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martes, 25 de agosto de 2015

Artesanías: Nicasio Canito, cuchillero en Fuente Encalada.


Nicasio nos enseña su casa y algunos de los trabajos que ha realizado.

El pasado día 19 de agosto nos acercamos, un vez más, a Fuente Encalada. En esta ocasión fue para ver  a Nicasio Canito y conocer su afición artesana, la cuchillería, el hacer con sus propias manos y con los materiales adecuados, cuchillos, machetes y navajas variadas en formas, tamaños y decoración.
La verdad es que, a pesar de haber visto y visitado a muchos artesanos, jubilados o no jubilados, con anterioridad,  en esta comarca de los Valles de Benavente, y publicado varios libros sobre ellos y sus trabajos, siempre se sorprende uno con nuevas cosas, o ante algo nuevo, como ha sido en este caso la cuchillería y demás aficiones de Nicasio.
Nicasio no está jubilado, le quedan tan sólo tres años: “tengo ganas ya de jubilarme, me dice,  para dedicarme aún más tiempo  a esto, que es  lo que me gusta hacer y lo que más me distrae y entretiene. Bueno, esto, e ir al monte y al campo, siempre que puedo, sea a cazar o a pasear”.
Nació en Santiago de Alcántara, un bonito pueblo de la provincia de Cáceres, también con montes y sierras, y además no lejos de restos arqueológicos y del pasado, de gran importancia, lo mismo que ocurre en Fuente Encalada, pueblo del Valle de Vidriales, en la comarca de Benavente, el valle del arroyo Almucera. Su mujer es natural de Fuente Encalada, en donde tienen una vivienda y a donde acude siempre que puede, sólo, o acompañado por su familia, Y cuando viene dedica un tiempo también a los cuchillos, su afición desde hace ya 15 años. Por cierto que desconocida para muchos del pueblo y de otros lugares, hasta hace poco tiempo. Y, como ocurre a muchos artesanos, la afición y la práctica, se van convirtiendo, con el tiempo, en una mayor dedicación. Y aumenta la sabiduría y el conocimiento de lo que hacen y con ello sus trabajos artesanos son cada vez mejores y más admirados.
En Nicasio se da la circunstancia de que es cazador y, como casi todos los cazadores, es amante de la naturaleza, montes, sierras y llanuras, y también del medio-ambiente y los animales. Ello se refleja en los diversos objetos que adorna algunos espacios de su vivienda, como las cornamentas de ciervo y los cuadros, a lápiz o plumilla, con temas de animales, hechos por él. Pero también se ve en la decoración de las hojas de sus cuchillos y navajas, algunas con escenas de caza y animales del monte, o aves diversas, como luego veremos.
Una de las cornamentas que él prepara y coloca en las paredes de su casa.
Tiene varios cuadros con dibujo a lápiz decorando su casa.
... De ciervos.
...Pero también de algunos otros animales.
También cuadtos con cuchillos y colmillos
Y hasta un taburete con las patas de ciervos.

Le pregunto cómo consigue las cornamentas de ciervo y me dice que gran parte se las envían desde Cáceres de su pueblo y cercanías. Otras son de los montes de esta comarca y provincia. Muchos ciervos mueren en el campo y al verlos se coge el cráneo y la cornamenta que él después limpia y prepara debidamente.
Nos cuenta con detalle cómo realiza su trabajo. Con chapas de acero, que le proporcionan en la acería donde él trabaja como encargado de grúa, va preparando las hojas de los cuchillos, según el tamaño que quiera. Les corta, suaviza y afila con instrumentos de los que dispone en su pequeño taller. 

Chapa de acero con la que prepara las hojas de los cuchillos.
Cuchillos ya preparados, a falta del mango.
Con este instrumento afila y prepara el corte de los cuchillos.
Por otra parte tiene por allí trozos de madera de distinta clase: encina, nogal, castaño, etc., para los mangos de los cuchillos. Y también cuernos de diverso tamaño y grosor que usará también para dichos mangos.
Madera ya dispuesta para preparar los mangos.
Caja con diversos objetos que utiliza para los mangos.
Caja con cuernos de ciervo también para los mangos.

