jueves, 6 de septiembre de 2012

José Gabella García, artesano, de Pobladura del Valle.



Varias personas durante la visita a su exposición, en Pobladura del Valle.
Programa de la Exposición con su fotografía y una breve biografía.

Aunque, en la actualidad, reside en Zaragoza, no pierde el contacto con el pueblo en el que vivió durante su niñez y juventud, Pobladura del Valle, y a donde viene con frecuencia, sobre todo en vacaciones. Ni tampoco con la provincia cercana de León, a la que se siente muy ligado, pues nació en Sahelices de Sabero y estudió en Veguellina de Órbigo.
Precisamente cuando estudiaba en el Colegio de Veguellina dejó ver y mostró a los profesores sus habilidades y cualidades para las manualidades, consiguiendo ya por entonces algunos premios. Se dedicó durante varios años a realizar trabajos en miniatura, con materiales diversos: pizarra, madera, hueso, etc.
A partir de 1975, ya en Zaragoza, realiza principalmente talla de pequeñas esculturas, participando, junto con otros, en algunas exposiciones
José Gabella participó en la Exposición celebrada, el día 19 de Mayo,  en Pobladura del Valle durante el I Encuentro de Artesanos organizado por la Asociación Cultural Nazaret de Torno y Talla. Ya he publicado en este blog un reportaje sobre dicha exposición.
Lo que pudimos ver, en esta ocasión, de este artesano- artista, y lo que más nos ha llamado la atención fueron sus pequeñas esculturas, hechas sirviéndose de las raíces de diversas plantas y árboles: Peral, olivo, almendro, brezo, alibustre, etc. El artista, aprovechando la forma que presenta la raíz, ha ideado y realizado la escultura. Precisamente aquí está toda su originalidad y sabiduría.

Bota hecha con nudo de encina y olivo. Aguadora, con rama de alibustre. Y otros objetos.
En primer término Hemarfrodita. Con raiz quística de almendro.
Tomando el sol. Rama de olivo con brezo. Y Galgo corredor hecho con raiz de olmo con sabina.
Palamatoria. Raiz de brezo con boj.

Pareja.
También exponía algunos escudos de los apellidos familiares, numerosos bastones con llamativos adornos, y otros objetos o útiles domésticos.



Escudo de los apellidos Gabella- Portero.

José Gabella mostrando al público uno de sus bastones.

 Desde el año 1990, junto con otros artesanos y artistas aragoneses, participa en el mercado que se celebra en la Plaza de Santa Cruz de Zaragoza, exponiendo sus obras. Y acude también a otros lugares de la ciudad. 


lunes, 3 de septiembre de 2012

Muga de Sayago: La ermita de Fernandiel.




La ermita se encuentra en una dehesa muy cerca del pueblo.

El pásado sábado viajé a la comarca de Sayago. La finalidad principal era visitar el pueblo de Muga, y sobre todo la ermita de Fernandiel, que se encuentra a las afueras del mismo. Tenía noticias sobre ella y había visto, con anterioridad, imágenes de las pinturas, del siglo XVI, que decoran los muros de su interior. 
El viaje me permitió también saludar al sacerdote y profesor, ya jubilado, José Luis Gutiérrez Maceres, compañero en la Universidad de Salamanca durante los años de nuestra especialización en Estudios Clásicos. Él, que ya estaba ejerciendo de sacerdote, se iba desde Muga todos los días a clase. Así hizo  hasta finalizar la carrera. Y después se quedó allí, dedicado plenamente a la enseñanza y educación, en la residencia y colegios e instituto que hay en la localidad, y de cuya creación y promoción ha formado parte, y ha sido protagonista.
José Luis, en la actualidad, sigue encargado de la parroquia y también de la ermita y nos facilitó la visita a la misma, que suele estar cerrada, excepto cuando se celebra en ella algún acto religioso o alguna romería.
Se encuentra en una antigua dehesa, denominada Fernandiel, en donde existía una aldea que perteneció al Cabildo de la Catedral de Zamora, tal vez desde los primeros tiempos de la repoblación. En 1216 pasó por venta al Arciprestazgo de Sayago. Trancurrido un tiempo volvió a ser de nuevo propiedad del Cabildo y en 1403 quedó deshabitada, estando en esta situación hasta el siglo XIX en que, con la desamortización, pasó a manos particulares. Concretamente la adquirió el conde de Miraflores. En 1924 el conde se la vendió al pueblo, que parceló las 367 hectáreas de extensión que tenía.
La ermita está cerca del pueblo y su construcción es de piedra, de granito, como casi todos los edificios antiguos  de Sayago. De forma rectangular y de una sola nave, destaca a lo lejos su pequeña espadaña con dos ventanas, la más grande y principal para colocar la campana. Aunque en su exterior parezca una construcción barroca que podía datar del siglo XVIII, sin embargo, por los arreglos y reparaciones que ha tenido, presenta formas y señales en algunos sillares del muro de la cabecera y en otras partes, que indican que pudiera tratarse de un edificio del siglo XIII, de traza románica. Pudiera ser el vestigio que queda de una antigua aldea medieval que hubo en ese lugar. En el muro de la cabecera y encima de la puerta de entrada hay un escudo con estrella y flor de lis que seguramente pertenece al patrocinador de alguna de las reconstrucciones. 

