sábado, 10 de noviembre de 2012

Benavente recuerda a los Condes: Escudos.


Muchas personas, vecinos y forasteros, dicen, o han oído decir, que Benavente es la ciudad de los Condes. Y no les falta razón, pues desde que, en el siglo XIV, la familia Pimentel  se  estableció en la entonces Villa, ha dejado su impronta, no solo en el Castillo-Palacio por ellos construido y en el que habitaron, sino también en las iglesias y monasterios que ellos construyeron, o engrandecieron, y en otros lugares, de su propiedad o del municipio.
Uno de los testimonios, que todavía existen, de su paso por la Villa y que pueden verse en algunos lugares de la misma, son sus escudos de armas.
Su escudo está cuartelado, primero y cuarto en campo de oro con tres fajas de gules, y segundo y tercero en campo de sinople, con cinco veneras en tresbolillo. Desde el casamiento de D. Rodrigo Alonso Pimentel, II Conde de Benavente, con Doña Leonor Enríquez, nieta del rey Enrique II de Castilla, el escudo se rodea con una bordura camponada de Castilla y León con 16 piezas en la orla de castillos y leones con los colores reales. En 1648 se añadió el collar Toisón de Oro. Y en 1703 el de la Orden d Sancti Spiritus…(M. Simal).
Vamos a recorrer los distintos lugares de la ciudad en los que se puede ver el escudo de esta familia:
1.- En el Torreón, único resto del Castillo-Palacio en el que vivieron, tenemos varios escudos, cuya piedra, al encontrarse al aire libre, va sufriendo deterioro con el paso del tiempo, por lo que es obligado no olvidarse del lugar, y prestar la atención necesaria, antes de su destrucción total.  Por otra parte, en el interior del mismo Torreón se pueden ver también copias de los escudos, cuyos originales están en la capilla del Hospital de la Piedad.

Parte superior del Torreón del Caracol, con escudos de los Condes.

Uno de los escudos del torreón, que se encuentra bastante deteriorado.
Otro escudo en el muro lateral

Una de las esquinas del Torreón.
Escudo anterior bastante bien conservado.

Copia en interior del Torreón. El original en iglesia Hospital de la Piedad.
2.- Iglesia de Santa María del Azogue. Tal vez sea en este lugar en el que encontramos y vemos mayor número de escudos. Y es que esta iglesia fue la parroquia a la que pertenecía el Castillo-Fortaleza, y en la que algunos de los condes y sus familiares fueron bautizados:
-El escudo más destacado se encuentra en su interior, sobre la puerta norte de la iglesia.

Es uno de los escudos más completos y que mejor se conservan.
-Frente a este, y en la pared, sobre la puerta del mediodía, se conserva también una pintura del escudo, aunque no completa.

La pintura se ha deteriorado con el paso del tiempo.
-En la actual sacristía, antiguamente capilla de los condes, por quienes fue construida, vemos su escudo pintado sobre yeso.

Restaurado recientemente, como el resto de las yeserías.
-Sobre dos semicolumnas de los pilares de la iglesia, en la parte de  atrás de la misma, hay escudos. Los condes, cuando colaboraron en la construcción y mantenimiento del templo quisieron dejar su divisa en piedra.

Uno de los dos escudos , en piedra, que hay en las semicolumnas.
-En una de las ventanas cercana a las bóvedas pintadas del presbiterio, conocidas como el Cielo de Santa María, podemos ver, aunque no en buen estado, un escudo pintado de los condes. Aunque las pinturas se han restaurado recientemente, el escudo no se ve con nitidez, pues se encontraba muy deteriorado.

Aunque no se conserva en buen estado se ve el escudo en esta ventana.
-Por último, vemos su escudo también en la base de los dos hacheros de bronce, que se encuentran actualmente junto  a la pila bautismal. Los escudos son de  de pequeño tamaño, pero muy bien reproducidos. Fueron donados por los condes a la iglesia.

