jueves, 18 de octubre de 2012

Palomares en Cerecinos de Campos.



Paisaje con palomar en medio de los sembrados.

Cerecinos es uno de los pueblos de la provincia de Zamora, ya en tierra de Campos, en el que eran muchos los palomares existentes hasta hace no muchos años. Predominan los de forma cuadrada, algunos hasta con cuatro tejados, y con patio interior. También los hay en el corral de algunas casas habitadas. Los cambios en  los cultivos, las industrias agrarias y las formas de vida han conseguido el abandono de muchos y seguidamente su destrucción total o en parte, como se ve en algunas de las imágenes
Con cuatro tejadillos, y en ruinas.
Con tres tejados, adornos con pináculos  y en proceso de destrucción.
Detalle de la parte superior del palomar anterior.

 
Cuadrado, patio interior y pequeñas troneras. Restaurado con ladrillos.
Cuadrado, de tapial, patio interior, y adornos con ladrillos.

Cuadrado, de tapial y con patio interior.
Con un solo tejado, mirando hacia el este y en ruinas. Con pared para los vientos.
En el patio de una vivienda. De ladrillo, con troneras y otros adornos.
Pero en Cerecinos siguen en pie y en usos todavía, varios palomares, gracias solamente a que algunos vecinos, agricultores y amantes de estos edificios y de sus habitantes, los han reconstruido, o construido de nuevo. Además se encuentran en medio de los campos sembrados de cereales, verdes en la primavera, y secos cuando los calores y el verano anuncian ya la recogida de la cosecha. 



Cuadrado, de reciente construcción o reparación.
Detalle del palomar anterior.

Otro palomar cuadrado en medio de un campo sembrado, y con diversos colores en el paisaje de fondo.
Palomar circular con patio interior y pared adornada con ladrillos a modo de cenefa.
Circular con patio interior y pináculos de adorno.
Detalle del palomar anterior.

Y es que Cerecinos, si atendemos a su etimología, además de ser pueblo de campos de cereales, lo era, y sigue siendo, pueblo de árboles entre los que destacaría, tal vez, el cerezo, cuyo fruto producían en abundancia, más en el pasado que en la actualidad. Y sus cosechas de trigo y otros cereales, como de cerezas, eran muy conocidas por toda la comarca y provincia. Pero también muchos vecinos obtenían unos beneficios de sus palomares y por eso cuidaban los edificios y atendían con esmero a las palomas y los pichones.


martes, 16 de octubre de 2012

Artesano jubilado: Antonino Delgado, de Villaobispo de Vidriales.





Antonino junto a algunas  de sus esculturas, un gran relieve en madera de nogal, y dos pequeñas imágene
        
            “Nací y he vivido siempre en Villaobispo de Vidriales, aunque intenté salir fuera en varias ocasiones, en busca de un trabajo que fuese de mi agrado y sobre todo que me asegurase poder sacar adelante a la familia y me diese la oportunidad y posibilidad  de desarrollar mis cualidades, pues ya desde niño me sentía atraído por este mundo del arte. Pero las cosas no fueron como yo quería y mis viajes a Gijón, Madrid, y otras ciudades en busca de ese trabajo no salieron bien. Incluso en Zamora, la capital de esta provincia, a los 12 años quise matricularme en la Escuela de Artes y Oficios y me ofrecieron ir a trabajar a la Granja Florencia. Como en este lugar se trataba de trabajos relacionados con la agricultura y la ganadería, decidí quedarme en mi pueblo y en mi casa para hacer lo  mismo”, me cuenta, de entrada, Antonio.
            Huérfano de padre a los cuatro años, una vez terminados sus estudios primarios, tuvo que ponerse a trabajar muy pronto. Y también pronto empezó a tallar la madera. Cogía tablas y palos y con la navaja hizo algunas de las piezas.
            Ha trabajado, no solo en la agricultura y algo de ganadería, sino también en la construcción y, sobre todo, en la venta ambulante durante muchos años. Esto era un complemento a los demás ingresos. Iba en bicicleta o a caballo por los pueblos de la comarca a vender abonos minerales, insecticidas y veneno para los sembrados y viñedos. Lo hacía muchos días después de terminar los demás trabajos, aunque fuese de noche, incluso los domingos. “No me quedaba más remedio, si quería sacar adelante a mi familia”, repite de nuevo. Y es que Antonio se casó y tuvo cinco hijos. Los años eran difíciles y los ingresos, a veces, pocos. Sus hijos están ya colocados y algunos con estudios superiores y buen trabajo.
            Tiene ya más de 75 años y ejerce de jubilado. Ahora puede dedicar más tiempo a sus aficiones artísticas y a desarrollar aquello que sentía desde la niñez y que entonces le fue imposible realizar. Me enseña lo que ha hecho y lo que está haciendo: esculturas de bulto redondo, relieves, marcos para cuadros, perchas, maquetas, etc.
            En sus tallas utiliza la madera, principalmente la de negrillo, aunque tiene algunas con madera de cerezo o encina. En los marcos para cuadros es un tanto original y creativo, pues los hace con papel, trozos pequeños de papel en forma cuadrada o triangular, que pega y luego barniza o pinta. En las perchas utiliza madera, y patas o cuernos de animales para colgar los objetos. 

