sábado, 7 de abril de 2012

Semana Santa: el Monumento de Olmillos de Valverde.

La nueva Iglesia de Olmillos de Valverde, construida no hace muchos años.
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Interior de la iglesia.
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Lo que conservan del antiguo Monumento de la Semana Santa está colocado en el presbiterio, detrás del altar.
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En las pinturas del frontal del altar del Monumento se representa a Jesus en el sepulcro, con ángeles a ambos lados.
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El Monumento dispone de baldaquino que contribuye a un mayor ornato, y le da una mayor belleza.
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A un lado vemos pintados a los profetas Isaías y Ezequiel y al apóstol san Pablo.
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Y en el otro están el apóstol san Pedro y los profetas Daniel y Jeremías.
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Jeremías.
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San Pedro.
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Daniel.
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Isaías.
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Ezequiel.
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San Pablo.
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Cristo en el sepulcro.
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Los dos ángeles del sepulcro.
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En Olmillos de Valverde, lo mismo que en Burganes y Santa Colomba de las Monjas, el miércoles de la Semana Santa, también colocan el Monumento. Lo hicieron siempre en la antigua iglesia y lo hacen en la nueva. Pero no está completo, ni se coloca en el mismo lugar. Y es que al desaparecer el antiguo edificio, las tablas y demás objetos del mismo sufrieron algún deterioro y perdieron algo de la belleza que tenían. Pero lo que ahora vemos, colocado en el presbiterio del nuevo templo, es suficiente para mostrar y demostrar que tal vez fuese, cuando estaba completo, el de mayor tamaño y el más llamativo de los tres que hemos visto. Es posible que los tres hayan sido preparados en un mismo taller y hasta por los mismos artistas o artesanos. Sobre la fecha de su confección, según se lee en la inscripción que vemos sobre el altar, parece ser que fue “un donativo hecho por D. Francisco Galende en el año 1910”.

Dispone también de baldaquino rodeado de ángeles entre nubes y otros personajes a su alrededor. En el frontal de la mesa de altar vemos las imágenes de Jesús en el sepulcro y dos ángeles. Y ambos lados de la mesa tablas con imágenes de los profetas Isaías, Ezequiel, Jeremías y Daniel. También las de san Pedro y san Pablo. No existen imágenes de los Evangelistas, como ocurre en el de Santa Colomba de las Monjas.

El deterioro sufrido con el cambio de iglesia y la situación de cierto abandono creada por ello, no ha sido obstáculo para que los vecinos de Olmillos se sientan orgullosos de su Monumento y lo hayan cuidado en lo posible, para poder seguir colocándolo y exponerlo así a la contemplación de todos. Ojalá que puedan contar con alguna ayuda económica, para restaurar las pinturas y realizar las reparaciones necesarias. Y es que se da el caso, precisamente, de que estos tres pueblos, que tienen todo o parte del antiguo Monumento al Santísimo, que era costumbre instalar en la Iglesia por Semana Santa, son pueblos que aman y respetan sus tradiciones religiosas y no religiosas, y celebran muchas de las fiestas, y les agrada recordar y revivir los antiguos oficios, etc.

viernes, 6 de abril de 2012

Semana Santa: el Monumento de Burganes de Valverde.

Interior de la iglesia de Burganes de Valverde el día de Jueves Santo, antes de comenzar los Oficios.
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El Monumento se encuentra en el lado norte del crucero, no lejos del presbiterio y del altar mayor.
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Aspecto que presenta el Monumento, ya preparado para desempeñar su función en el día de Jueves Santo.
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El sagrario, con baldaquino, con ángeles a ambos lados, y otros adornos.
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Pintura que decora el frontal de la mesa del altar del Monumento. Sobre el sepulcro una cruz y delante un ángel, vigilante. Junto a él la corona de espinas y tres clavos.
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Profeta Isaías.
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Profeta Ezequiel.
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Profetas Daniel y Jeremías. Junto a ellos un guardia del Monumento.
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Apostol san Pablo.
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Apóstol san Pedro.
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Fue el primero del que tuve noticia. Lo vi hace unos años. Es el más completo y el que mejor se ha conservado. Destaca tanto por su aspecto arquitectónico, como por la pintura de las tablas y otros elementos decorativos. Su colocación, el Miércoles Santo, corre a cargo de Narciso, el sacristán, desde hace ya muchos años. Últimamente le ayudan otras personas del pueblo que, como él, están ya jubiladas.