Hachero en Santa María,
Escudo en la base el hachero.
3.- Hospital de la Piedad. Fundado por los condes como hospital de peregrinos, vemos su escudo en piedra, en la portada del edificio, sobre la puerta principal de entrada al mismo. En la iglesia hay dos bellos ejemplares en madera policromada. Y un pequeño escudo también en el patio.

El escudo de la portada del Hospital de la Piedad.
Pequeño escudo en el patio.
Uno de los dos escudos que hay en la iglesia.
Sin duda alguna habría muchos escudos más en el desaparecido convento de san Francisco, lugar elegido por ellos como panteón familiar. Lo mismo que en la también desaparecida iglesia de san Nicolás, muy ligada a la familia y en donde muchos de ellos fueron bautizados. Pero a estos escudos ya no podemos verlos. 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Artesano jubilado: Miguel Zanca, de Burganes de Valverde.




Miguel en el lugar donde trabaja, junto al pavo real de madera, hecho por él.
“Mi padre, además de cartero de los pueblos de esta zona (Burganes, Bretocino y Olmillos, (pasaba en barca a Bretó para recoger la correspondencia) ejerció también de carpintero. Con él, ya desde pequeño, aprendí algo de este oficio que he practicado, después de jubilado, haciendo algunos muebles para la casa y otros objetos relacionados con la vida en el campo. Pero lo mío ha sido siempre trabajar primero como labrador y después como albañil”.
            A Miguel Zanca, cuando tenía 58 años, le dio una trombosis que le afecto a su pierna izquierda y tuvo que jubilarse de sus antiguos oficios o trabajos y comenzar una nueva vida. Pasó los primeros años entre médicos y viajes a Zamora, Valladolid, Madrid, etc. sin poder hacer nada. No le pudieron operar y sigue con cuidados y medicinas. Pero pasea, se entretiene y pasa algunas horas junto a su banco de carpintero, recordando lo que vio de pequeño y haciendo  piezas u objetos como las que vamos a mostrar en esta página. Tengo que decir que Miguel posee un gran memoria y facilidad de palabra. Me cuenta con todo detalle algunos aspectos más de su vida:
            “Nací en Burganes hace 75 años y tan sólo he estado fuera del pueblo en tres ocasiones: 8 meses trabajando, como albañil en Bilbao; 32 días en Francia en una campaña para entresacar remolacha (Por cierto que con lo que gané pagué el solar que había comprado en el pueblo para construir mi casa); 3 meses en la mili como excedente, concretamente en Valladolid, en el Regimiento Farnesio;  el resto de mi vida siempre en Burganes”.
            Y de los años de escuela lo siguiente: “Yo fui muy poco a la escuela, debido en parte a la situación familiar, pues éramos siete hermanos y siempre estaba haciendo algo necesario para ayudar en casa: que si con las vacas, que si atender a los cerdos, gallinas, conejos, etc; que si esto, que si lo otro...En fin que de escuela poco. Así que no aprendí ni la tabla de multiplicar. Lo que sé se lo debo, en parte, a un cura que nos daba clase tres días a la semana durante el invierno”.
            Tiene un hijo que vive en Bilbao y una hija que reside en el pueblo.
            De sus oficios dice que, cuando era labrador, participó en concursos de arada con vacas, primero en Benavente, en el año 1960, (le dieron el primer premio comarcal), y después ya en Zamora, en el año 1962, donde ganó el segundo premio provincial. En ambos casos le concedieron diploma y trofeo. Allí entre sus artesanías tiene los diplomas y trofeos obtenidos, a los que su mujer, que le acompaña, tiene mucho interés en enseñarnos. Como albañil dice que trabajó poco el tapial y el adobe (tan sólo hizo tapias para algunos corrales en Bretocino y Burganes). No ocurre lo mismo con el ladrillo, material con el que construyó 36 casas en su pueblo, a las que recuerda y conoce muy bien.
            Fue al jubilarse, como ya hemos dicho, cuando comenzó a trabajar con la madera en su banco de carpintero, y a recordar y aplicar sus conocimientos:
            “Los primeros años me dio por hacer algunos muebles para la casa. un dormitorio, un banco, algunas puertas. Y también otros utensilios: una hemina, un carretillo, una escalera, dos artesas de las que se usaban para preparar la masa del pan y en la matanza, etc. Todo ello, de utilidad para la casa”. 

