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jueves, 26 de diciembre de 2013

"Valles de Benavente. Romerías y Ermitas".


Portada. Foto: Romería a San Mamés.




 
Contraportada. Foto: Virgen de la Pedrera.















Este es el libro que hace unos días me ha publicado el Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo”. Su contenido se puede ver en los tres apartados que figuran en el índice que adjunto.
En el primero y por orden alfabético vemos los 22 pueblos de la comarca de los Valles de Benavente, en los que se celebra alguna romería o fiesta especial, en torno a su ermita, dedicada al santo o virgen que en ella se venera. Hay que destacar que casi todas son vírgenes, cuyos nombres nos recuerdan el lugar, el milagro u otro tipo de historia, más o menos legendaria: Virgen de las Encinas, de la Vega, de Agavanzal, de las Nieves, de la Torrica, de la Pedrera, etc. Pero también en algunas los santos son los protagonistas: San Mamés, San Isidro, San Esteban, San Jorge, etc.
Romerías antiguas unas, como la Cantimbriana, la Pedrera, la Virgen de la Vega, Agavanzal, etc., y otras más modernas. Incluso algunas que, olvidadas durante años, se han vuelto a celebrar como la de Ntra. Sra. del Valle y del Campo. También aparecen algunas iniciadas hace pocos años, como la de la Santina en Valdescorriel, y hasta una romería cuyo inicio tuvo lugar en este año 2013, como es la romería a la Virgen de la Vega de Cimanes, desde  Benavente, cuya organización y actos corren a cargo de la recientemente creada Cofradía que lleva su nombre y cuya sede es la parroquia de Santa María del Azogue.
En el segundo apartado me refiero a los Cristos y ermitas a ellos dedicadas, casi todas ellas construidas en el lugar, o cerca de él, en donde anteriormente existía un humilladero. También al Cristo se le tiene mucha devoción en algunos pueblos de los Valles de Benavente. Y suelen denominar  a la ermita como del Cristo, del Cristo de la Vera Cruz, o simplemente ermita de la Vera Cruz.También hay una del Ecce Homo.
Y en el tercer apartado, titulado otras ermitas, incluyo aquellas en las que no se celebra romería ni están dedicadas a Cristo, pero que existen, aunque con otros usos o dedicación. De algunas incluso solamente se conservan restos, como ocurre con la de San Lázaro de Benavente.
Lo que cuento en este libro es fruto de haber visitado los distintos pueblos y haber contemplado y vivido cómo celebran su fiesta o romería, tanto en lo que se refiere a los actos religiosos como los no religiosos.
 Se trata de breves relatos con la única finalidad de dar a conocer su existencia y su forma de celebración. El texto de cada uno de los capítulos va acompañado de varias imágenes sobre los diversos momentos de la fiesta, y de los edificios en los que se celebra, las ermitas.
Los interesados en comprar el libro, al precio de 15 euros,  pueden hacerlo en la sede del C. E. B. “Ledo del Pozo”, que se encuentra en el Centro Cultural  Soledad González, de Benavente.  El índice con los distintos apartados es el siguiente:
1.-  ROMERÍAS y ERMITAS
Abraveses de Tera. Romería a Ntra. Sra. de las Encinas.
Ayoó de Vidriales. Romería a San Mamés.
Benavente. Romería a la Virgen de la Vega en Cimanes.
Bretó de la Ribera. Romería de la Pedrera o a la Virgen de los Ojos Negros.
Brime de Urz. Romería a San Esteban.
Calzadilla de Tera. Romería a la Virgen de la O.
Camarzana de Tera. Romería a la Trinidad.
Cimanes de la Vega. Romería a la Virgen de la Vega.
Fuentes de Ropel. Romería a  la Cantimbriana.
Granja de Moreruela. Romería a la Virgen de la Pedrera.
Granucillo de Vidriales. El Cristo, San Adrián y la ermita.
Navianos de Valverde. Día de las Bollas en la ermita del Carmen.
Navianos de Valverde. Romería a  la Virgen del Carmen.
Olleros de Tera. Romería a Ntra. Sra. de Agavamzal.
Quintanilla de Urz. Ermita y fiesta de San Isidro.
Rosinos de Vidriales. Romería a  la Virgen del Campo.
San Esteban de Nogales. La ermita, el puente y la fiesta de San Jorge.
San Miguel del Valle. Romería a  la Virgen de laTorrica.
San Pedro de Ceque. Romería a la Virgen de las Nieves.
San Román del Valle. Romería y Ramo a la Virgen del Valle.
Valdescorriel. Romería a la Santina.
Vecilla de Transmonte. Día de las Bollas en la ermita a la Virgen de la Vega.
 2.- HUMILLADEROS Y ERMITAS DE CRISTO  o  DE LA VERA CRUZ
Fiestas de  la Santa Cruz.
Coomonte de la Vega. Ermita del Santo Cristo.
Cubo de Benavente. Ermita de la Vera Cruz.
La Torre del Valle. Ermita del Cristo de la Vera Cruz.
Matilla de Arzón. Ermita del Ecce Homo
Morales del Rey. Ermita del Cristo.
Moratones de Vidriales. Ermita del Cristo de la Vera Cruz.
Rosinos de Vidriales. Ermita del Cristo de la Vera Cruz.
Sitrama de Tera.Ermita del Cristo de la Vera Cruz.
         3.- OTRAS ERMITAS
Benavente. Ermita de los Salados.
Benavente. Ermita de La Soledad.
Benavente. Ermita de San Juan o de los Obispos.
Benavente. Ermita de San Lázaro.
Congosta de Vidriales. Ermita de Ntra. Sra. del Rosario.
Fuentes de Ropel - Rubiales. Ermita de San Juan.
Fuentes de Ropel - Morales de las Cuevas. Ermita de la Inmaculada.
Rosinos de Vidriales. Ermita de Ntra. Sra. del Rosario.
Villaveza de Valverde. Ermita del Santísimo Sacramento.
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He aquí algunas de las 290 fotografías que ilustran los comentarios a las distintas romerías y ermitas:
De procesión por la explanada en la romería a la Virgen del Campo.
Los de Quintanilla de Urz suben, en procesión, hacia la ermita de San Isidro
Los romeros y romeras acompañan a la Virgen el día de la Cantimbriana.
En Brime de Urz suben hasta la errmita dedicada a San Esteban.
Los romeros  meriendan el día de la Trinidad en Camarzana de Tera.
Vecinos de Brtetó asiten a Misa, junto a la ermita, el día de La Pedrera, 
Inicio de la procesión con la Virgen de las Nieves. San Pedro de Ceque.
Devotos besan la estola del Cristo, en Morales del Rey.
Interior de la ermita de los Salados, en Benavente.
Retablo de la ermita de la Soledad. Benavente.
Ermita de la dehesa de Morales de las Cuevas.
Restos de la ermita de San Lázaro en el año 1980. Benavente.