Dos cuchillos ya hechos con  mangos de cuerno de ciervos.
Algunas de las herramientas que utiliza Nicasio.
Me cuenta lo siguiente: “Tanto los mangos, como las hojas con corte de las cuchillos y navajas, los preparo aquí en Fuente Encalada, pues dispongo de las herramientas adecuadas. Yo vengo al pueblo con frecuencia, no solamente en vacaciones. Soy una de esas personas, a las que les gusta el monte y  pasar y pasear por el campo en cualquier época del año. Aprovecho cualquier oportunidad para venir, sólo o acompañado de la familia. Y lo demás, dibujos en las hojas, pintar cuadros y otro tipo de detalles, que exigen más atención y cuidado lo hago allí en Portugalete en donde vivo y trabajo. Allí dispongo también de los líquidos que son necesarios para la grabación de los dibujos. En los dos sitios paso muy buenos momentos con esta afición con la que un día comencé y que ahora me sería imposible dejar o abandonar”. 
Cuadro en sus casa con varios cuchillos de distinto tipo.
Cuchillo metido en una funda de piel, que también hace Nicasio.
Por lo que veo uno de los trabajos más delicados, aparte de los mangos de cuerno de ciervo, es decorar las hojas con los grabados que se le ocurren o que ha visto en alguna revista, casi siempre escenas de caza, o simplemente animales diversos: jabalíes, gamos, perros, aves, etc. Tras dibujarlo en papel lo pasa a la hoja del cuchillo con plumilla y luego echa el ácido nítrico con agua, consiguiendo así los grabados……
José L. Zanfaño mira y admira el grabado de la hoja de un cuchillo.


Escenas con jabalíes.
Un ciervo.
Ciervos en época de berrea.
Ave en el campo.
Caza de un jabalí.
Algunos cuchillos están enmarcados mostrando su grabado.
Grabado con varias perdices, algunas volando.
La práctica ha sido para él un aprendizaje. Y cada día le apetece probar y hacer cosas nuevas. Pero, detrás de todo, está su afición, que hace 15 años comenzó y que ya no podrá abandonar. Lo cierto es que se lo pasa bien y consigue que muchas personas que ven sus cuchillos admiren su trabajo artesano y le feliciten por ello.







viernes, 18 de octubre de 2013

Artesano jubilado: Antonio Casado, de Coomonte de la Vega.


Antonio Casado y sus bastones.
En Coomonte, lo mismo que en algunos otros pueblos de Los Valles de Benavente, hay varios jubilados que dedican gran parte de su tiempo de ocio a trabajar con la madera o el hierro y hacer piezas, de forma artesanal. Hace ya varios años que los visité y publiqué un reportaje sobre ellos en el desaparecido semanario la Voz de Benavente y Comarca. Después han ido apareciendo en este blog, para recordarlos de nuevo  y para que dando  a conocer su obra, se les valore en su justa medida.  Hacen los distintos objetos con agrado, como saben, y casi siempre según los  conocimientos que su experiencia vital les ha proporcionado.
Uno de ellos es Antonio, al que llaman, el zapatero, pues, junto con el de agricultor, desempeñó este oficio, en el pueblo, hasta los 37 años. Después, como tantos otros hombres y mujeres de estas tierras, tuvo que emigrar a Europa, en donde pasó 15 años. Al regresar de nuevo siguió trabajando en la agricultura hasta que se jubiló. Tiene ahora ya más de 75 años.
En la actualidad, a Antonio, había que llamarle el bastonero, el de los bastones, pues sólo se dedica a esto.
-Tengo más de 200. Los hago de varas naturales. Para mí es como tener la naturaleza en casa. Cojo las ramas de varias clases de árboles: espino, manzano, caña, etc., procurando que sean  apropiadas para ello. Las arreglo, limpio, aliso, y después las pinto.
Gran parte de los puños de sus bastones son un añadido, hecho por él, a la vara, pero tiene muchos que también son naturales y que semejan la cabeza de algún animal del campo. En este caso, antes de cortar la rama o el palo, ha procurado elegir aquel con el que pueda preparar el puño con los rasgos del animal. Tiene que conseguir que la rama se lo permita.