Lo colocan en el lado norte del crucero de la iglesia, no lejos del presbiterio y del altar mayor. El Jueves Santo después de los Oficios el copón con las Hostias consagradas se colocará en el sagrario del Monumento hasta los Oficios del Viernes Santo. Durante este tiempo el Santísimo será visitado y venerado por vecinos del pueblo y personas que lleguen de otros lugares.

El baldaquino con sus adornos: columnas, ángeles, etc., bajo el cual se encuentra el sagrario da elegancia al Monumento, lo mismo que las varias tablas pintadas cuyos personajes representados son los profetas Isaías, Ezequiel, Jeremías y Daniel, y los apóstoles san Pedro y san Pablo. No faltan tampoco los dos guardias para vigilar y proteger. Son de menos tamaño que los de Santa Colomba de las Monjas, pero mejor en cuanto a su pintura y otros aspectos.

Destaca también la pintura que vemos en el frontal del altar. Se trata de un sepulcro con la cruz sobre la losa, al lado un ángel vigilante y junto a él tres clavos y una corona de espinas, símbolo, todo ello, de la pasión y muerte de Cristo.

Los vecinos de Burganes se sienten orgullosos de su Monumento, tan especial y distinto a los demás. Y desean darlo a conocer cada vez más, pues no son tantos los que se conservan como él, a pesar de que eran muchos los pueblos que antiguamente lo tenían. Y es que en Burganes, como en pocos lugares, celebran y son amantes de las fiestas, las tradiciones, los oficios antiguos y artesanos, y de algunas costumbres religiosas como esta de colocar cada año por Jueves Santo el Monumento para honrar, venerar y rezar al Santísimo en este día solemne.



jueves, 5 de abril de 2012

Semana Santa: el Monumento de Santa Colomba de las Monjas.

Interior de la iglesia de Santa Colomba de las Monjas.
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"Bajo este arco se colocaban dos grandes telas, que llegaban hasta el suelo.....
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...y en la parte baja, en el centro, se ponía este altar con los guardias a los lados. Desde el altar, y a ambos lados, se iban colocando las tablas con los Evangelistas y demás personajes, algunos de los cuales se pueden ver en las imágenes siguientes:
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San Marcos, Evangelista, con el león, como atributo, a sus pies.
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También a San Lucas se le ve con el libro y la pluma en sus manos.
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San Mateo con el libro en las manos y el toro a sus pies.
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El animal que representa a san Juan es el águila, además del libro, como los demás.
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San Pablo, apóstol, con el libro y la espada, con la que, principalmente y casi siempre, se le representa.
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San Pedro, apóstol, que lleva en sus manos el libro, o rollo de pergamino, y las simbólicas llaves del cielo.
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Un ángel y símbolos de la pasión, como los clavos y una corona de espinas, adornan el frontal del altar del monumento.
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Imagen de uno de los dos guardias que se colocaban a los lados del altar del Monumento.
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Ayer, Miércoles Santo, al pasar por Santa Colomba de las Monjas, me acerqué a la iglesia para comprobar si habían colocado el Monumento. O si queremos lo que de él queda, pues solamente conservan algunas tablas pintadas, y la mesa que hacía de altar. Se trata y denominaban así al altar preparado con adornos diversos, en el que se colocaba, y aún se coloca, el sagrario o tabernáculo con el Santísimo (o la Eucaristía) el día de Jueves Santo.

Efectivamente, allí estaba, en la parte de atrás del interior de la iglesia y frente a la puerta de entrada, como la última vez que lo ví, y creo que desde que lo sacaron del trastero por primera vez, y decidieron exponerlo para que sirva de recuerdo a los mayores y de información para los más jóvenes, que no vivieron, ni viven, tan intensamente las tradiciones y costumbres del pasado. En la iglesia estaba un vecino del pueblo que me contó lo siguiente:

“Antiguamente el Monumento se colocaba en el presbiterio, mejor dicho, debajo del arco que hay allí y del que colgaban unas grandes telas. Las tablas, de dos en dos, se iban colocando a los lados, hasta llegar al retablo central. Y, debajo de las telas que colgaban se ponía el altar flanqueado por los dos guardias. Sobre el altar un sagrario especial para este día, pintado también, para encerrar dentro el copón con las hostias consagradas en los oficios solemnes del Jueves Santo. Todo el retablo mayor se olvidaba en este día para centrar toda la atención en la Eucaristía”.

