martes, 24 de enero de 2012

Exposición de esculturas sobre Unamuno en Salamanca.

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El escritor con su capa, sentado en una mesa y rodeado de esculturas.
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Cabeza de Unamuno en piedra de cuarzo.
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Busto del escritor realizado en marmol.
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Cabeza en madera de encina.
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Otra cabeza en marmol.
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Figura de Unamuno en piedra de basalto.
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D. Miguel de Unamuno en lava de volcán.
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Escultura que representa a Unamuno con su mujer.
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Un rostro, un tanto original, del escritor.
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Mesa con pajaritas, como las que hacía Unamuno, y sellos de correos con su imagen.
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Del 19 de diciembre al 15 de enero pudimos ver en Salamanca, concretamente en la oficina de Correos de la calle León Felipe, una exposición de esculturas, principalmente cabezas y rostros de Unamuno, realizados con piedras de diversa clase: mármol, granito, alabastro, cuarzo, basalto, etc. También había alguna de madera de encina.
Su autor es Ignacio Sánchez Ramos, artesano y, también artista, por afición y dedicación, más que por preparación y estudios, pues la época en la que nació, y le tocó vivir y trabajar, no le permitió el acceso a la educación y formación actual.
Nació en 1942 y, aunque ya está jubilado desde hace años de su oficio de albañil, lo que no abandonó nunca fue su dedicación a la escultura y pintura. Ni su admiración por la etnografía, de lo que tiene también numerosos objetos en su casa-taller y museo de Carbajosa de la Armuña, en donde ahora vive, o al menos pasa gran parte de su tiempo.
En otro momento escribiré sobre él y su vida en esta localidad, así como sobre los trabajos que ha hecho y sigue haciendo.
Ignacio, Nacho para sus vecinos, amigos y conocidos, es un enamorado de D. Miguel de Unamuno, hasta el punto de ser el protagonista y centro de atención de la mayor parte de sus obras, en estilos y formas distintas. Plasma su figura en esculturas, pinturas, dibujos y cualquier otro material que tenga a mano. Y quiere que lo que él hace contribuya también a darlo a conocer un poco más en este año en el se celebra el 75 aniversario de su muerte en Salamanca.
Ha expuesto ya en algún otro lugar y está a la espera de que cuenten con él para que ciudadanos de pueblos de la provincia, barrios de la ciudad, y también los forasteros, puedan ver y conocer sus trabajos en torno a Unamuno.
Ojalá se cumpla el deseo de este artista y artesano, popular, no sólo por vivir y centrar su actividad, en la actualidad, en un pueblo, Carbajosa de la Armuña, sino también por la sencillez y vivencias “populares” que nos muestra en gran parte de sus obras, sin perder originalidad y, por supuesto, belleza.
Todas las personas, sin excepción, pueden conocer, ver, e incluso admirar, lo que Ignacio ha hecho y sigue haciendo con sus cinceles, pinceles, y demás herramientas, aunque lo suyo no proceda de una formación académica, sino más bien de una persona autodidacta, con mucha actividad y trabajo, pero también con sabiduría y creatividad.

sábado, 21 de enero de 2012

Etnografía: Colección de Adolfo Álvarez, de San Pedro de Ceque.