Bastones variados y con puños y varas muy originales.
Cuando Antonio va al campo no regresa de vacío. Lo sabe bien su mujer que dice que tiene varas o palos por toda la casa, pero esos palos o varas se convertirán en bastones, gracias a la afición, dedicación y al trabajo manual de su marido. Nos enseña algunas que todavía no ha convertido en bastones y nos explica cómo lo hace.
Antonio es feliz con sus bastones, que, aunque los venda o los regale, siempre serán el testimonio de un trabajo artesano que le ha servido y le sigue sirviendo de entretenimiento en sus años de jubilado.


  



viernes, 12 de abril de 2013

Artesano jubilado: José Rodríguez, de Santovenia del Esla.



“Mi marido hizo solamente bastones”. Esto es lo que me dijo Aurora Domínguez cuando la visité en su casa de Santovenia del Esla. Y añadió lo siguiente:
“Se llamaba José Rodríguez de León y falleció cuando tenía 70 años, hace ya siete. Aunque no había cumplido los 65, edad legal para ello, estaba ya jubilado, pues la enfermedad que padecía no le permitía seguir con una actividad laboral normal. Y tal vez fuese ésta el motivo por el que empezó a entretenerse y pasar muchas horas haciéndolos. Era para él un buena distracción y hasta le servía como terapia”.
He visto sus bastones y  me han llamado la atención sobre todo los puños, en los que se representan figuras de perros y caballos principalmente. Están hechos con  perfección, finura y elegancia, y nos muestran que la práctica fue para José un aprendizaje. Merece la pena que, aunque fallecido, aparezca en estas páginas entre los demás artesanos jubilados de esta comarca por su buen hacer y la paciencia que tuvo que tener, no sólo para sobrellevar su enfermedad, sino también para tallar con tanto detalle ojos, crines y demás partes de las cabezas de perros y caballos.

Una parte de su colección de bastones.

Aunque hay otros animales, la mayor parte tienen el puño con cabeza de caballo.

Y ¿por qué casi solamente bastones y casi todos con puño de perros y caballos?
“Es que, aunque su trabajo principal fue en la agricultura, me dice Aurora, mi marido tuvo dos aficiones, o si se quiere ‘hobbys’, los caballos y la caza. Amaba a los caballos. De hecho tenía dos, a los que atendía y cuidaba con esmero. Conocía muy bien a los suyos y le gustaba saber más sobre los demás a través de libros y revistas. Siempre hubo en casa algún cuadro con este animal. Y en relación con la caza lo mismo, aunque él cazaba sobre todo con galgos, de ahí que también los representara en algún puño de bastón. Pero también le gustaban los demás perros”.

José amaba a los caballos. Tenía libros, revistas y también algunos cuadros.
Cuando comenzó con los bastones, por entretenimiento y distracción, como he dicho, algunos familiares y amigos le traían maderas y palos para su trabajo y otras las compraba él. Utilizaba maderas de encina, sabina, nogal y otros árboles de la zona.
Aurora sigue recordando a su marido cuando me dice:
“Todos los días, hasta que falleció, dedicaba algunas horas a ello y siempre trabajaba sentado, excepto cuando tenía que cortar y preparar los palos y madera, que lo hacía en una mesa con tornillo. Primero cortaba los palos, y luego se sentaba a trabajar en sus bastones”.
Respecto a las herramientas, utilizaba, como es natural, serrucho, hacha, azuela, etc., necesarias para cortar las piezas, pero, sobre todo, unas gubias que su mujer le regaló. Con ellas y poco más se arreglaba. Trabajaba mucho, según me cuenta, con un destornillador muy afilado. Con él tallaba los ojos, las orejas, el pelo de los perros y las  crines de los caballos. Basta con verlos para darse uno cuenta de su perfección. También se servía mucho una navaja, no muy grande que siempre tenía a mano. 

