el de agricultor, desempeñó este oficio, en el pueblo, hasta los 37 años. Después, como tantos otros hombres y mujeres de estas tierras, tuvo que emigrar a Europa, en donde pasó 15 años. Al regresar de nuevo siguió trabajando en la agricultura hasta que se jubiló. Tiene ahora ya más de 75 años.
En la actualidad, a Antonio, había que llamarle el bastonero, el de los bastones, pues sólo se dedica a esto.
-Tengo más de 200. Los hago de varas naturales. Para mí es como tener la naturaleza en casa. Cojo las ramas de varias clases de árboles: espino, manzano, caña, etc., procurando que sean  apropiadas para ello. Las arreglo, limpio, aliso, y después las pinto.
Gran parte de los puños de sus bastones son un añadido, hecho por él, a la vara, pero tiene muchos que también son naturales y que semejan la cabeza de algún animal del campo. En este caso, antes de cortar la rama o el palo, ha procurado elegir aquel con el que pueda preparar el puño con los rasgos del animal. Tiene que conseguir que la rama se lo permita.

Bastones variados y con puños y varas muy originales.
Cuando Antonio va al campo no regresa de vacío. Lo sabe bien su mujer que dice que tiene varas o palos por toda la casa, pero esos palos o varas se convertirán en bastones, gracias a la afición, dedicación y al trabajo manual de su marido. Nos enseña algunas que todavía no ha convertido en bastones y nos explica cómo lo hace.
Antonio es feliz con sus bastones, que, aunque los venda o los regale, siempre serán el testimonio de un trabajo artesano que le ha servido y le sigue sirviendo de entretenimiento en sus años de jubilado.


  



lunes, 14 de octubre de 2013

Valles de Benavente: Paisajes.


           
   En esto de los paisajes no nos podemos quejar, pues es esta una comarca privilegiada y también uno de los mayores atractivos de la misma ciudad de Benavente, cabecera de dicha comarca.
   Los paisajes, como patrimonio natural que son, deben y tienen que ser, como no, admirados, protegidos y defendidos, por todos aquellos que sean amigos del Patrimonio. Y es que los Valles de Benavente abundan en paisajes naturales por tener el privilegio, desde tiempo inmemorial, de disfrutar y poder servirse de abundantes ríos, riachuelos, arroyos y regatos, vegas y valles, montes, dehesas y sierras, y de una exuberante vegetación en su entorno, con chopos, encinas, robles, pinos, jaras, etc.
   La contemplación de los paisajes se puede hacer desde muchos lugares, pero con preferencia es mucho mejor desde lugares elevados. Elegimos esto último y les sugiero que me acompañen en este recorrido por algunos zonas o parajes de la comarca. Estoy seguro de que merecerá la pena.
   Desde lo alto del castro “La Corona”, muy cerca de Manganeses de la Polvorosa, podremos contemplar una parte del valle del río Órbigo y su confluencia con el río Éria. Mirando hacia el mediodía, al fondo divisaremos la ciudad de Benavente y sus alrededores.

Vega del río Órbigo desde el castro La Corona.
   Si subimos al castro “Las Labradas” de Arrabalde, disfrutaremos de una bella panorámica de los valles del Eria, de su vegetación y de los numerosos pueblos que están enclavados al lado del río.

Arrabalde y la vega desde el castro Las Labradas.
Imagen más antigua del pueblo de Arrabalde.
   Cambiando de valle, nos situamos ahora en el Castro de San Pedro de la Viña, en pleno corazón del valle de Vidriales. Esta es la zona más extensa del valle. Por esto precisamente los romanos eligieron este lugar para instalar el campamento Petavonium, hoy excavado y con sus torres y puertas reconstruidas, que sorprenden desde lejos a quienes las contemplan. Por aquí cerca pasaba también la calzada romana que desde Asturica (Astorga) llegaba hasta Bracara Augusta (Braga). Desde la cima del castro vemos cómo el arroyo “La Almucera”, con pequeño caudal, pero muy servicial, pasa junto a todos los pueblos del valle. 

Castro de San Pedro de la Viña.
   Desde hace unos años, no muchos, estamos observando que la vista o paisajes que nos ofrecían los montes y las sierras, precisamente en lo más elevado de ellas, están alterados, por no decir dañados, por causa de la instalación de los aerogeneradores, que, según dicen, sirven para generar más riqueza y progreso. Aunque sea para esto y sea necesario, hay que reconocer el daño al patrimonio natural, que nos ha sido dado en su estado primigenio, también para el aprovechamiento de sus recursos, además de para el disfrute y la contemplación. 

Aerogeneradores por la sierra de Carpurias.
   Cojamos ahora la carretera que conduce a Mozar de Valverde y después de pasar Santa Cristina de la Polvorosa y varios montes de encinas y robles, desde lo alto se nos presenta una vista panorámica  del Valle del Tera, ya cerca de su final. Nadie dudará de su belleza y atractivo. Podemos ver como desemboca en el río el pequeño arroyo “La Almucera”, sin tantos árboles y vegetación, pero sí importante para conducir las aguas del Valle de Vidriales al río Tera.

