lunes, 26 de diciembre de 2011

Artesanía de jubilados: Adelina Cordero de Milles de la Polvorosa.

Adelina Cordero mostrando y comentando algunos de sus iconos.
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Variedad de iconos con distintas técnicas y decoraciones.
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Otro grupo de iconos en la pared de su aula-museo en Milles de la Polvorosa.


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Una de sus arquetas.


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Paisaje del río Tera, reflejado en uno de sus cuadros.


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Cuadros al óleo con paisajes diversos.


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Dos acuarelas pintadas también por Adelina.


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Belén que ella misma ha decorado.


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Los Reyes Magos acercándose al portal de Belén.


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En las imágenes anteriores dos de sus collages, realizados con diversos objetos de uso antiguo y tradicional.


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Adelina Cordero es de Milles de la Polvorosa, pero ha ejercido su profesión de Maestra durante muchos años en otros lugares, principalmente en Madrid. Ahora, después de su jubilación, viene con más frecuencia al pueblo y tiene más tiempo para dedicarse al arte y técnica del icono, y a otras aficiones y artesanías.
Porque no solamente hace iconos, sino que también pinta óleos y acuarelas, decora belenes y relojes, y tiene algunos collages. Además, con la ayuda de su marido, colecciona objetos y piezas etnográficas, algunas muy antiguas, relacionadas con la vida doméstica y con la agricultura y ganadería.
Lo primero que hizo fue iconos, pues empezó hace ya 15 o 20 años. Y fue en Madrid después de asistir, junto con otras compañeras maestras, a algunos cursos sobre dicho tema, impartidos por buenos profesores. Uno de ellos y su conocimiento y forma de impartir la materia le motivó lo suficiente como para seguir con la afición. Después ella misma enseñó e inició a sus alumnos de la ESO en este arte y técnica.
Icono del griego eikon (imagen) se denomina en las iglesias de Oriente a toda pintura religiosa realizada sobre una tabla, por oposición al fresco del muro. La preparación de la tabla, el estuco, el dorado y la pintura, etc., exigen un tiempo y una dedicación al artista.
A partir del siglo XVII se adoptó la costumbre de revestir los iconos con láminas de metal recortadas, que solo dejan al descubierto el rostro y las manos. Este trabajo de orfebrería y revestimiento con metales preciosos son una prueba más del esfuerzo que supone esta técnica.
Adelina ha trabajado y trabaja a gusto y con gusto en sus iconos, de los que una gran parte tiene en un local, habilitado como museo, en Milles de la Polvorosa, no lejos de su domicilio. Ella misma nos explica su variedad: Iconos bizantinos de temple al huevo, forrados de plata y estaño y repujados a mano; iconos de óleo sobre tabla; iconos de óleo sobre lienzo; iconos de esmalte en frío sobre estaño e iconos de esmalte al horno sobre plancha de cobre, etc. Al mismo tiempo nos comenta brevemente el trabajo realizado en cada uno de ellos hasta concluirlos y poder estar ahí para la contemplación de los demás. Son imágenes que expresan un espíritu religioso a través de la técnica pictórica y demás elementos, todo ello de gran originalidad.
Pero además, Adelina, nos deja ver su madera de artista en sus cuadros pintados, unos al óleo sobre lienzo, representando paisajes, troncos de árboles, etc. y otros en los que se sirve de la acuarela, también para paisajes o figuras humanas y animales. Incluso vemos por allí algunos collages, con piezas u objetos antiguos cuya composición equilibrada y ordenada nos recuerda costumbres y forma de vivir en el pasado.
Su otra afición es la decoración de belenes, de tela o de arpillera, previa la adquisición de las imágenes en escayola u otro material. Son muchos y variados, en tamaños, formas y colores, los que tiene en su local-museo. Lo mismo hace con los relojes de los que también veo varios ejemplares.
He notado que Adelina y su marido son amantes, no sólo del arte, sino también del patrimonio popular, de las costumbres y tradiciones y de todo aquello que sirve para recordarlas. Tienen también por allí aperos de labranza, útiles y objetos antiguos, relacionados con la vida en el pueblo y con la agricultura y la ganadería.
Todo ello puede muy bien formar parte de un museo local, que es lo que, al parecer, quiere Adelina, para que todos los amantes del arte y técnica del icono, de la pintura y de la etnografía, puedan contemplar sus obras y disfrutar de su contemplación como ella lo ha hecho al realizarlas, unas con sus propias manos, y otras reuniéndolas en su colección.
Ojalá se cumplan sus deseos, que Milles sea el pueblo elegido para ello y que, además de buen sol, paisaje, y río de aguas limpias y transparentes, como son las del Tera, pueda ofrecer a vecinos y forasteros, esta actividad cultural: la visita obligada a un museo local, en este caso el de Adelina.
Sería uno más de los pueblos de Castila y León que, aunque no tengan mucha población, sí pueden ofrecer cultura a todos los visitantes. Lo vemos al recorrer esta Comunidad. En unos casos lo que se visita es la iglesia, su espadaña, artesonados e imágenes de gran valor y antigüedad, en otros son fuentes con mayor o menor antigüedad, o palomares, paneras, bodegas etc. Y en algunos nos llaman la atención sus casas construidas con barro, de tapial o adobe, restos evidentes de arquitectura tradicional, etc. Todos los pueblos tienen su atractivo y sus valores, que convendría revitalizar.
En el caso que nos ocupa, y como ya hemos dicho, el mismo nombre del pueblo nos recuerda el pasado romano (Mille, milia, miliarium) y algo de su historia, aunque sea tan solo la que hace referencia a una batalla La Polvoraria, ocurrida en el siglo XVII, por estas tierras y no lejos del lugar en el que está emplazado el pueblo.
Adelina ha expuesto ya sus iconos en algunos lugares. Concretamente en el Parador de Turismo y en la Casa de Cultura de la Encomienda de Benavente, y en Madrid, en Centros Culturales del barrio de Salamanca y de la localidad de Pinto.
Por supuesto que también lo ha hecho en Milles, su pueblo, en donde ha contado siempre con la ayuda de la Asociación Madre del Amor, a la que ella pertenece, y con la colaboración del Ayuntamiento. En el año 2010 participó también en la Exposición que sobre Artesanía de Jubilados, organizada por el CEB “Ledo del Pozo” se celebró durante los días de en el Centro Cultural Soledad González de Benavente, en el mes de septiembre durante los días de la la FEMAG (Feria de Maquinaria Agrícola y Ganadera).