viernes, 18 de octubre de 2013

Artesano jubilado: Antonio Casado, de Coomonte de la Vega.


Antonio Casado y sus bastones.
En Coomonte, lo mismo que en algunos otros pueblos de Los Valles de Benavente, hay varios jubilados que dedican gran parte de su tiempo de ocio a trabajar con la madera o el hierro y hacer piezas, de forma artesanal. Hace ya varios años que los visité y publiqué un reportaje sobre ellos en el desaparecido semanario la Voz de Benavente y Comarca. Después han ido apareciendo en este blog, para recordarlos de nuevo  y para que dando  a conocer su obra, se les valore en su justa medida.  Hacen los distintos objetos con agrado, como saben, y casi siempre según los  conocimientos que su experiencia vital les ha proporcionado.
Uno de ellos es Antonio, al que llaman, el zapatero, pues, junto con el de agricultor, desempeñó este oficio, en el pueblo, hasta los 37 años. Después, como tantos otros hombres y mujeres de estas tierras, tuvo que emigrar a Europa, en donde pasó 15 años. Al regresar de nuevo siguió trabajando en la agricultura hasta que se jubiló. Tiene ahora ya más de 75 años.
En la actualidad, a Antonio, había que llamarle el bastonero, el de los bastones, pues sólo se dedica a esto.
-Tengo más de 200. Los hago de varas naturales. Para mí es como tener la naturaleza en casa. Cojo las ramas de varias clases de árboles: espino, manzano, caña, etc., procurando que sean  apropiadas para ello. Las arreglo, limpio, aliso, y después las pinto.
Gran parte de los puños de sus bastones son un añadido, hecho por él, a la vara, pero tiene muchos que también son naturales y que semejan la cabeza de algún animal del campo. En este caso, antes de cortar la rama o el palo, ha procurado elegir aquel con el que pueda preparar el puño con los rasgos del animal. Tiene que conseguir que la rama se lo permita.