Otros dos de sus relieves.



Paloma nirando hacia atrás.
El Caballito de Antonino, una de sus primeras obras.
Perchero de madera y con aptas de animal.
Marco de cuadro para fotos o pintura, hecho con papel.
Antonino mostrando las herramientas con las que trabaja.

            Casi todas sus esculturas o relieves están hechas sobre una pieza de madera única y entera, solamente, sin uniones o añadidos.
            “A mí nadie me ha enseñado, todo es idea mía. Lo hago como se me ocurre y puedo. Siento no haber estudiado, para poder haber sido algo distinto en la vida, al menos en esto que fue siempre mi afición”.
            Su mujer, que está presente, asiente a todo y añade: “Si es que tiene vicio con esto. Está todo el día pensando a ver qué hace. Antes no podía por los niños, el trabajo en el campo y demás. Pero ahora tiene más tiempo, aunque también, al ser mayor, va fallando algo la vista, el oído, la memoria, etc.”
Pero, a pesar de lo que dice su mujer, veo que Antonino se encuentra física e intelectualmente bien. Estoy seguro de que puede seguir con sus aficiones artísticas, y ojalá que lo siga haciendo, durante muchos años. No son muchas las personas dotadas de cualidades de este tipo, aunque nada se consigue tampoco sin gran esfuerzo.
            Aunque en principio no era muy conocido, pues ni sus propios vecinos sabían lo que hacía, ahora sí lo es, pues ha expuesto ya algunas de sus piezas en Camarzana de Tera, en Benavente hace años, y en Zamora y Salamanca, en ferias o exposiciones colectivas de artesanos populares.
            Se muestra dispuesto a participar de nuevo en una exposición de artesanía de jubilados como las que el CEB “Ledo del Pozo” organizaba durante la semana de la FEMAG en Benavente.
            Antonino vive, desde hace años, en una casa nueva que da a la carretera y en la que él mismo trabajó como albañil, un oficio que añadir a los otros desempeñados a lo largo de su vida. Y aún más, ahora está preparando la verja que colocará alrededor de la vivienda. Él corta las barras de hierro, las dobla, suelda y coloca. Pero sin olvidar sus trabajos artísticos con la madera: esculturas y relieves, porque eso es lo suyo y en lo que desde que era pequeño está pensando constantemente.
            Para hacer sus imágenes y demás piezas tiene casi siempre delante alguna fotografía o dibujo, que le sirven de base, aunque al final las hace más según le parece a él, que como se muestra en la fotografía. Algunas de ellas, tal vez la más originales y a las que tiene mayor aprecio, son las de San Miguel, la Virgen de Fátima y la Milagrosa.


Grupo de escuilturas y relieves .

            No me puede decir con exactitud el número de horas de trabajo que dedica o ha dedicado a cada una de las piezas, porque lo suele hacer en momentos diversos del día y a veces parte de la noche. Respecto a esto, dice que, antes de jubilarse, lo hacía casi siempre después de regresar del trabajo del campo o de la venta, más o menos desde las diez hasta las dos o las tres de la madrugada. Había que descansar también, pues le esperaba el trabajo del día siguiente.