viernes, 23 de diciembre de 2011

Las Espadañas de Salamanca1.

Espadaña en el Pabellón Consistorial de la Plaza Plaza Mayor de Salamanca.
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Convento de san Esteban. Plaza del Concilio de Trento.
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Iglesia de san Martín. Plaza del Corrillo.
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Iglesia de san Marcos en la calle Zamora.
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Iglesia de san Juan de Bárbalos. Plaza de san Juan Bautista.
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Iglesia de La Purísima. Plaza de las Agustinas.
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Iglesia de san Blas, hoy Auditorio Municipal de Música. Calle Fonseca.
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Iglesia de santa María Magdalena. Carmelitas. Calle Zamora.
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Convento de santa Isabel, en la calle Isabeles.
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Iglesia de Ntra. Sra. del Carmelo. Plaza de las Carmelitas.
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La espadaña es un campanario de una sola pared con uno o varios vanos en los que se colocan las campanas. Hay zonas o comarcas en Castilla y León, y concretamente en las provincias de Zamora, León y Salamanca, en donde es frecuente que en muchas de las ermitas o iglesias de los pueblos, en vez de torre cuadrada o circular, tengan espadaña, de piedra, si abunda en dicho lugar, o bien de ladrillo, si la piedra escasea en la zona o el lugar en el que se encuentra este material queda lejos.