Cabecera de la ermita.
La Espadaña.
Escudo en el muro de la cabecera.
Puerta de entrada, con arco de piedra y esculdo.
Una de las ventanas en aspillera, de la ermita.
 Pero si su exterior nos llama la atención, y por el lugar en el que se encuentra, amplio campo y no lejos de los encinares, mucho más su interior, por las pinturas que decoran casi toda la superficie de sus muros, uno de los pocos casos que se conocen por estas tierras y que sin duda alguna sorprenderá a todos los que la vean.
Las pinturas seguramente que fueron realizadas por varios autores a lo largo del siglos XVI. Las del Presbiterio, ricas en color y más destacadas, representan a profetas y apóstoles, distribuidos en dos niveles. Se identifican por las cartelas con sus nombres y largas filacterias con frases, algunas en latín.


Vista general del interior de la ermita, con las pinturas de sus muros.


Las pinturas del Presbiterio representan a profetas y apóstoles, como indican las cartelas.

Profetas y apóstoles con filacterias.


Y en las pinturas de la nave, y del arco triunfal, que la separa del presbiterio, en tono ocre y más elemental, trazaron escenas de los Evangelios, la Santa Cena y la Oración del Huerto, entre otras. Además se ven imágenes de algunos santos y santas. Aunque se desconoce el nombre de sus autores, sí se sabe lo que pagaron por sus trabajos.

En las pinturas de la nave se ven escenas de los Evangelios e imágenes de santos y santas.

La Santa Cena.
La Oración del Huerto.

Algunas pinturas de la nave están más deterioradas.
Santa Lucia con un plato con sus ojos, y Santa Apolonia con unas tenazas. Las dos con la palma del martirio.


Las pinturas de la ermita de Fernandiel, aunque no se trate de obras maestras, tienen gran importancia y seguramente que así pensarán todos los amigos y amantes del Patrimonio. No han sufrido alteración ni manipulación alguna, pero con el paso del tiempo se han deteriorado por lo que debería procederse a su restauración. Solamente así se conseguirá que no se destruyan totalmente y que generaciones futuras las puedan contemplar. Pinturas de este tipo aparecen, en ocasiones, en las iglesias o ermitas, al eliminar enfosados o al desmontar retablos para su reparación. Este tipo de pinturas, dentro de su sencillez, muestran una gran belleza. Servían de catequesis e información para los cristianos cuando asistían a los diversos actos religiosos, que giraban en torno al evangelio, o en las fiestas  de los santos y santas.
Además de las pinturas vemos, sobre un pequeño retablo barroco, del siglo XVIII, a la Virgen de la Asunción, a quien está dedicada a la ermita. Se trata de una imagen de la Virgen con el Niño en brazos, del siglo XVI, atribuida al escultor zamorano Juan Falcote, autor también de algunas otras obras en la capital. Se le tiene gran devoción a lo largo del año, pero sobre todo cuando se celebra la romería por Pascua de Resurrección. En la parte posterior de la ermita hay un armario con algunos libros y documentos relacionados con ella. Y a su lado varios exvotos donados u ofrecidos por devotos, en agradecimiento a favores que creen haber recibido de la Virgen.


