jueves, 15 de marzo de 2012

Pozos y patios. Salamanca.1-

Colegio Arzobispo Fonseca.
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Patio Escuelas Menores.
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Museo de Salamanca.
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Hospedería Anaya.
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Clerecía. Patio del Claustro.
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Escuela de Educación.
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Patio del Colegio Mayor Montellano.
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Casa de las Conchas.
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Universidad. Patio Escuelas Mayores.
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Colegio Mayor San Bartolomé.
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Los pozos son construcciones que se hacen excavando o haciendo un hoyo en la tierra hasta encontrar agua. Se revisten, en su interior, con piedra, ladrillo u hormigón, para una mayor subsistencia.

Alrededor de la boca del pozo suele construirse un brocal, pequeño muro, a veces cargado de adornos, que sirve para embellecer al pozo y al mismo lugar en el que se encuentra.

Sobre el brocal, en muchos de ellos hay unos hierros que sostienen la polea, instrumento usado antiguamente para sacar el agua. Si no existía polea se hacía con ayuda de un caldero atado a una cuerda.

En los pozos antiguos, que había en el campo o en huertas extensas, en el centro del pozo se instalaba una noria, movida por un animal que daba vueltas alrededor, y, de sus cangilones cargados de agua, salía el líquido al exterior.

En los conventos y monasterios antiguos era frecuenta construir un pozo en medio del claustro o patio. El agua del mismo prestaba un servicio a la comunidad, pues se utilizaba para el servicio domestico, y para regar el jardín o la huerta. También sacaban del pozo el agua para las aves u otros animales

A veces se construían pozos como adornos de patios o jardines y como complemento arquitectónico en algunas construcciones, sin que tuvieran una finalidad práctica.

En Salamanca, ciudad monumento arquitectónico, al ser muchos los conventos, monasterios y claustros de universidades y colegios, son muchos también los pozos que podemos ver y contemplar o admirar. Los hay de distintas formas, estilos y adornos, según el lugar y la época en que fueron construidos.

En las imágenes anteriores hemos visto una parte de ellos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Palomares en Villarrín de Campos.

1.- Palomares circulares. El de la imagen tiene dos tejados y un pináculo en el centro.
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Con patio interior y adorno con ladrillos en la parte superior del tejado.
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Con patio interior y un adorno parecido al anterior.
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También circular, con patio interior y con otro tipo de adorno, realizado con tejas.
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Este presenta pequeños contrafuertes a su alrededor.
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2.-Palomares cuadrados

Palomar de tapial, reparado con ladrillos y nuevas tejas. Con patio hacia el interior.
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Cuadrado con tres tejados hacia fuera. En el centro una pequeña torreta de ladrillo como adorno.
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3.-Palomares rectangulares

Con tejadillo cuadrado y con aperturas para salir las palomas, sobre el tejado rectangular.
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Construido, originariamente, de tierra y con tapial. Con tres tejados, como en escalónes, y en proceso destrucción. Foto año 2001.
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4.-Palomares agrupados en el campo de Villarrín.

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Villarrín es un pueblo de la Provincia de Zamora, al sur del Esla, pero ya en la comarca de Tierra de Campos. Situado cerca de Villafáfila, sus tierras están también dentro de la Reserva Nacional y el parque natural creado en torno a las lagunas.

Lo mismo que los demás pueblos cercanos, Villarrín es tierra de palomares y de palomas, además de otras aves que se ven por sus lagunas, y las que llegan y se van, según la época del año.

En su campo, además de las lagunas, se divisan, a lo lejos, grupos de palomares, sobre todo cuadrados y circulares, como se puede ver en las imágenes. Al acercarse a ellos se advierten mejor su forma de construcción, materiales, adornos y estado de conservación. Algunos ya han desaparecido, pero no tantos como ocurre en otras localidades.

Los de Villarrín se sienten orgullosos de mantener en pie, y en buen estado, algunos de los palomares. Los consideran de interés patrimonial, y además son también un atractivo más para muchos de los forasteros y visitantes.

domingo, 11 de marzo de 2012

Artesano jubilado: Tomás Vara, de Benavente.