Lo mismo ocurre en algunas ciudades, como Salamanca, ciudad histórica, antigua y artística. En ella todo suena a esplendor y belleza arquitectónica. Basta ver sus catedrales, palacios, iglesias, conventos, calles y plazas, etc. y los claustros, patios, torres, cúpulas, fachadas, etc. Pero también las espadañas, con variedad de formas, alturas y otros detalles.

Espadañas, casi todas, o al menos gran parte de ellas con campanas, que en algunos lugares y en diversos momentos del día suenan, sobre todo aquellas que convocan a los fieles para asistir a los actos religiosos.

Nos basta pasar por las calles y plazas para ver, cerca o lejos, alguna espadaña, incluso en su Plaza Mayor, el pabellón consistorial, está coronado con una de ellas. Plaza que es el lugar de concentración, en numerosas ocasiones y también de cita, reunión, o solamente paseo diario, para muchas personas.

Algunas espadañas, junto a su antigüedad nos muestran su belleza y nos recuerdan la función para la que fueron construidas.

Las hay de pequeño tamaño, con un solo vano y una sola campana, que asoman sobre el tejado de un pequeño convento. Veremos sus imágenes en otra ocasión.

Pero otras, más grandes, con dos o tres vanos (y también sus campanas), son evidente muestra de la riqueza y fastuosidad del edificio en el que se encuentran: Plaza Mayor, Universidad, convento de San Esteban, san Martín, etc.

Casi todas han sido construidas con piedra, como la mayor parte de los edificios. Pero una piedra especial, la de las canteras de Villamayor, localidad muy cerca de la ciudad. Hay también algunas de ladrillo, tal vez reconstruidas con este material después de la destrucción o abandono del palacio o iglesia en el que se encontraban, o siguiendo el estilo y materiales del resto del edificio.

A pesar del parecido de algunas de ellas, que nos indica la coincidencia en el autor y la fecha de su construcción, por las imágenes podemos ver la variedad de sus formas y tamaños, así como de los vanos o huecos para las campanas.

Quienes llegan a Salamanca para visitar a la ciudad, si su visita coincide con el toque y retoque de las campanas, muchos de ellos, sorprendidos por sus sonidos, elevan su mirada hacia las espadañas y torres. Pero en seguida comprueban que esos sonidos recorren y se extienden, por calles y plazas, y les invitan a recorrer y contemplar a toda la ciudad.

martes, 20 de diciembre de 2011

Benavente: Convento de los Jerónimos..

Casa y parte de la huerta en donde se encontraba el antiguo convento de los Jerónimos de Benavente.
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Arco de puerta del antiguo convento, que aún se conserva.
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Ventana y pared de las antiguas dependencias del convento.
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Cerca de la huerta perteneciente al convento, con varias reparaciones o reconstrucciones.
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Parte del muro o cerca, tal como se encuentra en la actualidad.
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Restos de la pared o vallado de la huerta.
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Otros restos del antiguo convento.
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El paso del río Esla por los ingleses durante la guerra de la Independencia. Dibujo de Sir Rober Kert Porter, 1808. Museo Británico. (Imagen: Archivo CEB "Ledo del Pozo").

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Convento de san Jerónimo. Dibujo a carboncillo de Sir Rober Kert Porter, 1808. Museo Británico. (Imagen: Archivo CEB "Ledo del Pozo").
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San Jerónimo. Imagen en la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente. Tal vez proceda del antiguo convento de san Jerónimo.
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En 1845 P. Madoz al ver el convento de los Jerónimos de Benavente dijo que era un montón de escombros. Lo mismo ocurría con el de san Francisco, que estaba frente al Hospital de la Piedad. Y es que, después de ser incendiado por las tropas francesas al pasar por aquí en el año 1809 durante la Guerra de la Independencia, fue abandonado. En 1835, con la desamortización de Mendizábal, pasó a manos privadas. El solar fue adquirido en principio por D. Pío Pita Pizarro, hijo de Benavente y que fue ministro de la Gobernación y de Hacienda entre 1837 y 1839. Y, aunque posteriormente fueron otros los propietarios, todavía se conoce como la huerta de Don Pío el lugar en el que se encuentran los restos del mismo aún existentes.