Con estas herramientas trabajaba en su afición artesanal.
José ni era de familia de carpinteros ni apenas tenía trato con ninguno, por lo que nada sabía de dicho oficio, pero cuando se vio así, se dio cuenta de que necesitaba alguna distracción que le ayudase a relajarse y pensar en cosas distintas. Entonces le dio por hacer en un palo una especie de cabeza de caballo, que todavía conserva, y siguió adelante hasta conseguir todos estos bastones. Parece ser que acertó con esta actividad, pues pasó buenos momentos, enfrascado en ello, con los caballos y perros en sus manos, y manejando las pequeñas herramientas y maderas que tenía cerca.

Comenzó haciendo en un palo una cabeza de caballo...
Y así fueron realizados casi todos  los puños para sus bastones.
Pero, si los puños llaman la atención por la perfección con que están trabajados, también las varas, algunas de las cuales talló y decoró con adornos diversos: incisiones, dibujos, etc.


También decoraba las varas de casi todos los bastones.
Hizo más de 100 bastones, según Aurora, que vio también cómo, a medida que pasaba el tiempo, los hacía más bonitos o perfectos. José actuaba como todos los artistas o artesanos, con la práctica les llega el perfeccionamiento. De ellos su mujer conserva varios. Pero la mayor parte se los regalaba a familiares y amigos de Bretó y de Santovenia. También obsequió con un bastón a algunos  médicos y enfermeras del hospital de Zamora que le atendieron durante los últimos años de su enfermedad. Seguro que todos, cuando lo vean, se acordarán de él, como si de un libro se tratase. Y es que las obras sirven para recordar a sus autores. En ellas está reflejado su trabajo y su sabiduría y casi siempre los buenos o malos momentos  de su vida.
Era natural de Villarrín de Campos, vivió también ocho años en Bretó y luego ya en Santovenia. En este pueblo, en la misma calle y no lejos de a Casa Rural sigue viviendo Aurora gran parte del año, pues pasa casi todo el invierno con su hija y sus dos nietas que residen fuera del pueblo.
He querido dejar patente el valor artístico reflejado por José en estos pequeños objetos, los bastones, cuya confección le ocupó muchas horas de su vida, y que le sirvió para, si no quitar, sí aminorar en alguna medida, la inquietud o preocupación que genera el estar sometido a una enfermedad irreversible.


                                                                            


sábado, 30 de junio de 2012

Taller de forja Hermanos González Marrón, en Benavente.



Naves del Polígono Industrial I de Benavente, en las que se encuentra el taller de forja y cerrajería.