Ahora al entrar en la iglesia todos ven y recuerdan el Monumento: las visitas al mismo, los adornos que tenía y los rezos y oraciones ante Él, sobre todo lo que se denominaba Estación a Jesús Sacramentado, que consistía en rezar cinco Padrenuestros con sus cinco Avemarías y Glorias y al final de cada uno de ellos la invocación o jaculatoria: ¡Viva Jesús Sacramentado¡ y ¡Viva y de todos sea amado¡. También muchos llevaban velas, individualmente o por familias, que una vez encendidas, las dejaban en el monumento ese día. Después se las llevaban a su casa para encenderlas de nuevo en tiempo de tormentas u otras catástrofes.

En los pueblos y ciudades donde eran varias las iglesias, en cada una de ellas se colocaba el Monumento y se hacía la visita, repitiendo el mismo rezo. Actualmente sigue esta costumbre, no sin los cambios originados por la forma de vida y costumbres.

Las pinturas que figuran en las tablas del Monumento de Santa Colomba de las Monjas, como las de las sargas o telas de otros monumentos, tienen que ver escenas de la vida y Pasión de Cristo: apóstoles, evangelistas y otros personajes. Y no faltan los guardias que custodiaron su sepulcro y que en este caso se colocan a los lados del altar en el que se pone el tabernáculo.

martes, 3 de abril de 2012

Artesano jubilado: Horacio García Losada, de La Torre del Valle.