Bastones variados y con puños y varas muy originales.
Cuando Antonio va al campo no regresa de vacío. Lo sabe bien su mujer que dice que tiene varas o palos por toda la casa, pero esos palos o varas se convertirán en bastones, gracias a la afición, dedicación y al trabajo manual de su marido. Nos enseña algunas que todavía no ha convertido en bastones y nos explica cómo lo hace.
Antonio es feliz con sus bastones, que, aunque los venda o los regale, siempre serán el testimonio de un trabajo artesano que le ha servido y le sigue sirviendo de entretenimiento en sus años de jubilado.


  



lunes, 14 de octubre de 2013

Valles de Benavente: Paisajes.


           
   En esto de los paisajes no nos podemos quejar, pues es esta una comarca privilegiada y también uno de los mayores atractivos de la misma ciudad de Benavente, cabecera de dicha comarca.
   Los paisajes, como patrimonio natural que son, deben y tienen que ser, como no, admirados, protegidos y defendidos, por todos aquellos que sean amigos del Patrimonio. Y es que los Valles de Benavente abundan en paisajes naturales por tener el privilegio, desde tiempo inmemorial, de disfrutar y poder servirse de abundantes ríos, riachuelos, arroyos y regatos, vegas y valles, montes, dehesas y sierras, y de una exuberante vegetación en su entorno, con chopos, encinas, robles, pinos, jaras, etc.
   La contemplación de los paisajes se puede hacer desde muchos lugares, pero con preferencia es mucho mejor desde lugares elevados. Elegimos esto último y les sugiero que me acompañen en este recorrido por algunos zonas o parajes de la comarca. Estoy seguro de que merecerá la pena.
   Desde lo alto del castro “La Corona”, muy cerca de Manganeses de la Polvorosa, podremos contemplar una parte del valle del río Órbigo y su confluencia con el río Éria. Mirando hacia el mediodía, al fondo divisaremos la ciudad de Benavente y sus alrededores.

Vega del río Órbigo desde el castro La Corona.
   Si subimos al castro “Las Labradas” de Arrabalde, disfrutaremos de una bella panorámica de los valles del Eria, de su vegetación y de los numerosos pueblos que están enclavados al lado del río.

Arrabalde y la vega desde el castro Las Labradas.
Imagen más antigua del pueblo de Arrabalde.
   Cambiando de valle, nos situamos ahora en el Castro de San Pedro de la Viña, en pleno corazón del valle de Vidriales. Esta es la zona más extensa del valle. Por esto precisamente los romanos eligieron este lugar para instalar el campamento Petavonium, hoy excavado y con sus torres y puertas reconstruidas, que sorprenden desde lejos a quienes las contemplan. Por aquí cerca pasaba también la calzada romana que desde Asturica (Astorga) llegaba hasta Bracara Augusta (Braga). Desde la cima del castro vemos cómo el arroyo “La Almucera”, con pequeño caudal, pero muy servicial, pasa junto a todos los pueblos del valle. 

Castro de San Pedro de la Viña.
   Desde hace unos años, no muchos, estamos observando que la vista o paisajes que nos ofrecían los montes y las sierras, precisamente en lo más elevado de ellas, están alterados, por no decir dañados, por causa de la instalación de los aerogeneradores, que, según dicen, sirven para generar más riqueza y progreso. Aunque sea para esto y sea necesario, hay que reconocer el daño al patrimonio natural, que nos ha sido dado en su estado primigenio, también para el aprovechamiento de sus recursos, además de para el disfrute y la contemplación. 