En unas naves del Polígono Industrial I, de Benavente, concretamente en la calle Matilla de Arzón, siguen trabajando el hierro los hermanos Félix y Fernando González Marrón. Antes lo hicieron de Mózar, no lejos del puente y cerca de la carretera. Al pasar por este lugar veíamos algunas piezas, entre ellas un toro con maroma, que ahora han colocado en la fachada del nuevo edificio.
Conocen y han vivido el oficio de la forja y cerrajería desde muy pequeños, pues su padre, y también su abuelo, fueron herreros en Navianos de Valverde. Fernando, el mayor, con 62 años, cuatro más que su hermano Félix, me dice lo siguiente: “Mi padre era ya un verdadero artista, autodidacta. Recuerdo que con mucha imaginación, originalidad y trabajo, hizo una cerradura con siete llaves, que llamaba la atención. Y otras muchas cosas”.
No nos extraña, pues, que aunque sólo cursasen estudios primarios en Navianos, como casi todos los niños de la época, su formación práctica fuese casi universitaria con maestros herreros tales como su padre y su abuelo, a los que recuerdan con cariño y de los que conservan, entre otras cosas, algunas de las máquinas o instrumentos de su antigua herrería: yunque, macho pilón, taladradora manual, etc., algunas mesas y bancos con tornillo para trabajar, etc. Con todo ello, y el fuelle que traerán en breve, piensan reconstruir la antigua herrería, que les servirá, a ellos de recuerdo,  y para la contemplación y admiración de las personas que les  visiten.
Fernando me cuenta algo más sobre su vida y sus trabajos en el oficio. Después de la herrería familiar empezó con Lucas Pozo en una cerrajería. Luego pasó 10 años en Madrid y que trabajó también con el artista José Luis Alonso Coomonte. Le hacían los trabajos de forja y esculturas que él diseñaba.
Aunque tuvieron muchos años el taller en Mozar, ellos y su familia vivieron casi  siempre en Benavente.  Ahora ya tienen las nuevas instalaciones: Una nave para trabajar en la que están los útiles e instrumentos necesarios para ello: cortadora de chapas, taladro, moldeadora, etc. Y al lado otra nave como almacén, en la que veo gran cantidad de piezas y objetos diversos ya terminados: mesas, mesitas, sillas, camas, muchas y variadas lámparas, escudos de Castilla y León y otros, objetos para uso doméstico, etc.  Y todo ello realizado lo más artesanalmente posible, tanto en sus formas, como en los adornos y decoración que tiene cada una de las piezas. “Nosotros no copiamos nada, me dice Fernando, lo hacemos según nuestra idea. Pero si alguien nos trae una foto, o dibujo se lo hacemos como él quiera, pero a mano, no con máquina. A veces montamos y desmontamos las cosas varias veces hasta conseguir lo que queremos”.

Una de las naves está dedicada a almacén con muchas piezas ya terminadas, aunque no ordenadas, para exposición y venta.
Varios escudos de Castilla y León.
Algunas de las muchas lámparas.
Fernando comentando los detalles de uno de los objetos.
Tumba con los nombres de sus padres, ya fallecidos, y que tienen preparada para llevar al cementerio.
Relieves con motivos diversos.
Otras lámparas distintas.
Una cama y dos mesitas.
Silla
Paletas y tenazas para las cocinas de leña.
Marco para un espejo.




Son muchas los trabajos que han hecho por toda la comarca, para particulares y para algún Ayuntamiento. Para la dehesa de Rubiales y la de Valmaseda nos encargaron varias cosas.  Y luego en Benavente tenemos las rejas del Mercado de Abastos, una puerta en la plaza de las Gallinas, un balcón en la calle Las Eras y algunas otras.
Han participado, y siguen participando, aunque en menor medida, en exposiciones de artesanos sobre todo en las que se celebran en las provincias de León Zamora, Salamanca y Valladolid. Y en muchos pueblos de menor población: El Puente y Puebla de Sanabria, Alcañices, Villalpando.  Son muchos los que nos piden participar en las  ferias y mercados de esta y otras comarcas. Forman parte  de la Asociación Nazaret de Torno y Talla, recientemente creada, y que tiene su sede en Santa Cristina de la Polvorosa. Con ellos ya han participado en alguna exposición o ferias, de las que organizan, como la de Pobladura, celebrada el mes pasado. 
Cuadro con el Master de Popularidad y otros recuerdos.
                         
Desde hace ya muchos años también pertenecen a la Asociación de Artesanos de Castilla y León. Han estado ya presentes en la Feria de Muestras de Valladolid y en otros eventos.  Y en el año 1993 fueron reconocidos y valorados con el “Master de Popularidad por sus trabajos en forja y cerrajería artística”.
“Son muchos años ya trabajando en esto, dice Fernando. De ello hemos vivido hasta ahora y pensamos seguir, hasta la jubilación. Después, no sometidos ya al mercado, haremos tal vez cosas distintas, a nuestro gusto y con más detalles, para satisfacción propia y de nuestros familiares y amigos”.   




sábado, 9 de junio de 2012

Julio Vecino, artista y artesano en Fuentes de Ropel.