                                                                      


domingo, 14 de octubre de 2012

Los "Carrettos" Sicilianos.




Aunque lógicamente se trata de tradiciones distintas, el celebrarse hoy la fiesta de la vendimia en Toro (Zamora) con el desfile de carros engalanados, y hace poco tiempo el día de san Froilán en León, también con desfile de carros y pendones por la calles del casco antiguo, me ha recordado a los carrettos sicilianos que pudimos ver no hace mucho tiempo al viajar a la isla y visitar algunos de sus pueblos  y ciudades. Cuando esta tradición estaba en vigor el desfile de estos carritos por las calles sería de gran belleza y vistosidad.
Se ven carritos en muchos lugares de Sicilia. Y no sólo en museos etnográficos sino también en patios de casas, restaurantes, hoteles y  jardines. Y, por supuesto, en las tiendas de regalos y recuerdos para los turistas. Porque, aunque la forma antigua en cuanto al uso y celebración haya desaparecido, la tradición perdura, de forma distinta.
El carretto siciliano nació como medio de transporte de mercancías y de personas. Después se dedicó más al uso de los vendedores ambulantes. Lo cierto es que está ligado a la historia económica y cultural de Sicilia y con el tiempo se ha convertido en uno de los iconos representativos de la isla, de tal modo que al comienzo del siglo XIX existían más de 5000 ejemplares.

Carrito en el patio de un hotel restaurate.
Otro carrito con parecidos colores y decoración.
Tabla pintada de diversos colores y formas, con escena de caballero en el centro.
Sobre este carrito varios útiles antiguos.

En ellos se transportaban mercancías diversas.
Pequeño carrito de adorno.
La característica general en los carrettos es la abundancia y variedad de colores con los que los adornan: rojo, amarillo, verde y  turquesa que evocan la pasión, el mar, el sol y los cítricos tan comunes y abundantes en la isla. Con estos colores representarán en las tablas y demás espacios del carrito la Historia de las Civilizaciones que han habitado la isla desde los griegos y romanos hasta los árabes, bizantinos, normandos, aragoneses y españoles.
Cada artesano emplea una técnica de decoración. Y entre los adornos no faltan figuras de soles, lunas, estrellas, flores, frutas, etc. junto a monstruos mitológicos, caballos, ángeles y figuras humanas, en muchas ocasiones luchas de caballeros que recuerdan pasadas gestas. También se ven representaciones con connotaciones religiosas comparables con los exvotos, u otras en las que se advierte el uso de exorcismos para alejar el mal.  

Y no faltan santos, santas y vírgenes, con sus milagros y leyendas, adornando  los carrettos. De hecho en las fiestas patronales se celebran desfiles en los que también llaman la atención los adornos que lleva la vestimenta del carretero y la del mismo caballo o mula que tira del carro.
Hasta el año 1960 era frecuente encontrar los carrettos en cualquier lugar de la isla con su carretero al lado entonando canciones típicas. En la actualidad al utilizarse otros medios de automoción no se pueden ver carrettos a no ser que se celebre alguna fiesta de tipo religioso o simplemente folclórica. 
Sin embrago los nuevos tiempos han permitido adaptar el estilo de los carrettos sicilianos  a los  nuevos medios de transporte. De ahí que se vean también motos, coches y furgonetas pintados y adornados del mismo modo que los antiguos carrettos, causando la admiración de quienes los contemplan.
Moto vespa decorada como los carritos. (Sicilia.es)

También esta motocarro está pintada como los pequeños carros.(Sicilia.es)
 
 


sábado, 13 de octubre de 2012

Músicos callejeros en Salamanca.