Aerogeneradores por la sierra de Carpurias.
   Cojamos ahora la carretera que conduce a Mozar de Valverde y después de pasar Santa Cristina de la Polvorosa y varios montes de encinas y robles, desde lo alto se nos presenta una vista panorámica  del Valle del Tera, ya cerca de su final. Nadie dudará de su belleza y atractivo. Podemos ver como desemboca en el río el pequeño arroyo “La Almucera”, sin tantos árboles y vegetación, pero sí importante para conducir las aguas del Valle de Vidriales al río Tera.

Mozar y el valle del río Tera.
   Para el valle de Valverde he elegido subir al lugar en el que se encuentra enclavada la ermita de “El Carmen” de Navianos de Valverde, aunque se podía seguir la carretera hasta llegar cerca de Litos y contemplar mejor casi todo el valle. Hay novedad y variedad en lo que vemos, pero en la misma línea de los demás valles.
Navianos y el valle de Valverde.
   No podemos olvidarnos, en este pequeño recorrido, del río y valle del Esla. Y lo vamos a hacer en el pueblo de Castrogonzalo, desde el lugar al que los gundisalvenses (derivo este nombre de Gundisalvo Iben Muza, su dirigente y repoblador, allá por el siglo X),  llaman ‘El Gurugú’, antiguo castro y la parte más elevada del pueblo, aunque podía hacerse desde cualquier otro lugar o de sus alrededores, siempre mirando hacia el Norte. Este valle del Esla es uno de los más poblados de chopos, aparte de otras plantaciones de regadío. Desde aquí podrán contemplar, no muy lejos, la ciudad de Benavente, con sus edificaciones y  sus carreteras, que por esto destaca y siempre tuvo y tiene, para los que pasan por ellas, aire de gran ciudad. Todos estamos de acuerdo en las posibilidades de conseguirlo, pero necesita más atención e inversiones por parte de la administración provincial, regional e incluso nacional, pues pocas ciudades del entorno gozan de situación tan privilegiada.
   Precisamente he dejado, a propósito, para el final,  la ciudad de Benavente, que, ubicada en un lugar elevado por su origen castreño, con castillo de gran importancia y otras fortificaciones, siempre fue importante y atractiva por los paisajes que desde ella se pueden contemplar. Y es que, en su entorno, no lejos de ella,  se encuentran varios ríos, con sus correspondientes vegas y  valles, como el Esla, y el Órbigo, con la ría o Caño de los Molinos y, un poco más alejado, el río Tera.
   Desde muchos lugares o calles de la ciudad se pueden contemplar bellos paisajes, pero siempre fue la Mota el lugar elegido para ello por vecinos y forasteros. Y es que, en verdad, desde aquí mirando hacia el Norte y Noroeste se puede ver la amplia vega del río Orbigo, sus huertas y arboleda. Al fondo se divisa parte de los Montes de León, destacando el Teleno, el Mons Tilenus de los romanos, por ser el más elevado y con  nieves durante gran parte del año. También desde la Mota y en la parte Sur vemos la vega del Esla algo menos natural, a causa de los edificios construidos, que hay en ella, gran parte de ellos relacionados con la industria y el transporte. Incluso, mirando hacia el Sureste, tampoco podemos ver casi nada, en una gran parte, porque edificios construidos en la calle de los Carros, con más elevación de la debida, nos lo impiden.
Al fondo el valle del Orbigo desde la Mota en Benavente.
Choperas ocultan las riberas del Orbigo y Caño de los Molinos en Benavente.
   Respecto a esto, quiero recordar aquí otra calle de esta ciudad por la que he pasado y sigo pasando con frecuencia, que hubiera sido merecedora de una mayor atención y  conservación, tal como estaba, para que al pasar o pasear por ella se pudiera seguir contemplando el amplio paisaje que ofrece la vega del Esla. Se trata de la calle denominada El Pinar, que enlaza la Avenida Plaza de Toros con la de Maragatos y que termina en el lugar en que se encuentra la guardería infantil La Veguilla. Ahora ya no es posible contemplar la vega del Esla ni los pueblos y cultivos que la engalanan, ni los montes de encinas de las dehesas de Morales y de Rubiales, que se divisan al fondo. Habrá que desplazarse a otro lugar para ello, pues aquí nos lo impiden los altos edificios construidos en la carretera de la Coruña e incluso en la misma calle. La imaginación nos hace pensar en lo que hubiese sido ese paseo por esta calle, tanto de niños, saliendo de la guardería o del colegio, como de mayores, pudiendo contemplar esa vega a la que nos estamos refiriendo. Pero esto ya no será posible.