Adolfo junto a algunos de los útiles o instrumentos relacionad0s con el agua o la agricultura, que tiene en el exterior de su local-almacén, también museo etnográfico.
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Un grupo de aldabas, cerraduras, herraduras y cestas.
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Candiles y faroles antiguos, de diversa forma y tamaño, y otros objetos.
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Trillo, sacos, alforjas, hormas de zapatos, sierra de san José...
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Otro grupo de objetos, utilizados antiguamente.
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Adolfo con un calentador de cerámica en sus manos.
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Troncos de fresnos secos centenarios, que ha traido del monte y colocado en el exterior del local.
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La seranada, candil utilizado, antiguamente, en el serano, reunión nocturna con tertulia.
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Objetos variados, algunos de uso doméstico.
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Colleras, collerines y algunas cestas.
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Antiguo palanganero de metal, utilizado en los domicilios para el lavado de manos y cara.
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Durante los años en los que estuve colaborando en el semanario La Voz de Benavente sobre el patrimonio y las tradiciones populares de los pueblos de la comarca en sus distintos aspectos: arqueología, medio ambiente, costumbres, oficios tradicionales, fiestas, artesanía de jubilados, etc. pude comprobar que también había personas, jubiladas o no jubiladas, amantes de las tradiciones que, por afición y por respeto al pasado, se dedicaron a recoger o, si queremos, coleccionar, objetos y útiles de todo tipo, relacionados con la antigüedad. Y sobre estas personas escribí también algunos de mis reportajes.
Uno de ellos fue Adolfo Álvarez Blanco, de San Pedro de Ceque, a quien todos conocen y llaman con el apodo o sobrenombre Baileto. Lo visité en una tarde lluviosa del mes de Abril y al preguntarle por esta su afición me dijo:
“Desde siempre tuve ilusión y me gustó reunir piezas u objetos que fuesen, mostrasen y enseñasen algo relacionado con el pasado, con la tradición, costumbre y forma de vivir de nuestros mayores. Las circunstancias de la vida, el trabajo y la atención a la familia me impidieron dedicar mucho tiempo a ello, pero ahora, desde hace cinco años en que me jubilé, ya es distinto”.
Y es que Adolfo, nació en San Pedro, cursó aquí sus estudios primarios y aquí trabajó en el campo, como agricultor, durante varios años. También fue emigrante, como casi todos sus vecinos, un año en Francia y seis en Alemania. Al regresar a España ejerció de funcionario hasta su jubilación a los 55 años. Ahora tiene ya más de 60.
La procedencia de los objetos o piezas es diversa: la mayor parte de ellos son regalos de familiares, amigos o conocidos; otros, recogidos por él mismo en ruinas o escombros procedentes de viviendas u otros edificios destruidos; algunos, aunque muy pocos, los ha comprado porque le interesaban. “La verdad es que he invertido muy poco en esto”, me dice.
Pero veo que en lo que sí ha invertido Adolfo es en preparar el local para albergar su colección, tanto en el exterior del mismo, como en su interior. Se trata de una nave que se encuentra a las afueras del pueblo, muy cerca del camino que conduce a la ermita de Nuestra Señora de las Nieves.
En el exterior de la misma, muy limpio y ordenado, se ven algunos útiles, herramientas o artilugios relacionados con la agricultura: un potro, varios arados, etc. Destacan los instrumentos o medios de que se ha servido el hombre desde la antigüedad para sacar agua de los pozos, entre ellos el cigüeñal y la noria. Y ya más modernos la bomba y los diversos motores.
Adornan también el exterior y llaman la atención unos enormes troncos de fresno seco, a los que él intenta dar vida colocando sobre ellos animales, aunque disecados o de plástico, o nidos de cigüeña. Todo ello artificial, pero con un gran sentido y sentimiento por su parte.