No deja de ser uno de los conventos (o monasterios) más antiguos y menos conocidos de los que existieron en esta ciudad. Sobre sus orígenes escribe ya Ledo del Pozo (Historia de la Nobilísima Villa de Benavente, 1853), pero es J. I. Martín Benito en Brigecio 10 (la revista del C.E.B “Ledo del Pozo”), quien amplía la información tras el estudio de los documentos relativos a la fundación, dotación y avatares por los que pasó dicho convento, hasta ser construido en Benavente. Dice el historiador que su fundación se inició en el año 1511 cuando D. Francisco Enríquez y su esposa Doña Teresa Carrillo que no tenían hijos, acordaron dejar todos sus bienes y haciendas a la Orden de San Jerónimo, para que, después de su muerte se fundase un monasterio en Benavente o en Redelga, localidad situada a tres leguas.

D. Francisco Enríquez que era vecino y regidor de la villa de Sahagún y por su apellido estaba emparentado con los Almirantes de Castilla y con los Condes de Benavente, murió en 1524, antes de ver hecho su deseo realidad. El monasterio no se edificó en Redelga y la dotación y bienes de su mujer Teresa pasaron al de Valdebusto, cerca de Viloria del Alcor, en el obispado de Palencia, en donde fue enterrado su marido y en donde ella vivió hasta su muerte.

Pero sus pretensiones fueron contestadas por el Conde de Benavente D. Alonso Pimentel, en calidad de albacea de la primera dotación hecha en vida de D. Francisco Enríquez. Veía que no se estaban cumpliendo las disposiciones testamentarias de éste.

Parece ser que el Conde puso un pleito a Doña Teresa y al monasterio de Valdebusto, pleito que ganó en la Chancillería de Valladolid en 1528. A raíz de este fallo y muerta ya Doña Teresa Carrillo comenzaron las negociaciones entre el Conde y los Jerónimos para traer la fundación y construir el convento en Benavente y no en Redelga.

Comenzó a edificarse extramuros de la villa en tierras donadas por el Conde, junto a la viña La Pedrera en el Camino Real que iba a San Cristobal de Entreviñas y en 1553 las obras estaban ya en plena ejecución. Según J.I. Martín Benito el monasterio tenía dos claustros y había dos torres en la fachada de la iglesia, que no se construyó hasta finales del sigo XVI. Para las obras en piedra se contrató a los maestros canteros Juan y García de la Vega de la merindad de Trasmiera y las de carpintería de las naves laterales y de la principal corrieron a cargo de Diego y Manuel Sánchez, vecinos de Villalpando.

Una vez concluido el monasterio benaventano, y ya sin las rentas de Valdebusto, comenzó una etapa de florecimiento, de forma tal que, a finales del siglo XVI, había en él un Colegio de Teología y Artes, creado por el Capítulo General de 30 de Abril de 1594.

Es de suponer que muchos estudiantes de la Orden acudieran a este monasterio, para adquirir, bajo la enseñanza de sabios maestros, cultura teológica, en un momento histórico de gran esplendor.

Al ser abandonado y destruido el convento, algunas de las imágenes y otros restos se distribuyeron por las distintas iglesias de la ciudad. Una de ellas, precisamente la de San Jerónimo, se puede ver en Santa María del Azogue. Es una imagen, del siglo XVII, en la que el santo aparece en genuflexión sobre una roca con una piedra en la mano derecha con la que se dispone a golpear su torso desnudo y herido. Le acompaña el león que, según la Leyenda Dorada, fue curado por él y que le acompaña siempre como si fuese un animal doméstico.