Construcción edificios en la calle Pinar hace ya varios años.
Los edificios dificultan la contemplación de la vega del Esla, desde la calle.
   Benavente siempre fue y debe seguir siendo una ciudad atractiva también por los paisajes, que desde ella se pueden contemplar y nada debiera impedirlo, ni la construcción de edificios, demasiado elevados, ni la construcción o destrucción de cualquier otro elemento que atente contra el paisaje. Ciudades con las mismas características y situación que Benavente, protegen más este tipo de parajes, calles o plazas en las que se vean afectados los paisajes, porque  saben que esto también genera riqueza, la riqueza que traen las gentes, el turismo que visita esas ciudades. 


                                                                         

lunes, 3 de junio de 2013

Artesano jubilado: Fidenciano Bécares, de Fresno de la Polvorosa.


Fidenciano e Isabel, su mujer, en el taller de carpintero donde trabaja.
            La madera fue siempre una materia prima, necesaria y esencial en el vivir diario, y desde la más remota antigüedad. Se utilizó siempre en la construcción de viviendas, en los muebles para las mismas y en otros muchos momentos. Los valles de Benavente y también las riberas de sus ríos están llenas de árboles, lo mismo que los montes y sierras próximos a dichos valles. Las gentes del lugar se han familiarizado con ello y algunos conocen muy bien el uso que se puede dar a la madera, teniendo siempre en cuenta su calidad y dureza.
            Todo esto puede haber contribuido a que sean tantos los que han visto en este material una válvula de escape y una atracción y entretenimiento para sus años de jubilación. Porque en muchos de los pueblos hemos encontrado personas que así lo han hecho y que se sienten muy satisfechas de ello. Lo estamos demostrando al publicar en el blog este tipo de reportajes sobre artesanía de jubilados.
            Hace tiempo estuve en Fresno de la Polvorosa, un pueblo situado entre los ríos Eria y Orbigo,  en plena vega, aunque más cerca de este último río. Aquí he visitado a Fidenciano Bécares Mielgo, que me confirma lo dicho:
            “Siempre me ha llamado la atención la madera y me ha gustado hacer cosas con ella. Pero antes de la jubilación no me fue posible, pues primero era el trabajo diario para poder vivir y sacar adelante a la familia. Pero, ahora, paso muchos ratos haciendo cosas. Y le digo la verdad, si volviera a empezar en mi vida laboral me dedicaría a ello, hubiera sido un carpintero o carretero más”. 
            Tenía 74 años cuando lo visité, y desde que se jubiló, a los 59, le había dado tiempo para hacer algunos muebles para la casa: mesas sillas, bancos, armarios; marcos para cuadros; aves; matracas, carracas; algunos aperos agrícolas en miniatura: carros, arados, yugos, y otro tipo de piezas.           

Algunos de los muebles para su casa, hechos por Fidenciano.
También ha hecho este armario.
Y varios marcos para cuadros que adornan las paredes de la casa.
Una de sus matracas.
Fiden, como le llaman todos, es natural de Fresno y desde los 14 años o incluso antes ya colaboraba en las tareas del campo, en tierras de su familia o de otros. También fue emigrante, concretamente en Alemania, durante siete años, trabajando en una fábrica de ruedas para camiones y coches. Ya en España su trabajo más prolongado (estuvo más de 20 años) fue en la desaparecida azucarera de Benavente.
            A juzgar por la perfección de algunos muebles que tiene en la galería de su casa, entre ellos un banco y algunas sillas (la mesa se la compró aparte), hubiese sido, sin duda alguna, un buen carpintero. Y también, como no por los demás objetos o piezas en miniatura que se ven por allí:
“Mire, ese cuadro del pájaro y las flores hecho con piedras pequeñas de colores y el marco de madera fue una de la primeras cosas que hice. Y ese yugo, que está en la pared es como el que llevaban los burros cuando íbamos con ellos al campo a arar u otras tareas. Y las matracas y carracas las tocábamos en la Semana Santa, cuando se celebraban las tinieblas”.  