La Virgen de la Asunción se encuentra en un pequeño retablo barroco.


Pila de agua bendita.
Armario con libros y otros objetos de la ermita. Sobre él varios exvotos.
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(Algunos datos han sido tomados del artículo “Rutas y excursiones”- La Opinión de Zamora 2-9-2012).

jueves, 30 de agosto de 2012

Miguel Cachón Rodríguez, artesano jubilado de Santa Cristina de la Polvorosa.


Miguel, trabajando en sus manualidades, en el taller de su casa de Santa Cristina.
            Está comprobado que la jubilación para algunos es una etapa más de su vida en la que no cesa la actividad. Lo demuestran las personas que, como artesanos, están apareciendo en las páginas de este blog. Hoy es Miguel Cachón Rodríguez que, en silencio y sin ruido, trabaja en su afición, un tanto original, en el taller que tiene en su casa de Santa Cristina de la Polvorosa.
“Aquí nací y me he criado, y aquí fui a la escuela hasta los catorce años, porque después me puse ya a trabajar en el campo. Había que ayudar en casa, que éramos muchos y los ingresos económicos, por entonces, en casi todas las familias, no eran muy abundantes. Pero fuimos saliendo adelante, tanto mis cinco hermanos como yo”.
Santa Cristina ha sido y es el pueblo de su vida, y de su trabajo. Tan sólo fue emigrante durante tres años, dos en Álava y uno en Francia, pocos si le comparamos con gran parte de los habitantes de esta comarca, que se vieron obligados a hacerlo durante muchos años en una época en la que la situación del país era muy distinta.
Miguel comenzó trabajando para los demás en el campo y también en la construcción: “Una de las obras que hicimos nosotros, (dice él refiriéndose a la empresa y demás operarios), fueron las acequias del canal del Esla desde Villamañán hasta Villanueva de Azoague, allá por el año 1970. Y luego algunas otras obras”.
Pero luego se dedicó ya plenamente a labrar las tierras hasta los 60 años en que se jubiló. En esta nueva etapa de su vida, una persona observadora, inquieta y trabajadora como él, llegó a sentirse aburrido y sin saber cómo pasar su tiempo libre. Entonces le dio por hacer un carro de varas en miniatura. A partir de aquí vino todo lo demás. Ahora, a sus 87 años, se siente satisfecho de lo realizado y piensa y actúa como un artesano jubilado, con sabiduría práctica y cierta profesionalidad.
Vive en una casa de planta baja, cerca del río y no lejos del puente, al que conoció cómo era antes, y del que pudo ver las distintas reparaciones a lo largo de los años. El antiguo puente ha sido una de sus primeras piezas. Lo ha reproducido varias veces, pues uno tiene él y otro se encuentra en la nueva residencia para personas mayores, que existe en Santa Cristina.
El antiguo puente de Santa Cristina, una de sus primeras obras.
            Lo que ha hecho y hace Miguel tiene que ver con su vida y los trabajos realizados a lo largo de ella. Después de tantos años ha funcionado bien su memoria y su imaginación creativa. Ha dejado recuerdos de su infancia en algunos juguetes que tiene por allí: unos caballitos, carracas, D. Quijote, Sancho y los molinos de viento, etc; a su pueblo Santa Cristina ha dedicado mucho tiempo, a tenor de las piezas u objetos que ha confeccionado, pues, además del puente, tiene maquetas de la iglesia y de su retablo, (sobre este no se le escapa detalle), la casa de cultura actual, el ayuntamiento, su propia casa, etc.; también son muchas las que están relacionadas con su vida de labrador (como a él le gusta decir), objetos relacionados con la agricultura: carros varios, máquinas segadora y limpiadora, la trilla y el trillo llevado por mulas o vacas, aperos diversos, etc.

Grupo de edificios del pueblo: puente, iglesia, retablo y ayuntamiento.

Escenario donde representaban comedias.


Juegos y recuerdos de la infancia.
Aperos y escenas relacionadas con la agricultura.
Carro de varas con caballo.
Carro de viga o par, con bueyes.
Tracto y remolque.

La máquina de coser que tenía en su casa.