Tomás Vara sostiene en sus manos el busto, en madera, de su mujer Corina, esculpido por él.
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Trabajando en la talla del marco para uno de sus cuadros.
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Cuadro en talla, que representa la Boda de Alejandro Magno. El marco es de madera de peral y la tabla está hecha de nogal.
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Cuadro de talla con jarrón en la tabla, y el marco también tallado.
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Bandeja de madera de nogal.
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Dos jarras, también de madera de nogal.
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Caza del ciervo. Cuadro en relieve, también enmarcado.
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Pintura en un cuadro que representa una calle de Puebla de Sanabria.
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Torreón del antiguo Castillo de Benavente y carretera del Caracol.
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Pintura de su finca de Cejinas, con la casa y algunos aperos de labranza.
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Varios óleos con paisajes de Sanabria.
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Corina, su mujer, con un mantón de Manila en sus manos, que ella misma ha pintado.
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Natural de Sitrama de Tera, allí vivió hasta los 17 años. Era el mayor de cuatro hermanos y todos trabajaron en el campo, primero en el pueblo y luego en una finca que poseían en Cejinas, pago perteneciente al término de Benavente y que se encuentra muy cerca de Santa Cristina de la Polvorosa. Aquí vivió casi hasta la jubilación, concretamente hasta los 61 años, pues los cuatro restantes, hasta los 65, trabajó en talleres Meyca Motor de Benavente. La muerte de su padre, cuando él tenia 12 años y la enfermedad de su madre, fueron motivo suficiente para ponerse muy pronto a trabajar en la agricultura.

Tomás es un jubilado más que pasa sus horas en torno a una afición y dedicación: pintar cuadros al óleo y enmarcar con madera tallada sus propios cuadros y otros que llegan a sus manos. Además tiene relieves enmarcados, algunas esculturas de bulto redondo y otras piezas talladas como bandejas, jarras, mesas, etc.

Tengo ahora 75 años, pero comencé hace ya más de 20. Siempre tuve afición e inclinación a hacer este tipo de cosas, incluso cuando trabajaba en el campo, pues aprovechaba algunos ratos para tallar madera con ayuda de una navaja, sobre todo los domingos. Aunque desde los 65, al jubilarme, estoy dedicando más tiempo, siete u ocho horas casi todos los días y cuatro o cinco horas algunos días festivos. Es que cualquier marco de los que Ud, ve por aquí, me dice mientras me enseña su casa que parece un pequeño museo, me ha llevado un mínimo de 300 ó 400 horas y algunos hasta 700, como ocurre con ese de la Cacería del Ciervo”.

Veo que efectivamente tiene que ser, como él dice, por lo bien que está realizada la labor de talla en marcos y tablas. Reproducir en la madera esos pequeños dibujos es trabajo laborioso, lo mismo que la pintura en los lienzos.

Utiliza principalmente madera de nogal, pero también de roble, de peral y cerezo. De estos árboles tenía en abundancia en su finca de Cejinas. Y las pinturas, algunas son de creación propia, originales, como los paisajes y pueblos de Sanabria, Benavente y los Valles. Otras son copias de otros autores, las hay de temática religiosa.

Entre sus esculturas destaca el busto de su mujer Corina y entre las piezas talladas dos jarras, una bandeja, una mesa y algunas otras.

En sus relieves, el marco y la tabla están hechos con maderas distintas, lo cual se advierte hasta en el color. Me dice, como ejemplo, que en el de La Boda de Alejandro Magno, el marco es de peral y la tabla de nogal y en el que tiene sobre el Castillo de Puebla, el marco es de pino y la tabla de cerezo, etc.

También ha hecho o decorado algunos muebles de su propia casa, mesas, sillas, estanterías, etc. Todo ello con gran perfección y elegancia.

Tomás tiene algunos libros de arte y pintura que le han ayudado en esta su afición de jubilado, pero ha utilizado más su sabiduría práctica y su experiencia artesana. “Soy amigo de Avelino, el tallista de Benavente. Con él he pasado muchos ratos, viéndole trabajar, y siempre se aprende algo, me dice. Él me ha hecho algún dibujo y hasta me inició en alguno de los trabajos. Fuera de esto, lo demás ha sido todo cosa mía, pues incluso antes de conocerlo ya hacía algunas cosas.”