“Estos troncos estaban secos en el monte y he tenido el gusto y la molestia de arrancarlos, traerlos y colocarlos aquí, aunque sólo sea para su contemplación y añoranza. Hay que tener en cuenta que se trata de árboles centenarios, pueden tener 300 o 400 años, y no me explico cómo se han secado y no se han protegido debidamente”.
Y es que Adolfo, como muchos de sus vecinos de San Pedro de Ceque, respetuoso con el pasado y la tradición, lo es también con la naturaleza que le rodea y, aunque muerta, como en este caso, quiere darle vida, informando a los demás de la situación en que se encuentra.
Pero es en el interior de la nave en donde está toda su colección de etnografía, cientos de piezas u objetos, muy difícil de enumerar en breve espacio, relacionadas:
-Con la casa y la vida familiar: platos, cazos, palanganas y palanganeros, faroles y candiles variados, entre ellos la seranada, usado antiguamente por los vecinos en las reuniones nocturnas, con tertulia incluida, denominadas el serano.
-Con la Iglesia y las tradiciones religiosas: hacheros, palmatorias, reclinatorios y hasta un bonete de cura. Como especial me enseña la capuchina, antiguo candil de mecha, con capuchón para apagarlo. Se usaba mucho en las procesiones, al menos cuando él era pequeño.
-Con la agricultura y la ganadería: arados varios, arreos para el ganado, medidas de cereales de madera, zarandas, aparatos para majar y cardar el lino, etc.
-Con la bodega y la elaboración del vino: embudos, cántaras, canillas, y otros.
Y relacionados con los distintos oficios tradicionales y artesanos como:
-El guarnicionero: collera y collerines, cabezadas, melenas, leguis, etc.
-El herrero: cerraduras y aldabas, manillas, bisagras, llaves, trébedes y muchas herraduras de ganado caballar y vacuno.
-El alfarero: variedad de cántaros y pucheros, platos y jarros. Me enseña aparte el calentador de agua para la cama, hecho de cerámica, y me explica como se utilizaba.
-El cestero y talegonero: cestas de petición y ofrenda usadas en la iglesia, cestas de ferroviario, nansa para pescar o contener los peces, y talegas y talegones utilizados en la vendimia.
Y otros muchos objetos y piezas que dejan ver su afición y respeto por el pasado y la tradición, frente a aquellos que muestran indiferencia y menosprecio hacia este tipo de cosas. Además conoce, no sólo el origen y procedencia de casi todas sus piezas, sino también el servicio o utilidad que tenían, antiguamente, en el vivir de cada día.
Además, Manuel cree y está convencido de que su colección sirve de enseñanza. De hecho todos los que se acercan a verla, aprenden algo y él se siente satisfecho de poder comentar y recordar a los visitantes algunos aspectos de esa vida en el pasado. Por ahora casi todas las personas que se han acercado allí para verlo son de su pueblo, pero no tiene inconveniente en que lo vean los demás.
Los museos etnográficos provinciales, comarcales o incluso locales son abundantes en Castilla y León. Hace muy pocos años se inauguró en Mansilla de las Mulas el Museo Etnográfico de León. Está ubicado en lo que era el antiguo convento de San Agustín, restaurado y remodelado casi en su totalidad. Merece la pena ser visitado.
La existencia de museos comarcales es también útil e interesante y no tiene por qué ser obstáculo para los demás existentes. Con ellos, y debido a la cercanía, se facilita más y mejor la visita a los ciudadanos de la comarca en que se encuentren. Lo justo y normal sería que existiese uno en la ciudad de Benavente, con una función distinta al regional que ya existe en la capital. Se centraría más en las costumbres y tradiciones de estos pueblos de los Valles. Pero, a falta de este museo, bienvenida la existencia de estas colecciones como la de Adolfo, y otras que iremos viendo, para que los ciudadanos puedan conocer de cerca algo de lo que queda del pasado, gracias a estas personas, a las que su afición y desinterés les ha llevado a reunir este tipo de objetos.