Según comenta E. Hidalgo Muñoz (Mas vale volando. Catálogo Exposición VI Centenario Condado de Benavente) este San Jerónimo puede situarse dentro de la escuela de Gregorio Fernández, por las características peculiares que se pueden ver en él, como los pliegues duros y angulosos del manto rojo que le cubre parcialmente el cuerpo. El pelo y la barba tratados en mechones. Y la anatomía, en la que se presta especial atención a la tensión muscular y a las venas hinchadas, así como a la osamenta del torso, muestra evidente de las penitencias de San Jerónimo. La cabeza se cae hacia atrás, los ojos miran hacia el cielo y la boca se abre, mostrando los dientes y la lengua, buscando el dolor con mayor intensidad”

En la actualidad los restos que se conservan del antiguo convento forman parte de la huerta y la casa propiedad de una familia de Benavente. Algunos de los cuales se pude ver en las fotografías: Parte de los muros de la cerca; arco de piedra de alguna puerta; grosor del muro de la iglesia, de tapial y adobe; algún capitel, etc.

Mostramos también dos dibujos, ya comentados por F.Regueras (Brigecio 18-19), cuyas copias han sido adquiridas recientemente por el CEB “Ledo del Pozo”. Proceden del Museo Británico de Londres y su autor Sir Robert Ker Porter, artista, escritor, viajero y diplomático escocés, que acompañó a Sir John Moore en 1808 durante su campaña por Portugal y España durante la Guerra de la Independencia. Además de escribir algún libro sobre el conflicto realizó muchos dibujos sobre la campaña y las localidades que visitó, entre ellas Benavente.

En uno de ellos se puede ver la llegada del general Moore a Benavente, el ejército se muestra bajando hacia el río y valle, en Castropepe. Después aparecen soldados, que ya han pasado el río, yendo hacia Benavente. Al lado del camino se distingue la ermita de San Lázaro y un poco más allá el monasterio o convento de San Jerónimo. Al fondo se divisa la ciudad, destacando a la izquierda el castillo y a su derecha el convento de santo Domingo y las torres de las iglesias de santa María y san Juan del Mercado.

En el otro dibujo se puede ver y admirar mucho más cómo era y cómo vio Ker Porter al convento de San Jerónimo, un gran edificio en la llanura con las dos torres destacadas de su iglesia. El camino con cruces que se observa delante es lo que hoy todavía se denomina Camino del Calvario.

(Efectivamente así era, pues se sabe que ya el 30 de septiembre de 1809 las tropas de Napoleón lo habían incendiado, y no permitieron a los vecinos apagar el fuego.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Monumentos y escultura pública en Salamanca: La Aldehuela y Cra. Aldealengua.

Monumento a la Piedra de Villamayor, 2001. Lugar: La Aldehuela. Autor: Severiano Grande.
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Relieve de una de las caras del bloque de piedra que representa a la fachada de la Universidad.
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En otra de las caras está representada la torre Clavero.
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Y el relieve de una tercera cara representa la fachada del Palacio de Monterrey.
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Brocal de pozo decorado con relieves y motivos vegetrales. Lugar: La Aldehuela.
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Sobre una columna de piedra, y junto a unos árboles, un ave, hecha con hierro y chapa, simula el inicio del vuelo. Lugar: La Aldehuela.
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Monumento en recuerdo del 50 aniversario de la Hermandad del Nazareno del Stmo. Cristo de la Agonía, antes Jesús del Gran Perdón. Lugar: Parque próximo a la carretera de Aldealengua.
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Placa en la que figura: "Parque de Nuestro Padre Jesus del Perdón". Lugar: Cerca de la carretera de Aldealengua.
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Un día del pasado mes de septiembre, al pasar por la carretera de Aldealengua y acercarme a un parque pude ver un arco de piedra con cruz en el vano. Delante del mismo y en la parte baja una placa dice:

“La Seráfica Hermandad del Nazareno del Santísimo Cristo de la Agonía, antes Jesús del Gran Perdón, en su cincuenta aniversario 1945-1995. Se inauguró este monumento siendo alcalde de Salamanca D. Jesús Málaga Guerrero”.