Y es que los que nacieron para artistas o artesanos, más tarde o más temprano, lo dejan ver. Algunos tienen o han tenido familiares que lo han ejercido. El mismo Tomás me cuenta que tuvo un primo hermano escultor, llamado Lorenzo Vara Gallego, del cual conserva una escultura, pero no lo vio trabajar nunca. También me habla de un tío sacerdote que hacía copias de esculturas y que hizo incluso algunas de la iglesia de Santa Marta de Tera. Podemos afirmar, por lo tanto, que no ha estado lejos de este mundo, en el que ahora trabaja con gusto y a gusto, en aquello que le agrada y con lo que disfruta.

Tiene el taller en un local que da al patio de la casa en la que vive. Sobre la mesa propia de carpintero un martillo y un gato para sujetar la madera y poder cortarla. Y en la pared debidamente ordenadas algunas de las herramientas que utiliza: serrucho, azuela, cepillos, lijadora, etc. y sobre todo muchas y variadas gubias, formones y limas de madera, lo que más utiliza en su trabajo de talla.

Tomás vive con su mujer Corina Álvarez Calvo y no tienen hijos. Ella es su mayor y mejor admiradora de todo lo que hace. Podemos decir que ejerce también de artesana jubilada, pues, además de hacer gran parte de las labores de la casa, borda, cose, pinta, etc. y hace manualidades, como centros de flores secas, adornos de tejas, pintura en lecheras y cántaras, etc. No se pierde los cursos que se organizan en el Hogar del Jubilado, ni los que ofrece la Concejalía de Bienestar Social. Está ocupada también muchas horas en sus artesanías, lo mismo que su marido, que es también el mejor admirador de sus trabajos. Los dos tienen tiempo también para ir, de vez en cuando, a la huerta y atender a los árboles, flores y demás plantas que cultivan. Ahora ya menos, pues son mayores y se cuenta con menos fuerza para dichos trabajos.

Al visitar el taller veo que, junto a la mesa de carpintero en la que trabaja Tomás, hay otra mesa en la que trabaja su mujer Corina, aunque las horas sean menos, pues, como muy bien dice, ella tiene además otras ocupaciones. Pero muchos días los dos coincidirán en su trabajo artesano que tantas satisfacciones les está proporcionado.

viernes, 9 de marzo de 2012

Etnografía: Colección de Manuel Díaz, de Santibáñez de Vidriales.

Manuel Díaz en su museo familiar, con la espadadera de lino en su mano.
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Cerraduras, aldabas y otros objetos.
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Potes de hierro y alguna caldereta de cobre.
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Su colección de llaves, esquilas y cencerros.
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Barrilas y cantimploras.
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Faroles, candiles, carburos.
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Yugo para caballería y vaca. En ocasiones los dos animales trabajaban juntos.
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Herramientas para uso agrícola y ganadero.
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Manuel tiene en su mano un instrumento para migar el pan.
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Pizarras y calentador para la escuela.
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Cuaderno en el que Manuel tiene anotadas, y sigue anotando, las piezas de su museo, con el nombre, el uso, la fecha y el modo de adquisición.
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Piezas del Museo” es el título que figura en un cuaderno de Manuel, en el que están numeradas y comentadas las casi mil piezas que tiene en el local habilitado para ello. Y es que para él es un museo, y también para los alumnos del colegio de Santibáñez y otras personas que cada año se acercan a su casa para verlo.

“Siempre me gustaron las cosas antiguas, tanto los objetos, como todo lo que tiene que ver con el pasado, las tradiciones y la forma de vivir, pero, si le digo la verdad, empecé a reunir piezas hace unos 26 años, cuando destruimos la casa vieja en la que vivíamos, para construir una nueva. Eran tantas las cosas de antes que había por allí en cuadras, trasteros, desván, etc., que no tiré nada, sino que lo recogí todo. También tengo objetos que proceden de regalos o donaciones de amigos o familiares, otros que la gente tira al basurero como chatarra, pues para ellos no tiene ningún valor, pero yo, si lo veo, lo recojo y guardo. No obstante, en su mayoría, casi el 80 por ciento, son de la casa vieja”.

Y con ello, con esta su afición, sigue después de su jubilación, además de dedicarse a otras artesanías con el hierro, el material que utilizó siempre en su herrería.