martes, 17 de enero de 2012

Artesano jubilado: Miguel de la Torre, de Torneros de la Valdería.

Miguel junto a la maqueta de la catedral de Burgos, su obra de más trabajo y la que más aprecia.
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La maqueta completa de la catedral de Burgos, en la que empleó 14.000 horas hasta completarla.

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Colegiata de Toro, hecha hace ya varios años.
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Torre del reloj, de Toro, una de sus últimas obras.
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También ha hecho carros en miniatura como este, y otros aperos, relacionados con la agricultura.
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Y algunas armas como este cañón, recordando su profesión durante varios años.
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Cajitas de madera con una cerradura especial, que llama la atención.
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En la planta baja del local tiene sus máquinas y herramientas. En la imagen está haciendo una demostración con el torno de hierro.
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La herramientas se ven en las paredes y bajo las mesas, ocultas, están las máquinas.
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Por esta escalera, hecha por él, sube a la parte de arriba del local-taller.
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Estaba preparando un pequeño árbol con medra y hierro.
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Tronco de madera y ramas de hierro, preparados ya para formar el árbol.
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En un viaje a la comarca de la Valdería (León), (en el mes de agosto de 2010) en compañía de José Luis Zanfaño, que fue viajante en su vida laboral y que ahora, de jubilado es buen viajero, y gran conocedor del paisaje de la zona, y también del paisanaje, visitamos el pueblo de Torneros. En él vive casi todo el año Miguel de la Torre Manteca, un jubilado más, que se halla enfrascado en sus aficiones y trabajos con madera y hierro, materiales con los que, dando rienda suelta a su imaginación y sabiduría práctica, elabora trabajos dignos de admirar.
Miguel nació en Toro (Zamora) en el año 1940, pasó allí su infancia y estudió en el colegio de los Escolapios “estoy muy contento de haber estudiado con ellos, pues aprendí muchas cosas y tengo una buenos recuerdos, aunque solamente hice el bachillerato”. En Toro vive su madre, (tiene ya 100 años), a la que todos los años hace algunas visitas. Y no lejos de su ciudad natal, concretamente en Villanubla (Valladolid), cumplió el servicio militar.
Durante algunos años trabajó ayudando a su padre en el oficio de herrero. Con él aprendió y se practicó en el manejo del hierro. Pero, poco después de hacer la mili, se fue a trabajar a Eibar, como armero, concretamente en la fábrica de Victor Sarrasqueta. Aquí vivió algún tiempo hasta que se trasladó definitivamente a Burgos para trabajar como encargado de mantenimiento de maquinaria industrial, en donde se jubiló.
Su vida, pues, ha transcurrido entre Toro, Eibar, Burgos y ahora Torneros, este pequeño pueblo de la provincia de León, en la comarca de la Valdería. Y es que Torneros, además de ser un bonito lugar del valle, con abundante agua y vegetación, que se encuentra no muy lejos de la cabrera alta, es el pueblo de su mujer y en él tienen una casa. Y aquí, puede disponer también de un taller, pequeño, pero muy surtido en máquinas y herramientas. Además, en la parte de arriba dispone de una sala para exponer los objetos o piezas que elabora.
A los viajeros y visitantes nos llama la atención cómo tiene tantas cosas en tan poco espacio, sobre todo en el taller, pues solamente mide 24 metros cuadrados y con su imaginación y sabiduría práctica ha conseguido instalar y disponer para hacer sus trabajos de: fresadora, disco de cortar madera, cepillo de madera, torno mecánico, torno de madera, copiadora, taladro de columna, dos tornillos de banco, dos compresores, un yunque (de más de 50 kilos heredado de su padre), una fragua, una lijadora de banda y una soldadora eléctrica ‘Imber’.
La mayor parte de estas máquinas o herramientas están ocultas bajo los bancos o mesas metálicas que están junto a la pared del local. Con un mecanismo especial las mete o saca para poder trabajar con ellas. Por supuesto que también en la pared, y bien colocadas, están las demás herramientas, gran parte de ellas de manejo manual.
“No hay taller en el mundo, nos dice Miguel, que tenga toda esta maquinaria, instrumentos y herramientas en tan poco espacio, ni tratándose de profesionales del oficio”. José Luis y yo estamos de acuerdo con él y valoramos su ingenio y sabiduría para conseguirlo. Y es que, además, muchas de las piezas que ha utilizado, y algunos motores, proceden de lavadoras, frigoríficos, etc., y otro tipo de electrodomésticos o útiles domésticos, ya desechados. El los ha reciclado y les ha dado un nuevo uso.