Artesas y carretillo.

            Por cierto que hace tres o cuatro años hizo también unas puertas de madera de pino para la nueva casa de su hija, alguna con pequeñas ventanas, y con clavos que sirven de adorno. El estilo de las puertas es apropiado para el lugar en que están instaladas, diversas dependencias de la planta sótano. Todo ello demuestra sus conocimientos del oficio, su sabiduría artesana y su buen hacer.

Las puertas de la casa de su hija.
            Desde hace ya varios años se dedica y entretiene más con otras artesanías que le ayudan a recordar también el pasado, relacionado con su vida en el campo como labrador: arados, yugos, carros, garios, bieldos, horcas, etc. y varios cuadros que su hijo le ha enmarcado y en los que están colocados algunos de estos objetos en miniatura. Y también otros relacionados con su vida en la casa: cucharas, tenedores, pote, sartén, platos, candiles, faroles, etc.

Cuadros con aperos de labranza.
Platos, sartenes, jarros, etc.
Potes, cucharas y tenedores.
Carro de par o viga.
Carro de varas.
            Hace también carracas y algún otro tipo de piezas. Hasta cunas para las muñecas de su nieta y  pequeños muebles para los niños como  una cuna y  un andador.
            “Todo esto, dice Miguel, es cosa mía. Lo hago recordando siempre lo que he visto y plasmándolo en madera del mejor modo posible. Pero antes de hacer cada objeto lo  dibujo o pinto en un papel que me sirve de patrón o modelo”.
            En el portalón de su casa tiene un banco de carpintero con tornillo y en la pared las herramientas que utiliza: serruchos, hacha, azuela, escoplos, escofina, cepillo, barrenos, etc. Algunas eléctricas han suplantado a las manuales que se utilizaban más antiguamente.
            Además de los muebles, casi todas las demás piezas son de madera, aunque de diversas clases. La que más ha utilizado es la de encina y la de pino norte. También la de castaño y algunas otras. Pero tiene también objetos de hojalata y chapa galvanizada, como los faroles y candiles, caballos y toros, cangilones de la noria, etc. 
Así ha visto y ha querido representar un palomar y las palomas.
 
Con chapa ha hecho varios animales.
Entre ellos este toro y este caballo.
            Y Miguel, que no puede olvidarse de su vida  y su trabajo de labrador, ha preparado con madera un cuadro-recipiente en el que, en más de cuarenta huecos, ha introducido semillas de las que él mismo utilizaba, a la hora de la siembra, en su huerta: cebollas, pimientos, habas, berza, pepinos, melones, sandías, etc., o en el campo más extenso: trigo, cebada avena, centeno, maíz, lentejas, muelas, etc. Cada hueco, con las  semillas, se muestra con un color distinto, que le da vistosidad y llama más la atención a los que lo ven. El cuadro le sirve para recordar mejor el pasado, su vida y sus trabajos, las buenas o malas cosechas, según los años, y todos los afanes, buenos o malos, que la vida de agricultor trae consigo.
            No deja de ser interesante, a la vez que algo llamativo, esta idea de Miguel. “Es cosa mía” dice, al tiempo que nos enseña el cuadro y explica lo que contiene. Allí está colgado en una pared de su casa, como si se tratase de un óleo o acuarela.

Cuadro-recipiente con semillas del campo.

           
                 
           

jueves, 8 de noviembre de 2012

Recuerdos del Ayer: Viático a los enfermos y Extremaunción.