Este es el cuadro del pájaro, hecho con piedras pequeñas de colores.
Yugos, arados y otros objetos.
Aves, carraca, matraca y un pequeño carro.


            Su mujer Isabel Salsón Martínez me cuenta más cosas de lo que hace o ha dejado de hacer su marido: “También hizo y regaló para la iglesia del pueblo un Via Crucis y dos atriles, uno de pie y otro para colocar sobre el altar. Y tenía otras piezas muy bonitas, pero cuando vienen mis  hijos, que viven en Valladolid, si les gusta alguna, se la llevan”.
            Me dice que su marido restaura algunos muebles y pone como ejemplo y me enseña una arca que tiene lleno de ropa en el pasillo de su casa. “Este arca estaba en muy mal estado y fíjese cómo lo ha dejado, limpio y como si fuese nuevo. Y no sólo por la parte exterior, sino también por el interior. Tiene ya muchos años, pero se conserva porque es de buena madera”.
       Isabel, jubilada ya de una parte de sus tareas familiares, compatibiliza lo del hogar con varias actividades manuales, después de haber aprendido asistiendo a cursos de pintura y decoración en el Ayuntamiento, organizados por la Asociación de jubilados y pensionistas de Zamora. Al tiempo que su marido me enseña sus trabajos, ella se muestra también satisfecha con lo que ha hecho, indicándome en cada caso la técnica empleada. Me enseña tejas, calabazas, una regadera y algunas telas y mantones,  todo decorado o pintado por ella. También tiene algunos cuadros al óleo o con arena. Se lamenta de que ahora ya no hacen cursos de estas cosas, sino de mantenimiento y gimnasia, a los que no asiste porque con la edad, como a todos, le van surgiendo algunos problemas de salud.

Teja pintada y decorada por Isabel
Telas decoradas también por su mujer.
Calabaza y regadera.
Jarrón y palangana.
            Fidenciano trabaja, de ordinario, en el taller de carpintero que tiene en un local que da al patio de la casa. Allí veo herramientas varias, algunas manuales: serruchos, gubias, limas, etc. Otras son o funcionan con electricidad como la que él llama caladora, que utiliza en casi todos las piezas que hace, y un cepillo eléctrico. En el centro del local está la mesa de carpintero con el tornillo fijo en la misma, que le sirve para sujetas las piezas.
            Ahora tiene entre manos un perchero y algunas otras cosas, aunque a medida que pasan los años, me dice que se siente con menos fuerzas para este trabajo, aunque lo haga por entretenimiento y distracción.

Fidenciano con el perchero en su taller de carpintero.
            Estoy seguro que seguirá con su afición a la madera y continuará elaborando, con ella y su sabiduría práctica y artesana, diversos objetos, unos útiles y prácticos, y otros simplemente bellos y que causan admiración a quienes los contemplan.
            Fidenciano y su mujer Isabel pasan en Fresno sus años de jubilados. Con sus trabajos y aficiones, que les entretienen y son de su agrado y de los demás. Viajan poco, algunos veranos van unos días a Alicante para visitar a algún familiar y con más frecuencia a Valladolid en donde trabajan y viven sus hijos. Pero con más frecuencia son estos quienes se acercan al pueblo para verlos y pasar con ellos unos días. De hecho acaba de llegar uno, a quien me presenta y me recuerda como uno de sus Profesores en el Instituto León Felipe de Benavente. Viene con sus hijos casi todos lo fines de semana y sus padres, ya abuelos, se sienten satisfechos y bien acompañados.
Y es que muchos de los que viven habitualmente en la ciudad necesitan disfrutar, de vez en cuando, de la tranquilidad que reina en las pequeñas localidades, como Fresno de la Polvorosa, un pueblo situado no lejos del río Órbigo, en medio de una rica vega, que se convierte en un vergel cuando llega la primavera.