No muy lejos y en el mismo lugar otra placa indicaba: “Parque de Nuestro Padre Jesús del Perdón”.

Al visitar después La Aldehuela me encontré con el Monumento a la Piedra de Villamayor, obra del escultor Severiano Grande. Se trata de un bloque de piedra, arropado por un muro del mismo material. Sus caras están talladas con todo detalle, como hecho por un orfebre, representando algunos de los edificios artísticos más importantes de la ciudad, como la fachada de la Universidad, la Torre Clavero y el Palacio Monterrey. Por respeto a la piedra, que se ve y ennoblece a toda Salamanca y cómo no, también por respeto a su autor, este monumento merecería estar en un lugar más apropiado y más cercano a la ciudad, para que pudiera ser más respetado y a su vez conocido y visto por muchos más ciudadanos, tanto vecinos, como forasteros.

Muy cerca del Monumento a la Piedra había un bello brocal de pozo, decorado con relieves vegetales. En la misma zona, junto a unos árboles y sobre una columna de piedra, un ave de gran tamaño, de hierro y chapa, simulando alzar el vuelo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Morille: Dulces y Arte Sacro.

Cartel anunciador de los dulces de las monjas.
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Edificio del Centro de Promoción y Estudios de la Vía de la Plata en Morille.
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Lugar de la exposición de los dulces, y mujeres voluntarias, encargadas de la venta.
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Otro grupo de mujeres que colaboraron en la feria.
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Los visitantes se acercan a los puestos para comprar los dulces.
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Entre la gran variedad de dulces estaban las rosquillas de Santa Mónica de las Madres Agustinas del Convento de la Pasión de San Felicves de los Gallegos, y los panellets de las Madres Clarisas del Monasterio del Sagrado Corazón de Cantalapiedra.
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Varias fotografías de las monjas de algunos de los conventos muestran su vida y su quehacer diario.
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Y en otras se ven los edificios, claustros, iglesia, huerta y demás dependencias de los conventos.
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Santa Teresa de Jesús, una de las imágenes antiguas expuestas en la muestra de arte sacro.
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También pudimos ver a santa Águeda, imagen procedente de la parroquia de Morille, también antigua y de gran valor artístico.
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Dos menorahs o candelabros, un confesonario y ropa litúrgica: casulla y dalmática.
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Hachero con los velones colocados en él.
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Un reclinatorio de uso personal, para arrodillarse. Un muestra de los muchos que llenaban antiguamente las iglesias.
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Cuatro capillas, con santos y vírgenes de gran devoción en Morille y que, seguramente, recorrieron los domicilos de los vecinos del pueblo, en tiempos pasados, cuando lo religioso ocupaba parte de la vida de cada día.
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Atril con libro de misas, himnos y otros cánticos, para la liturgia, durante el año.
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Iglesia de Morille de la que proceden gran parte de los objetos religiosos expuestos. En su espadaña con dos vanos para las campanas, no falta el nido de las cigüeñas que cada año llegan al pueblo anunciando la proximidad de la primavera.

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Dulces y arte sacro es lo que pudimos ver quienes visitamos el pasado fin de semana Morille, este pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, que se encuentra no lejos de la ciudad (a unos 15 kilómetros) y en la Vía de la Plata (etapa 10), la antigua calzada romana que, desde Mérida (Emerita Augusta) conduce hasta Astorga (Asturica Augusta). Este solo hecho realza ya a la localidad y es motivo suficiente para detenerse en ella y sorprender con varias cosas a los viajeros. Pero, en esta ocasión han sido los dulces y el arte sacro el motivo de la visita.