A lo largo del año 2011, y en lugares distintos de la ciudad de Salamanca, principalmente en algunas  calles y plazas del casco histórico y antiguo, pudimos ver, y al mismo tiempo escuchar, a personas, o grupos de personas, que tocaban instrumentos musicales. Esto mismo ocurre en otras muchas ciudades de mayor o menor población, e incluso menos importantes desde el punto de vista artístico, y por supuesto turístico. Personalmente no hablé con ninguno de ellos, aunque sí escuché durante un tiempo su música, que ya desde lejos se oía, al pasar o pasear por esos lugares. Por cierto que diferentes sonidos y melodías, pues diferentes eran los instrumentos. En algunos casos muy agradables al oído, y merecedores de atención y detención, como los que ofrecía el violinista colocado, muy a menudo, en la Plaza del Corrillo.

Plaza del Corrillo.

 Estos músicos constituyen una categoría dentro del arte callejero. Los hay de una sola persona con su instrumento: violín, clarinete, guitarra, flauta, etc. O de varias, cada una con el suyo.

Plaza de Anaya.
Calle Toro.

Plaza de Juan XXIII.

 
Calle de La Compañía

CalleToro.
Incluso algunos son cantantes, o fingen serlo, como  el que vimos un día en la Plaza de los Bandos. Al parecer tenía grabadas sus canciones, casi todas pasodobles y tangos,  y se oían por un potente altavoz. Pero él, con el micrófono junto a su boca, actuaba como un verdadero cantante, y con ello conseguía agradar al numeroso público que se detenía al pasar por la calle.

Cantando pasodobles en la Plaza del Liceo.
La mayor parte de los músicos callejeros lo hacen para conseguir algún dinero extra y en algunos casos dineros parta sobrevivir. Prueba de ello es que algunos son inmigrantes y sin  techo, personas en paro o de clase social baja, y con verdadera necesidad. Hay también algunos mendigos que aprenden a tocar un instrumento para aumentar así su recaudación o ganancia.
Algunos son estudiantes, e incluso profesionales, que quieren y necesitan  actuar ante el público para ser conocidos,  o dar  a conocer su música  a la gente. Otros, sobre todo los estudiantes, lo hacen para sacar un dinero y poder realizar un viaje o realizar cualquier o actividad de tipo cultural o lúdica.

Plaza de los Bandos.
Calle Zamora.
Plaza de las Agustinas.
Calle Tentenecio.
Calle Tentenecio.

Plaza Juan XXIII.
Buscan lugares en calles y plazas por donde pasa gran número de personas. Preferentemente lo hacen en las zonas peatonales, a la entrada de los centros  comerciales, o cerca de las estaciones de transportes de viajeros.
En algunas ciudades existe una legislación al respecto, normas legales referidas a ellos. Incluso les señalan los lugares para actuar, tipo de musica, numero de personas, etc., y hasta les obligan a registrase en las oficinas locales del municipio. De hecho, en algunos ayuntamientos de España son muy respetados. Y es que algunos músicos son muy buenos y muy originales. Lo que ocurre es que no han tenido suerte en la vida y se han visto obligados a tocar en la calle para poder vivir.
Los hay que se saltan las normas y ejercen, a su aire y de modo pasajero, su oficio. Se suelen colocar cada día en lugar distinto, siempre que actúen varias jornadas. Pero suelen cambiar con frecuencia de lugar y de ciudad. Piensan que la novedad en cuanto a las personas que les ven y escuchan puede proporcionarles más ingresos.
Los músicos callejeros son bien recibidos en muchos lugares y no causan molestias, sino todo lo contrario. Su música agrada y deleita a los ciudadanos. Música que es muy variada, pues puede ser clásica, pop, jazz y folclórica. Por supuesto que también tocan y cantan, como en el caso citado anteriormente, pasodobles y tangos, muy del agrado de personas mayores. Ellos saben muy bien lo que gusta o disgusta al público, que pasa m pasea por las calles y plazas de la localidad.
Todos se alegran y lo agradecen, casi siempre con algún gesto, cuando algunas personas que les escuchan, de lejos o de cerca, se detienen y depositan unas monedas en el recipiente que tienen a su lado. 
Tocan para todos, para los que viven en la ciudad y para los que vienen a visitarla, sean españoles o extranjeros. Y cada vez son menos las personas que se sienten molestas con su música, música que no es ruido, como el que se nota a veces en las calles y plazas de algunas ciudades y pueblos durante las fiestas o los fines de semana, sobre todo en los meses del verano