Al tiempo que nos enseña el taller, su taller, va contando cosas sobre algunas de las máquinas: “Este torno de hierro es una maravilla” y se dispone a preparar con él una pieza, para que veamos su funcionamiento.
Después de enseñarnos las máquinas ocultas bajo mesas o estanterías, subimos por un escalera de hierro, también obra suya, a la habitación que esta sobre él, del mismo tamaño, y que le sirve de museo o lugar para colocar sus obras hechas en madera y en hierro.
En madera tiene la colegiata y la torre del reloj de Toro. Este es su último trabajo, con carillón incluido, que toca a las horas, como hemos comprobado. También ha hecho algunas cajas, tipo cofres o joyeros, un barco, un carro con cañón en miniatura, un carro de varas, escudos y marcos para cuadros, castañuelas, etc.
Pero destaca entre todas la catedral de Burgos, una gran maqueta realizada con todo tipo de detalles: a las torres, puertas, paredes y demás no les falta nada; destacan los pináculos y los arbotantes o botarelles; se pueden apreciar bien las esculturas y demás decoración exterior, etc. Y lo mismo que a los monumentos de Toro ha puesto iluminación en su interior. Al encender las luces se ven también los cristales o vidrieras de las ventanas.
“La hice a escala, con las medidas exactas para este tamaño. Me ha costado diez años terminarla, de 1988 a 1998. Han sido unas 14.000 horas de trabajo. Empecé incluso antes de jubilarme. Ha estado expuesta en varios lugares, sobre todo en Burgos y provincia”.
La verdad es que la maqueta nos llama la atención por la finura y exquisitez empleada, hasta en las cosas más pequeñas. No es de extrañar que Miguel se sienta satisfecho y que cuide, e incluso valore, ¿por qué no? su obra artesana. Y seguro que seguirá haciendo cosas parecidas. De hecho nos comenta que tiene ahora entre manos confeccionar un bargueño, en el que utilizará huesos de vaca en las pequeñas incrustaciones.
Y como herrero y armero no podían faltar los objetos o piezas de hierro. Por allí vemos algunas armas con las culatas o empuñaduras de madera perfectas. También hizo la mesa sobre la que está colocada la catedral y la escalera de subir a la planta que está sobre el taller. Cuando llegamos estaba preparando un adorno que consistía en un árbol con el tronco de madera y las ramas, hojas y frutos de hierro.
Miguel lleva ya siete años de jubilado y, aunque empezó antes de jubilarse con esta afición relacionada con su trabajo, la mayor parte lo ha hecho después de jubilarse. Y ha sido en Torneros en donde ha pasado y pasa más tiempo, pues viene en Marzo y se va en Noviembre. El resto del año en Burgos, con algunos viajes a Toro.
Termina diciéndonos lo siguiente: “he invertido mucho en todo esto, que si el taller y las máquinas, aunque haya aprovechado y reciclado cosas, que si las demás herramientas, que si los materiales para las piezas que tengo hechas y sigo haciendo, etc. Y al no disponer de un gran espacio tuve que ingeniármelas para meterlo todo aquí, aunque está ordenado y bien dispuesto, para tenerlo a mano”.
Vemos que hasta lo del orden se le da bien y que incluso le lleva tiempo. Y es que en esto, como en todo, hay algunos que también son especialistas.







domingo, 15 de enero de 2012

Salamanca recuerda a san Juan de Sahagún

Iglesia de san Juan de Sahagún en la calle Toro de Salamanca.
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Relieve en bronce que representa el "Milagro del Pozo Amarillo", atribuído al santo.
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Este otro relieve, también en bronce, representa el milagro de la "Pacificación de los Bandos". Se encuentra, como el anterior, en la fachada principal de la iglesia.
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Monumento a saqn Juan de Sahagún, año 2002. Escultura en bronce, cuyo autor es Valeriano Hernández. Se encuentra en la plaza de san Juan, detrás de su iglesia.
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Placa que recuerda la iluminación artistica de la iglesia de san Juan de Sahagún, realizada bajo el patrocinio de Iberdrola. Se encuentra en la plaza de san Juan, también detrás de la iglesia.
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Imagen del santo, como religioso agustino, en el interior de su iglesia.
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Monumento en la calle Pozo Amarillo de Salamanca. Recuerda el milagro del "Niño caído al Pozo" y salvado por el santo, que, según la leyenda, se realizó en este mismo lugar.
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Urna con los restos de san Juan de Sahagún en el altar mayor de la Catedral Nueva de Salamanca.
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Medallón de san Juan de Sahagún en el pabellón de Pretineros de la Plaza Mayor de Salamanca.
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Relieve con la imagen del santo en el muro de una casa en la calle Traviesa.
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Imagen de san Juan con el niño en el pozo. Se encuentra en el salón de recepciones del Ayuntamiento de Salamanca.
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Calle Tentenecio. Recuerda otro de los milagros del santo: "Detener a un toro que se había escapado de la Feria y andaba a su aire por las calles de la ciudad".
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Esta son las imágenes, tal vez falte alguna, con las que Salamanca recuerda a otro personaje famoso, en este caso considerado santo, que, aunque no nació en la ciudad, sí vivió gran parte de su vida, y en ella murió.

Porque este san Juan, nació en Sahagún, una localidad situada al sur de la provincia de León, partido judicial y centro de una amplia comarca, de pan y vino llevar, como algunos han dicho, aunque también con muchas cosas que ofrecer a sus ciudadanos y a los visitantes.

Por Sahagún pasa el río Cea, que contribuye al progreso de la ciudad, pues en su vega se cultivan algunos productos hortícolas de calidad y fama, como el puerro, por citar algunos. Pero por lo que más destaca y es conocido Sahagún es por ser considerada por muchos, ciudad del mudéjar. Podemos decir que también la comarca es mudéjar. Basta ver sus iglesias y ermitas.