            Fruto de algunos de sus viajes son las maquetas de la iglesia de Urueña, algunos edificios de Zaragoza y de otras ciudades, y hasta un poblado de creación propia y muy original en cuanto a casas, iglesia y el cercado del mismo. 

Poblado ideado y hecho por él.
            No suele servirse de fotografías ni de dibujos para hacer las cosas, pero me cuenta lo siguiente: “Mire, esta maqueta es de la iglesia Santa María Novelle de Florencia (Italia). Resulta que un día estaba viendo los ‘santos’ de este libro (con esta palabra se refiere a las ilustraciones), vi la fotografía y no sé por qué, me gustó y dije: -Esto lo tengo que hacer yo. Y así fue, la dibujé e hice la maqueta, que usted ve”.
            Efectivamente, si la maqueta está bien, no menos el dibujo que hizo de la iglesia y que me enseñó junto con el libro de primero de Bachillerato.


Miguel viendo el libro de Bachillerato, cuya fotografía y dibujo le sirvió para hacer la iglesia de Florencia.
Miguel junto a la iglesia de Santa María Novelle.
También hizó estos edificios, sirviéndose de fotos o dibujos.
            Miguel no me puede concretar el tiempo dedicado a cada una de las piezas, pues trabaja a ratos, sin ajustarse a ningún horario. Lo cierto es que casi todos los días emplea ocho o diez horas. Incluso trabaja algo los domingos antes de la hora de la misa. También va con frecuencia al bar, sobre todo por las tardes, y todos los días, durante una hora, da un paseo con su mujer. Los dos, a su edad, lo necesitan, lo mismo que la comida o el entretenimiento diario. Pero él no olvida su afición artesana.
Las maquetas sobre su pueblo son las que más tiempo le han llevado y en las que más se ha esmerado. Celia, su mujer, la que mejor conoce y admira lo que hace, dice lo siguiente: “La iglesia le llevó mucho tiempo. Cuando estaba a punto de terminarla, (sólo le faltaban las campanas, las luces y la veleta), le llamé para comer, no una sola vez sino varias, y no me hizo ni caso. Ese día no comió hasta que la terminó. Pero ahí la tiene. Le ha quedado muy bien”.

Hacer la iglesia del pueblo y sus retablos le llevó mucho tiempo.
Retablo central de la igesia de Santa Cristina.
            Celia tiene razón. Lo que le pasó a Miguel suele ocurrir a los artistas, escritores, etc., y también a los artesanos jubilados que, como él, están inmersos en lo que están haciendo, porque les gusta. Y además son perfeccionistas. Su obra les absorbe hasta el punto de olvidarse de la hora, de la familia, e incluso de la comida, a la que son capaces, sino de renunciar, sí de demorar el tiempo que sea necesario, como en este caso…
            Los materiales que utiliza son principalmente la madera, de chopo, pino y algo de encina, de la que dispone con facilidad, y algún hierro, o alambres, cuando la pieza lo requiere. Y por supuesto, dispone de pinceles y pinturas de varios colores, pues barniza o pinta casi todas las piezas.
            En el taller que tiene en un local próximo al lugar en que estamos dispone de banco de carpintero, con tornillo, y no lejos están las herramientas necesarias para trabajar con la madera: serruchos, azuela, cepillo, limas, hachas, etc. Cuenta desde hace tiempo con una lijadora y un taladro eléctricos que le facilitan la tarea.
            Junto al banco hay una amplia mesa con la última obra, aún sin concluir. Se trata de un Belén, que ha estado haciendo durante las Navidades pasadas. De momento solamente la escena principal del mismo, el portal y las imágenes de la Virgen, San José y el Niño. No le ha dado tiempo de hacer la mula y el buey, pero seguirá con él para tenerlo terminado y colocarlo en casa en la próxima Navidad. “Esto si Dios quiere y la salud no me falta, dice Miguel, pues ya tengo 87 años y a esta edad hay que cuidarse un poco más, pues te puede ocurrir cualquier cosa. Pero, bueno, de momento me siento con fuerzas para seguir con ello”.

Belén de Navidad, una de sus últimas obras.
            Le animo a que lo haga y ojalá lo termine y lo podamos ver expuesto en algún lugar. Sería el primer Belén artesano hecho por un jubilado de un  pueblo de Los Valles de Benavente, Santa Cristina de la Polvorosa.