Horacio García con un carro de viga o par, en minitura, en sus manos.
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Maqueta de la iglesia de su pueblo La Torre del Valle.
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Una casa de las que ha hecho con su técnica, un tanto original, con dos plantas, tronera, amplia terraza y jardines alrededor.
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Horacio es especialista en confeccionar centros de flores secas y pintadas, como éste.
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Grupo de casas, aperos y otros objetos que tiene en el local donde trabaja en sus artesanías.
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También coloca las flores secas y pintadas en cuadros que sirve para decorar las paredes de las casa.
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Cuadro que contiene formas y adornos realizados con maderas de diversa especie.
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Una aventadora, para limpiar el grano, y la rueda del afilador, nos recuerdan oficios muy conocidos por Horacio.
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Esta casa o chalet destaca por su porche, además de los materiales empleados, como en todas las demás.
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Y a esta no le falta la tronera, las chimeneas y el jardín.
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Horacio es uno más de los jubilados o pensionistas de esta comarca de Los Valles de Benavente, que dedican su tiempo libre a elaborar piezas u objetos, capaces de causar admiración en quienes las contemplan, pues lo hacen al modo de los artesanos con oficio.
Es de la Torre del Valle y allí, en su propia casa, me cuenta lo que hace, cómo lo hace y desde cuando se dedica a ello. Con 60 años y pensionista desde que tenía 52, vive y atiende a su madre, ya muy mayor, pues cuenta nada menos que con 101 años. Pero, a pesar de la edad, está llena de vitalidad, experiencia y buen humor. Se la ve con ganas de vivir, de hacer cosas y de seguir dando consejos a su hijo.
Horacio ha tenido varios trabajos a lo largo de su vida: en la fábrica de piensos Purina, ubicada en Pobladura del Valle, y en la empresa Ferrovial, cuando se estaba construyendo la autovía de la Coruña, que pasa al lado de su pueblo. También ayudó a un familiar suyo en la bodega-restaurante La Gruta, muy conocida y visitada. Pero en lo que más trabajó, nada menos que 22 años, fue como pastor, cuidando a sus propias ovejas. Éste fue, sin duda, el oficio que más intensamente vivió, que le permitió ese contacto directo, permanente y diario con el campo y la naturaleza, y le sirvió y proporcionó gran parte de los conocimientos o sabiduría práctica de los que se sirve en algunos de los trabajos que ahora realiza.
“Cuando estaba de pastor vi un carro en miniatura y me dije ‘Esto lo tengo que hacer yo’ y así fue como comencé. Y luego tallaba maderas en el campo, haciendo en ellas figuras y dibujos diversos. Siempre tenía la navaja a mano, pues con ella hacía las cosas”.
Efectivamente conserva su primer carro y los primeros trozos de madera que talló, estando en el campo. A partir de esto siguió haciendo maquetas y otras piezas u objetos en miniatura, algunos de las cuales tiene en la casa donde vive. Pero su pequeño taller, con el tornillo y otras herramientas necesarias, están en otra casa desabitada, no lejos de la anterior. Aquí tiene también gran parte de su producción artesana en miniatura: carros, aperos y maquinaria agrícola; iglesia y ermita de La Torre del Valle, y varias casas de una o dos plantas, algunas de ellas con tronera.
Sus casas o chalets llaman la atención, además de por la forma y tipo de construcción, por los materiales empleados, al menos algunos de ellos. Y es que, además de utilizar piedra, madera de ocume y otras, cartón, hierro, alambres y cristales, reviste casi todas las paredes con filtros de cigarrillos pegados unos a otros, barnizados antes de la colocación. Cosa curiosa, original y llamativa, pues son miles de filtros los que Horacio ha utilizado en sus maquetas en miniatura. Y miles de ellos tiene recogidos y preparados ya para futuras construcciones. Pero ¿de dónde procede tanto filtro?.
“Mire, yo trabajé en el restaurante-bodega La Gruta y, al finalizar el día, recogía con cuidado y la mayor limpieza posible, los filtros en buen estado de los cigarros, y los limpiaba y barnizaba, para emplearlos en mis maquetas”.
Ahí queda eso. Distinto, original, y que a muchos sorprenderá. Todo es fruto de la imaginación y maquinación de Horacio, a quien se le da muy bien el invento de artilugios que le sirvan para algo práctico. En este caso tenemos la maquetas que nos muestran belleza, al tiempo que originalidad.
Además observo que algunas de sus casas y chalets tienen a su alrededor jardines con flores de variados colores. Es que a Horacio también le gustan las flores. Pero las flores del campo, naturales, las que se ven y se huelen en las tierras y a las orillas de los caminos. Fueron muchos los años de pastor y tuvo tiempo de ver, admirar y conocer la abundante flora silvestre, que tenía siempre cerca. Y ahora le da por recogerlas, dejarlas secar y luego pintarlas, a su modo, con los colores que él cree apropiados.
“Nadie me ha enseñado a hacer esto, dice él, ni ninguna de las otras cosas, pues hago lo que se me ocurre y como a mí me parece bien, y a veces sobre la marcha. Lo de las flores me viene de tanto estar en el campo, pues, al verlas, pensaba siempre si se podrían conservar, cuando estuvieran secas. Y lo he comprobado ahora. La cosa es muy fácil. Voy al campo, escojo y cojo flores variadas, en casa las agrupo, según me parece, y luego las pinto”.
Una vez más advertimos en Horacio, como en otros jubilados que realizan o se dedican a esto, cierta sabiduría y capacidad de invención y creación, no dada a todos los mortales. Aparte de la entrega y dedicación casi plena a ello.
Por allí tiene centros, tiestos y algunos cuadros con marco de madera, con flores secas pintadas, y dos o tres televisores, vacíos de su maquinaria interior y rellenos de flores, como queriendo que sean vistas y admiradas por todos.
Las herramientas que utiliza no son muchas. Para cortar la flores tijeras principalmente, y para lo demás se sirve de un banco de carpintero con un pequeño tornillo que tiene en el lugar en que trabaja, junto con otras herramientas, algunas de ellas propias del carpintero. Por allí están también las pinturas y los pinceles que utiliza para pintar las flores y algunas de las maquetas.
Horacio, además de acompañar y atender a su madre, sigue con sus maquetas y sus flores. Ahora está haciendo otro carro en miniatura y por allí tiene muchas y variadas flores sueltas pintadas, preparadas para agruparlas del modo más vistoso posible. Hace sus cosas para admirarlas, en primer lugar él mismo, y luego sus familiares y amigos. No le desagrada que lo vean las demás personas, razón por la que aparece hoy en las páginas de La Voz de Benavente y Comarca.
Ha expuesto ya sus maquetas, hace años, en el teleclub de su pueblo la Torre del Valle, pero en ningún sitio más.
Horacio, cuando no tiene otra cosa que hacer, pasa sus mejores momentos con sus flores y sus maquetas en miniatura. Pero no se olvida de su madre, con la que vive y ha vivido toda su vida. Ella, que es muy mayor, de vez en cuando, le recuerda el pasado que a él no le tocó vivir, y él disfruta con su recuerdo, al tiempo que aprende, pues sabe muy bien aquello de que “del viejo el consejo” y también lo de que “la experiencia es gran maestra y hasta sin hablar te enseña”.