Julio Vecino trabajando en el taller de su casa, en Fuentes de Ropel.
                                   
            Hoy voy a escribir sobre un artista, porque esto fue el escultor Julio Vecino, recientemente fallecido. Testimonio de ello es la importante obra que ha dejado, no solamente por el número de piezas, más de 1500, sino también por la perfección y belleza de las mismas,  por su valor artístico.
            Y es curioso que haya realizado casi toda su obra, tranquila y calladamente, en Fuentes de Ropel, en donde ha vivido más de 40 años, aunque naciese en el cercano pueblo de Castrogonzado, en el año 1919.
            Fuentes de Ropel, perteneciente a la comarca de Los Valles de Benavente, al Norte de la provincia de Zamora, y muy cerca de los ríos Esla y Cea, ha tenido y tiene la suerte de contar con vecinos dedicados a diversos oficios tradicionales y artesanos y también con algunos que, como Julio, se adentró de lleno en el mundo del arte, dedicándose  a la escultura.
            Julio, después de la guerra civil, en la que participó con tan sólo 18 años y en la que resultó herido y tuvieron que amputarle una pierna, residió varios años en Madrid, trabajando como encargado de una portería. En el edificio que atendía vivía un escultor, Eduardo Carretero, al que vio tallar la madera y con quien aprendió la técnica y se aficionó a ello. Quería solamente aprender, pero se convirtió pronto en un verdadero maestro. No obstante, ya desde niño tuvo cierta afición por la madera, pues era hijo del Sr. Patricio, el carretero, oficio que también han ejercido algunos otros de su familia. 
            Hacia el año 1960 regresó a su tierra, estableciéndose ya definitivamente en Fuentes de Ropel, hasta su fallecimiento, en Abril del año 2006. Es aquí en donde se ha forjado el artista, entre sus paisanos, algunos de ellos artesanos, y rodeado de familiares y amigos. Sabía de sobra que ser escultor en Fuentes no es lo mismo que serlo en Valladolid, en Madrid o en ciudades parecidas. Pero lo asumió, creyendo que este hecho no iba a condenarle al desconocimiento y a tener almacenada toda su obra. Pero ahí están sus tallas, su obra escultórica, marcada por líneas, o formas y volúmenes sencillos y equilibrados. Todas ellas llenas de ingenio y sabiduría, ya se trate de un talla realista o abstracta. Entre ellas, hay gran variedad: muchos bustos, algunos autorretratos, escenas de toros y toreros, de tema egipcio y africano, bailarines, escenas familiares y parejas de enamorados, imágenes religiosas, abundantes tallas figurativas y no figurativas, etc. Y otra obra, si queremos menor, con parte de la cual decoró su casa: marcos de cuadros pintados por él, bajorrelieves, ceniceros, etc.

Busto del autor y otras esculturas.
Formas.

La foca
Grupo de pequeñas esculturas.
Una parte de su colección de retratos.
Algunas ímágenes religiosas y otras figuras.
Belleza en la forma.