1.-El sacramento de la Extremaunción, aunque uno de los más importantes, tal vez sea el que más cambios ha sufrido en la normativa de la iglesia, en una sociedad ya no oficialmente católica. Y no sólo en cuanto al lugar en que celebraba, que solía ser la propia casa del enfermo en estado de gravedad, sino también en la forma de realizar la misma ceremonia religiosa.
Antiguamente, y dado que un gran número de personas fallecían en su propio domicilio, era allí a donde acudía el sacerdote, rodeado de toda una liturgia, para celebrar el sacramento, cosa que en la actualidad no ocurre, pues la mayor parte de la personas fallecen en los hospitales, y el sacerdote suele atender solamente a los que lo solicitan y la ceremonia, aunque con el mismo contenido, es, sin duda alguna, más breve.
El sacerdote, de forma privada, solía ir acompañado casi siempre del sacristán que llevaba el roquete y la estola para ponérselo en casa del enfermo antes de administrarle el sacramento. Llevaban también la oliera, vaso o vasos en los que se guardaban los santos óleos.
En la casa del enfermo se preparaba una mesa y sobre ella se colocaba una vela encendida y algodón en rama para las santas unciones al enfermo. No faltaba un recipiente con agua con la que el sacerdote se lavaba las manos.
El sacerdote, tras las oraciones pertinentes, procedía, con orden, a la unción del enfermo de acuerdo con el formulario en uso.

Cajita utilizada para la unción de los enfermos.

Olieras en  Iglesia Santa María del Azogue. Benavente.
Las olieras de Joarilla de las Matas (León)
Campanilla de Joarilla (León)

Campanillas de la iglesia de Sta Mª dela Azogue. Benavente.
En algunas ocasiones ocurría que la administración de la Extremaunción coincidía con el fallecimiento del enfermo. En este caso el sacerdote aprovechaba para dar el pésame a los familiares y de paso rezarle el primer responso.
   
2.- A veces se asocia este sacramento con el Viático, palabra que está relacionada con via (camino) y que era simplemente llevar la comunión a los enfermos. Se trata del sacramento de la Eucaristía cuando se administraba a los enfermos. Y es que muchos de ellos fallecían y recibían a continuación la Extremaunción. Pero el Viático se llevaba siempre a los enfermos graves que lo solicitasen, y también a otros, aunque no estuviesen en inminente peligro de muerte. Lo que sí nos llamaba la atención era el gran ceremonial con el que se realizaba, si se compara con la época actual.
El sacerdote, revestido con roquete, estola y bonete sobre la cabeza salía de la iglesia llevando sobre sus hombros el humeral con el que coge y oculta la píxide o cajita con las sagradas formas u hostias, que lleva en sus manos.

Humeral. Santa María del Azogue. Benavente.
Otros humerales de la iglesia.
Umbela. a modo de paraguas, sobre el sacerdote que llevaba el Viatico.

Cajita-píxide para llevar la comumión a los enfermos.
Interior  de la cajita-píxide.
Campanillas antiguas de la iglesia de Santa María del Azogue. Benavente.
Le acompañan el sacristán y un monaguillo, el uno con dos velas dentro de un farol con cristales para que no se apaguen, y el otro con una campanilla.
Desde la misma iglesia solían acompañarles algunas personas, aunque la mayor parte se van incorporando a la comitiva  a lo largo del recorrido hasta la casa del enfermo, al oír la campanilla que toca cada cierto tiempo. Y los que no se unen a la comitiva, pero que sí oyen la campanilla, se santiguaban, hacían una genuflexión, o incluso se arrodillaban mientras pasaba el Santísimo.
A todo esto en la casa del enfermo ya estaba preparado, a modo de altar, una mesita con un paño blanco y sobre ella un crucifijo en medio de dos velas encendidas. Sobre esta mesita el sacerdote, al llegar, colocaba los corporales y encima de ellos la píxide con las hostias sagradas. Y procedía a dar la comunión al enfermo. No faltaba tampoco un vaso de agua para ayudarle a tragar el pan consagrado, si fuera necesario.
Una vez administrado el Viático la comitiva regresaba a la iglesia de la misma manera, portando el sacerdote las hostias sobrantes (siempre solían llevar más de una) bajo el palio. E incluso se tocaba también cada poco la campanilla para advertir a los viandantes o distraídos que por allí pasaba el Santísimo.