Sahagún, además, ha sido siempre, y sigue siendo, hito importante en el Camino de Santiago,

Y hay que añadir a todo esto que cuenta con un santo, que le ha dado fama, el mismo que a Salamanca. En esta ciudad se echa de menos alguna referencia a Sahagún, lugar de nacimiento de este santo, a quien tanto respeto y veneración tienen, y al que dedican varios días de fiesta en el mes de Junio.
Nunca es tarde para que las dos ciudades conmemoren, o celebren juntas algún acto.
En otra ocasión veremos las imágenes con las que recuerdan al santo en Sahagún.

viernes, 13 de enero de 2012

Artesano: Santiago Pérez, de Benavente.

Santiago Pérez trabajando con el torno en el taller de su casa en Mozar de Valverde.
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Santiago con sus alumnos, enseñandoles torno y talla, en el curso realizado en un taller de carpintería de Santa Cristina de la Polvorosa.
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Al hacer en madera los bustos de su madre y de su abuela utilizó el compás de sacar puntos.
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Busto de Cristo, una de sus primeras obras de talla.
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"Este Cristo lo hizo mi hijo cuando tenía 14 años", está diciendo su madre.
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Reloj de madedra tallada, otra de sus obras.
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Adorno en la escalera del Ayuntamiento de Santa Croya de Tera, obra de Santiago.
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Varios objetos que ha realizado con su torno.
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Una de las muchas escaleras que ha hecho en domicilios privados y ayuntamientos.
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Las puertas que, en la actualidad, tiene la iglesia de Santiago de Pumarejo de Tera son también obra suya.
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Santiago Pérez Escudero es hijo de Noé, el molinero de Mozar, ya fallecido, y sobre quien escribí hace años en las páginas de La Voz de Benavente y Comarca. Y si el padre fue un maestro molinero, conocedor también de otros oficios, herrero, albañil, pintor, etc., de su hijo podemos afirmar que es un maestro carpintero y ebanista, a lo que en la actualidad se dedica principalmente para poder vivir de su oficio y de su trabajo. Pero también lo podemos considerar un artista, a juzgar por los relieves y esculturas que ha tallado a lo largo de su vida y, cuando disponía de un tiempo para dedicarse a ello, y no tener que atender a otras preocupaciones o necesidades vitales.

Nació en Mozar, en el mismo molino que regentaba su padre, hace 63 años y es el mayor de cuatro hermanos. Comenzó Estudios Primarios, en la escuela del pueblo, pero estudió los dos últimos en Navianos de Valverde, con D. Pompeyo. Sabían en su casa que este maestro dedicaba una hora diaria a Manualidades, lo cual era de su agrado. “Aquí comencé yo a tallar algunas cosas”, me dice Santiago, al tiempo que me recuerda también algunos momentos cuando era niño y vivía con sus padres en el molino, al lado del río Tera: “Al estar allí tanto tiempo sólo me divertía con el barro, con la madera y con las transmisiones del molino”. Como si a los 8 años hubiese empezado a tornear, o si se quiere, a jugar a tornear”.

Estudió también en Benavente en el Colegio Virgen de la Vega y en el de D. Manuel Paíno, hasta que, ya con 14 años (en 1961) se matriculó en la Escuela de Maestría de Zamora para cursar carpintería y ebanistería. Eligió ser tornero modelista, los que se dedican a hacer las piezas de fundición, y se fue a Salamanca para especializarse en este oficio.

“Pero a mí, dice él, como me gustaba tallar en madera, asistí a clases y cuando disponía de tiempo bajaba al taller, en donde disponía de gubias y otras herramientas, y allí tallé algunas piezas, entre ellas el busto de Cristo, que gustó tanto a mi Profesor, un tal Pastor, que era de esta zona, que me propuso trabajar con él en su taller o estudio particular, no sin antes enseñarme a esculpir, modelar y dibujar”.

Estos fueron sus inicios, pero tiene más cosas que contarme, pues, como ocurre con frecuencia, no son pocos los avatares y problemas por los que se pasa a lo largo de la vida. Resulta que su padre tuvo que emigrar a Francia, para trabajar, y no tardando se fue para allá toda la familia, y también Santiago, que no se olvidó de sus estudios y aficiones. Allí pasó también por la Escuela de Artes, al tiempo que trabajaba en fábricas de muebles y hacía tallas y esculturas.