Mozar y el valle del río Tera.
   Para el valle de Valverde he elegido subir al lugar en el que se encuentra enclavada la ermita de “El Carmen” de Navianos de Valverde, aunque se podía seguir la carretera hasta llegar cerca de Litos y contemplar mejor casi todo el valle. Hay novedad y variedad en lo que vemos, pero en la misma línea de los demás valles.
Navianos y el valle de Valverde.
   No podemos olvidarnos, en este pequeño recorrido, del río y valle del Esla. Y lo vamos a hacer en el pueblo de Castrogonzalo, desde el lugar al que los gundisalvenses (derivo este nombre de Gundisalvo Iben Muza, su dirigente y repoblador, allá por el siglo X),  llaman ‘El Gurugú’, antiguo castro y la parte más elevada del pueblo, aunque podía hacerse desde cualquier otro lugar o de sus alrededores, siempre mirando hacia el Norte. Este valle del Esla es uno de los más poblados de chopos, aparte de otras plantaciones de regadío. Desde aquí podrán contemplar, no muy lejos, la ciudad de Benavente, con sus edificaciones y  sus carreteras, que por esto destaca y siempre tuvo y tiene, para los que pasan por ellas, aire de gran ciudad. Todos estamos de acuerdo en las posibilidades de conseguirlo, pero necesita más atención e inversiones por parte de la administración provincial, regional e incluso nacional, pues pocas ciudades del entorno gozan de situación tan privilegiada.
   Precisamente he dejado, a propósito, para el final,  la ciudad de Benavente, que, ubicada en un lugar elevado por su origen castreño, con castillo de gran importancia y otras fortificaciones, siempre fue importante y atractiva por los paisajes que desde ella se pueden contemplar. Y es que, en su entorno, no lejos de ella,  se encuentran varios ríos, con sus correspondientes vegas y  valles, como el Esla, y el Órbigo, con la ría o Caño de los Molinos y, un poco más alejado, el río Tera.
   Desde muchos lugares o calles de la ciudad se pueden contemplar bellos paisajes, pero siempre fue la Mota el lugar elegido para ello por vecinos y forasteros. Y es que, en verdad, desde aquí mirando hacia el Norte y Noroeste se puede ver la amplia vega del río Orbigo, sus huertas y arboleda. Al fondo se divisa parte de los Montes de León, destacando el Teleno, el Mons Tilenus de los romanos, por ser el más elevado y con  nieves durante gran parte del año. También desde la Mota y en la parte Sur vemos la vega del Esla algo menos natural, a causa de los edificios construidos, que hay en ella, gran parte de ellos relacionados con la industria y el transporte. Incluso, mirando hacia el Sureste, tampoco podemos ver casi nada, en una gran parte, porque edificios construidos en la calle de los Carros, con más elevación de la debida, nos lo impiden.
Al fondo el valle del Orbigo desde la Mota en Benavente.
Choperas ocultan las riberas del Orbigo y Caño de los Molinos en Benavente.
   Respecto a esto, quiero recordar aquí otra calle de esta ciudad por la que he pasado y sigo pasando con frecuencia, que hubiera sido merecedora de una mayor atención y  conservación, tal como estaba, para que al pasar o pasear por ella se pudiera seguir contemplando el amplio paisaje que ofrece la vega del Esla. Se trata de la calle denominada El Pinar, que enlaza la Avenida Plaza de Toros con la de Maragatos y que termina en el lugar en que se encuentra la guardería infantil La Veguilla. Ahora ya no es posible contemplar la vega del Esla ni los pueblos y cultivos que la engalanan, ni los montes de encinas de las dehesas de Morales y de Rubiales, que se divisan al fondo. Habrá que desplazarse a otro lugar para ello, pues aquí nos lo impiden los altos edificios construidos en la carretera de la Coruña e incluso en la misma calle. La imaginación nos hace pensar en lo que hubiese sido ese paseo por esta calle, tanto de niños, saliendo de la guardería o del colegio, como de mayores, pudiendo contemplar esa vega a la que nos estamos refiriendo. Pero esto ya no será posible.

Construcción edificios en la calle Pinar hace ya varios años.
Los edificios dificultan la contemplación de la vega del Esla, desde la calle.
   Benavente siempre fue y debe seguir siendo una ciudad atractiva también por los paisajes, que desde ella se pueden contemplar y nada debiera impedirlo, ni la construcción de edificios, demasiado elevados, ni la construcción o destrucción de cualquier otro elemento que atente contra el paisaje. Ciudades con las mismas características y situación que Benavente, protegen más este tipo de parajes, calles o plazas en las que se vean afectados los paisajes, porque  saben que esto también genera riqueza, la riqueza que traen las gentes, el turismo que visita esas ciudades.