            Julio que decidió vivir en el pueblo no fue un desconocido en él, ni en Castrogonzalo, su lugar de nacimiento. Pero tampoco fue en otros pueblos a los que ha llegado su obra, gracias al esfuerzo de algunas personas que siguen creyendo en la cultura como parte integrante de la educación y del progreso de los ciudadanos. Algunas de sus obras se expusieron en Parla (Madrid), Zamora, Benavente y Valdescorriel, y en Valderas, Valdefuentes del Páramo y Toreno, pueblos estos últimos pertenecientes a la provincia de León. Pero ha llegado el momento de que se siga divulgando y conociendo por otras partes de esta provincia y de toda la región castellano leonesa, e incluso fuera de ella. Sólo conociéndola se valorará debidamente.
            Trabajó con maderas duras como son la de nogal y la de encina. Esta última, bien pulida, adquiere una textura y belleza difícilmente comparable. También se servía de otras como la del cerezo.
            El mayor y mejor apoyo para él fue siempre su mujer, Cándida. Nunca mejor dicho lo de que ella "fue su pie y su mano derecha". Lo conocía perfectamente, como no podía ser menos, pero lo curioso es que también conocía su obra, casi todas las piezas que iba realizando, alguna hasta por el título o nombre, que ahora no figura en ellas. Y además era la que mejor las cuidaba, si cabe lo mismo que a él. Y hasta se preocupaba del futuro de las mismas.
 Todo esto me lo cuenta Angelines, también de la familia, que es la que me enseña el desván de la casa, convertido en el almacén de sus esculturas. Angelines se siente orgullosa de su madre y de él, y ve con buenos ojos que se informe a los demás de su trabajo de más de 40 años, para que sepan apreciarlo y valorarlo.
            Me comenta también la afición de Julio por la pintura. Dejó acabados unos 50 cuadros que reflejan, unos a personajes famosos o paisajes, y otros, pintados dentro de una línea más cubista o abstracta. Pero lo que más hizo fue tallar la madera. Compraba troncos en abundancia y de vez en cuando cogía uno, lo miraba, y, nunca mejor dicho, se metía con él, hasta darlo vida, la que ahora nos muestra cada una de sus obras. Lógicamente se servía de herramientas y de sus manos, pero siempre guiadas o dirigidas por su saber, como todos los artistas.

Colores entre líneas.
Autorretrato.
Mujer en paisaje.
Algunas otras de sus pinturas.

            Las herramientas que utilizaba están ya recogidas en cajas: gubias, limas, formones, barrenos, martillos, lijas, azuela, máquina de afilar, gatos para sujetar la pieza en el banco, etc. Cuando el tiempo se lo permitía trabajaba en el patio de la casa sobre todo cuando necesitaba el banco con el tornillo o el gato para sujetar su madera, para los primeros toques a la misma, pero después, y cuando hacía mal tiempo, trabajaba en el interior de la casa, en una cocina, con chimenea, que da al mismo patio.
            Con tan sólo estudios primarios, se preparó por su cuenta y, en lo suyo fue universitario. Eran muchos los libros de que disponía, de todas las materias, pero principalmente relacionados con el dibujo, la pintura y el arte en general.
            -Tenía mucha afición al dibujo y a la pintura. Se ponía a pintar o dibujar en cualquier lugar o en cualquier parte a donde fuese o estuviese. El dibujo era fundamental para él. Después hacía una escultura o pintaba un cuadro como el dibujo que había hecho, me dice Angelines.
            De sobra sabe ella que lo que hacía Julio, como todos los artistas, eran bocetos de sus obras. Pero lo sorprendente e interesante, en este caso, es que se conservan también varias carpetas con todos los bocetos de sus dibujos y pinturas, lo cual, unido a al resto de su obra, esculturas y pinturas, es un hecho positivo, para que alguna Institución o Entidad se interese por su catalogación y exposición en algún museo.


Una muestra de sus dibujos y bocetos.

            En la obra de Julio Vecino tiene el Ayuntamiento de Fuentes de Ropel un verdadero filón, y una oportunidad única para intentar conseguir la creación de un museo local, museo que, aunque contase con otras piezas arqueológicas o etnográficas, debería tener una sala dedicada a Julio, que reuniese y mostrase una selección de su obra. Sería el mejor homenaje de su pueblo a él y de él a su pueblo. Serviría para recordarle y valorarle en su justa medida. El museo daría vida a la localidad y sería visitado por todos aquellos amantes del arte, de la cultura y de las tradiciones, en definitiva, por todos los amigos del Patrimonio.