Pero si su padre estuvo en Francia tan sólo cuatro años, él vivió allí 18. Tuvo que venir para el servicio militar en Melilla, pero regresó de nuevo y siguió con sus trabajos y aficiones en el país vecino.

Sus años en París, según me cuenta, fueron los más intensos y los que cambiaron su vida y su actitud ante la misma, incluso desde el punto de vista religioso, pues comenzó a leer la Biblia y su lectura le llevó a ver y sentir de otro modo el hecho religioso, aspecto este muy respetable y al que tiene derecho cualquier persona.

Y fue tal el atractivo e impacto recibido que incluso se sirvió de su oficio y de la madera para elaborar algunos objetos o piezas que tuvieran que ver con las narraciones del Libro Sagrado: el Arca de Noé, el Candelabro de los Siete Brazos, las Tablas de la Ley, la Serpiente de Bronce de Moisés, el Tabernáculo, etc. Aspecto éste muy interesante dice, no solo para él, sino también para todos aquellos que los contemplan. En este caso le interesa más no la obra en sí, sino lo que representa.

En el año 1981 regresó definitivamente a España para vivir y trabajar aquí junto a sus padres y no lejos de su querido y añorado molino. Y trabajar en lo que había aprendido y sabía como carpintero y ebanista haciendo muebles, barandillas para escaleras con el torno, puertas y otro tipo de piezas, algunas de las cuales requieren trabajos de talla.

Antes de elaborar sus obras de talla suele hacer un dibujo, aunque, al tratarse de piezas de pequeño tamaño, casi todas en bajorrelieve, se puede actuar directamente sobre la madera.

“Para las obras escultóricas, añade, intervienen ya otros conocimientos, relacionados con las ciencias, fisiología, anatomía, etc. Porque esculpir bien es más delicado. Se empieza con un dibujo, una foto o incluso estando la persona presente, si se trata de un busto o de cuerpo entero. Luego se modela en barro y después se pasa a la escayola. Yo me sirvo del modelo en escayola para hacerlo ya en piedra, mármol, madera o fundición. Cuando hago la pieza en madera utilizo el compás de sacar puntos”.

Por haber tenido que trabajar para vivir, tan sólo ha hecho unas 20 esculturas, a lo largo de su vida, algunas de ellas bustos, otras de cuerpo entero, y casi todas en madera de roble. Un ejemplo de ellas es el retrato de su abuela, como se puede ver en la fotografía. Y aunque se ha desprendido de casi todas, conserva sin embargo los modelos hechos en escayola de casi todas ellas.

Me cuenta algunas cosas más en Mozar, en el taller estudio que tiene en el patio de la casa de sus padres, en donde vive su madre, ya octogenaria. Ésta se acerca allí, en un momento de la conversación, y dice: “Mire este Cristo lo hizo mi hijo cuando tenía 9 o 10 años”. Y mientras lo dice lo mira. El la corrige diciendo que, cuando lo talló, ya había cumplido los 14.

De Santiago se pueden ver trabajos de ebanistería y también talla en muchos pueblos de esta comarca: escaleras en los Ayuntamientos de Santa Croya, Castrogonzalo, Aguilar de Tera etc.; la puerta de la iglesia de Pumarejo; y en muchos domicilios particulares, algunos de Benavente, pues son ya 21 años los que lleva viviendo en la ciudad.

También ha pasado y pasa algunos ratos haciendo piezas de menor tamaño para decoración en el hogar o para otra utilidad: copas, cuencos, y recipientes diversos.

En la actualidad, y hasta que llegue su jubilación que ya está cerca, sigue haciendo un poco de todo, siempre en torno a su oficio. Trabaja unos días en el taller de carpintería de Bretocino de Valverde y dos días a la semana, de 8 a 10 de la tarde, ejerce de maestro o profesor en la escuela de carpinteros que hay en Santa Cristina de la Polvorosa (ECAR). Allí le esperan varios alumnos para recibir sus enseñanzas relacionadas con el buen manejo del torno, o de las gubias aquellos que prefieran aprender la talla.