1.- Dulces, pero no los fabricados en cualquier obrador, fábrica o pastelería, sino los dulces elaborados por las manos artesanas de las monjas que viven en conventos de clausura de la ciudad y provincia. Eran muchos y variados los que se ofrecían. Entre otros, se podían comprar amarguillos y galletas de anís, de las Madres Dominicas de Salamanca; yemas o avellanitos, de las Benedictinas de Alba de Tormes; perrunillas, bollitos de san Francisco o negritas, de las Madres Clarisas de Ciudad Rodrigo; cocadas, nevaditos de limón, glorias o panellets de las Clarisas del Monasterio del Sagrado Corazón de Cantalapiedra; hojaldres, rosquillas de Sta. Mónica o bocaditos de Sta. Rita, de las Madres Agustinas de San Felices de los Gallegos. Y muchos otros, de los demás conventos, presentes o representados en la Feria. Porque hay que añadir que se trataba de la I Feria de los Dulces de los Conventos que se celebraba en Morille. Estoy seguro de que, ante el éxito obtenido, seguirán celebrándola en años sucesivos.

Y es que los dulces de las monjas, aunque no tengan marchamo o denominación de origen, son considerados por numerosas personas como un producto de calidad. Se piensa casi siempre en quiénes los elaboran y de qué manera. Porque, aunque, en casos concretos, algunos conventos, en cierta medida, se hayan industrializado, otros muchos no lo hacen así y sus dulces son fruto de una elaboración cuidada, totalmente artesanal, lo cual es de del agrado de los ciudadanos.

Está comprobado que, en la actualidad, muchos conventos, sobre todo de monjas, para poder subsistir y atender a sus necesidades materiales, han recurrido, entre otros trabajos, a elaborar productos de pastelería. Saben que con ello, mejor que con otras cosas, tienen el éxito asegurado.

2.- Pero en Morille, no sólo había dulces de las monjas de los conventos, sino también una exposición de obras y objetos diversos de arte religioso, algunos antiguos y de gran valor artístico. Entre ellos varias imágenes, como la de santa Teresa y san Bartolomé; pinturas, libros sagrados y otros útiles necesarios para el culto; dos menorahs o candelabros, utilizados seguramente en la iglesia del pueblo en algunas celebraciones; hacheros para colocar los velones y que nos recuerdaban a los difuntos, los funerales y los responsos; atriles del coro, ropa litúrgica como casullas, capas, estolas y alguna dalmática, etc.

También vimos varias capillas de pequeño tamaño con imágenes de las vírgenes y santos o santas de más devoción en esta localidad. La costumbre o tradición religiosa era que estas capillas estuviesen cada día en una casa del pueblo. Y allí rezaban al santo o virgen, le colocaban velas, hacían sus peticiones, y también le ofrecían donativos. Esta tradición se mantuvo en algunos pueblos hasta hace no mucho tiempo. En la actualidad casi ha desaparecido del todo.

En otra dependencia del Centro una exposición de fotografías nos mostraba, no solo los edificios de los antiguos conventos, sino también escenas de la vida diaria de las monjas: rezando, leyendo, paseando, cuidando su huerta y, por supuesto, en la cocina y junto al horno, elaborando los sabrosos dulces que llevaron a Morille para la exposición, degustación y venta.

La organización de las diversas actividades corrió a cargo del Ayuntamiento y el Centro de Promoción y Estudios de la Vía de la Plata, en cuyas instalaciones se instaló la feria y la exposición. Y contaron con la colaboración de Caja España Duero, algunos bares de la localidad y, por supuesto, con varias mujeres que se encargaron de la venta de los dulces y de informar a los visitantes de todo aquello en lo que estuviesen interesados en relación con el pueblo y los diversos actos que se celebraban.