El local habilitado, a su modo, para museo etnográfico se encuentra no lejos de su antigua fragua, ni del taller de aluminio en el que trabaja en la actualidad su hijo. Se trata de un portalón que da al patio de la casa en cuyas paredes se pueden ver las muchas y muy variada piezas que tiene. Unas relacionadas con la agricultura: arados, trillos, aperos diversos, y muchas de las herramientas utilizadas por el agricultor en su casa o en sus trabajos de cada día: azadas y azaderas, azadones de monte, azadas cespederas y azadas para cavar las viñas, y también algunos útiles necesarios para el ganado.

“Mire, este yugo es de caballería y vaca, para trabajar los dos animales juntos. De este tipo encontrará muy pocos. Y estas carguillas de madera servían para colocar cosas encima del lomo de los animales”

Veo también por allí algunos utensilios para trabajar el lino, entre ellos la espadadera, que él mismo coge en su mano y me hace una demostración de cómo se utiliza.

Como herrero de oficio y artesano jubilado que sigue trabajando con el hierro y también la hojalata, no podía menos que tener y abundar en su colección piezas con estos materiales: cerraduras, aldabas y aldabillas, candados, llamadores, potes, faroles y candiles variados, etc. Lo curioso y llamativo es que muchas de estas piezas fueron hechas por él para otras personas en su fragua y durante su vida laboral. Ahora las nuevas casas, y las nuevas formas de vivir en ellas, han hecho que muchos de estos objetos hayan terminado en las chatarrerías o basureros.

Me llaman la atención varias cadenas con gancho, que cuelgan en la pared. Son las que se utilizaban para sostener el pote con el agua o la comida en los antiguos llares (fogones de las cocinas).

De la escuela conserva un calentador de carbón para los pies y varias pizarras, y por allí se ven otros muchos objetos relacionados con la vida en el hogar, con el trabajo en el campo y con los oficios.

Manolo tiene un cuaderno de tamaño folio en el que están anotadas y sigue anotando todas sus piezas (al menos un ejemplar de cada una, si están repetidas). Se distinguen por el número y el nombre. Y no falta la explicación que indica, aparte de su procedencia, para lo que sirven o en lo que se utilizan o utilizaban cada una de ellas. “Así las recuerdo mejor, me dice, y puedo explicárselo a los demás cuando vienen a verlas”. Y es que su particular museo es visitado por personas del pueblo y algunos forasteros. También por alumnos del Colegio de la E.S.O. (Educación Secundaria Obligatoria) que hay en el pueblo. Siempre hay algunos profesores que valoran, se preocupan y creen, con razón, que este tipo de actividades son de utilidad y contribuyen a la formación de los alumnos. Aunque el pasado es ya historia, no se puede prescindir de él, si queremos explicar muchas cosas del presente.

Lo cierto es que los alumnos se van contentos con las explicaciones de Manolo y de su profesor. Su pequeño museo está desempeñando una labor educativa relacionada con la tradición, en cuanto a la forma de vivir y de trabajar en el pasado. Estoy seguro de que el Ayuntamiento de Santibáñez de Vidriales tendrá pensado completar su pequeño, pero valioso, museo arqueológico con otro museo etnográfico, que, sin duda alguna, sería del agrado de los muchos visitantes que llegan al pueblo para ver Petavonium y el aula de interpretación del campamento romano. Todo ello contribuiría al progreso y desarrollo de esta zona, privilegiada por la historia y por la arqueología.

Ojalá que pronto también Benavente cuente con un museo etnográfico debidamente organizado, para que los ciudadanos puedan ver, conocer y estar informados sobre la vida en el pasado. Sería un lugar muy indicado para ello, al ser el centro comarcal y a donde, desde siempre, acudieron numerosas personas a las ferias y mercados, y a otros acontecimientos colectivos. Pero, por lo que se ve y se realiza, esta ciudad, con tanta historia y con algunos importantes monumentos artísticos, no es muy dada a museos, ni a aulas o centros de interpretación, (aunque ya se cuenta con algunos), tan necesarios desde el punto de vista cultural, y que, contribuirían también al progreso de la misma y de sus habitantes.

Mientras tanto, quienes lo deseen pueden visitar la colección de Manolo, el herrero de Santibáñez, a la que me he referido hoy, o si lo prefieren, ver la de Adolfo Álvarez de San Pedro de Ceque, o la que adorna y embellece las distintas dependencias de la bodega-restaurante La Gruta en Pobladura del Valle (sobre estas dos ya hemos escrito), u otras colecciones sobre las que seguiremos informando en el futuro a través de las páginas de este semanario.