miércoles, 9 de enero de 2013

Las Calles de Benavente: Calle de los Herreros.



Su nombre tradicional fue ‘de los Herreros’ por concentrarse en dicha calle, durante siglos, varias herrerías y forjas que había en la ciudad, así como otros oficios tradicionales relacionados con la metalurgia (herreros, orfebres, caldereros, etc.). Hay referencias a este lugar desde finales del siglo XIV.
La calle comienza cerca del lugar en el que se encontraba la puerta de Astorga o del Sepulcro, ya desaparecida, como las demás que había en el cerco de la antigua Villa. Hace ya varios años se descubrieron  restos del muro, al construir un nuevo edificio en dicho lugar. Desde aquí llegaba hasta la Plaza de Santa María, lo que hace que sea considerada como una de las calles más largas de Benavente. En la actualidad también es una de las más frecuentadas por los ciudadanos, no sólo porque por ella se accede al centro, sino también por tener muchos comercios, de todo tipo y de pequeño tamaño, aunque hay algunos supermercados. Predominan los de ropa, calzado y droguerías y varias tiendas de alimentación. 


Restos de antigua muralla.
Edificio en el lugar de la antigua muralla.


Vista de la calle desde la puerta de Astorga.
En el siglo XVIII recibió la denominación oficial de Calle Real, pero poco después recuperó su nombre original quizá debido a su uso tradicional. (J. I. Martín y J. C. de la Mata. Las Calles de Benavente, 2004).
Madoz (1845) la define como “larga y espaciosa, la cual sigue desde el correo hasta la puerta del Sepulcro”, llamada así por encontrarse allí, en tiempos pasados, la iglesia del Sepulcro, que en su momento fue de los Caballeros el Santo Sepulcro.
En la década de 1920 recibió el nombre de Obispo Regueras, en honor del que fuera obispo de Plasencia (1915) y Salamanca (1923), el doctor D. Ángel Regueras López, hijo predilecto de la Villa.
A partir del nuevo callejero del año 2004 se recupera el nombre tradicional de la calle, ‘de los Herreros’, pero lo mismo que ocurre con otras dedicadas a personajes ilustres se acuerda mantener, de alguna forma, su memoria mediante la placa que recuerda su vinculación a la ciudad o a alguna de sus calles.


La calle desde la Plaza de Santa María.
Placa en recuerdo del Obispo Regueras.
Quien se proponga pasear por esta calle, para conocerla y  sin la intención de realizar compras, se encontrará nuevos edificios en el lugar que ocupaban los antiguos. Uno de ellos la Casa del Tinte, tan importante desde el punto de vista histórico, tradicional y también artístico y arquitectónico. Prueba de ello es que al destruir el antiguo edificio se pretendió, sin mucho éxito, construir una fachada lo más parecida a la anterior. Ahí están las imágenes antiguas como recuerdo. 


La Casa del Tinte, antes de su demolición.

Nuevo edificio construido en el lugar que ocupaba la Casa del Tinte.
Parte de la fachada y balcón del antiguo edificio.
Así se encuentra en la actualidad.

Balcón alargado y de hierro que había en la antigua fachada.
También podemos ver una imagen del antiguo Mercado de Abastos, retranqueado a la calle y que, al encontrase en mal estado, en su lugar se construyó el nuevo edificio.  En su fachada colocaron una reja fabricada en los talleres de forja “Hermanos González Marrón”, de Benavente.

Fachada y entrada al antiguo Mercado de Abastos.
Así es la fachada del edificio que sustituyó al anterior.
Con rejas fabricadas en Benavente...
En los talleres de los Hermanos González Marrón.
























Se conservan también, algunas otras casas de planta baja a lo largo de la calle y a las que todavía no les ha llegado la hora de su cambio por una nueva construcción. Sus muros, puertas, ventanas y en algunas de ellas las rejas, aldabas o llamadores, son prueba evidente de su antigüedad.



Casa de ladrillo esquina con la calle Lagares.
Casa de tapial esquina también con Lagares.
En la placa se lee: Fernando Arias Madrigal.
Puerta de la casa anterior.

Casa de la antigua Librería Robert.

































Las vistas generales de la calle son distintas según el lugar en el que nos encontremos,  bien en el lugar de la antigua puerta de Astorga o bien en la plaza de Santa María. Desde ambos lugares son muchas las personas que pasan diariamente por ella. Unos de compras y otros simplemente de paseo, o para acercarse a la Plaza Mayor y al Ayuntamiento, o para visitar las iglesias de San Juan del Mercado y Santa María del Azogue.


Vista de la calle desde la Plaza de Santa María.
Una parte de la calle yendo hacia la Plaza de Sta María.

Se accede a ella desde el oeste por las calles Carbajés, Matadero, Lagares y San Antón o Plazuela del Sepulcro (denominación esta que no figura, pero que sí debiera figurar en el Callejero). Y por el este desde las calles denominadas Hospital de san Juan, Cartagena, Cortes Leonesas y Ronda del Progreso.
Es la calle por la que más desfiles, procesiones y marchas pasan, pues, o bien se dirigen hacia las iglesias de San Juan del Mercado o de Santa  María del Azogue, o salen de ellas, cuando se trata de las procesiones, Cabalgata de Reyes en Navidad, etc., o bien van  hacia la plaza Mayor o calles céntricas de la ciudad, cuando se trata de otro tipo de desfiles, como ocurre durante las fiestas del toro enmaromado, los Carnavales y algunos otros.

Procesión del Santo Entierro.
Procesión del Encuentro.

La Banda Maestro Lupi entrando en la calle, desde Cortes Leonesas.



domingo, 6 de enero de 2013

Belén viviente en Burganes de Valverde (Zamora)



En la Plaza del Ayuntamiento de Burganes de Valverde...
Y no lejos de la iglesia.
Ayer día 5 de Enero, víspera de los Reyes de este año 2013, un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, pero también algunos niños y mayores, escenificaron y dieron vida, o si queremos, fueron los actores y protagonistas de un Belén tradicional, como los que estamos acostumbrados a ver con abundantes figuras de cerámica u otros materiales, y escenas muy diversas. Allí en la plaza mayor, junto al Ayuntamiento y no lejos de la iglesia, pudimos ver muchas referencias al pasado, a la forma de vida del pueblo y a sus afanes y trabajos. Unos en sus huertas, con grandes y vistosas calabazas, o cuidando sus ganados: ovejas, gansos, asno y ternero, etc. Otros mostrando los diversos y no pocos oficios que se ejercieron en el pueblo: Herrero, adobero, afilador, panadero, cortador de leña, etc. También la mujer hilando, con el uso, y la que hacía ganchillo nos recordaban el cultivo del lino y la preparación de la lana de los varios rebaños de  ovejas que existieron siempre.  

Recreación de un pequeño huerto con grandes y sabrosas calabazas.

Niños vestidos de pastores, cuidan a los corderos y a losgansos.
Trabajando en el yunque de una antigua herrería.
El adobero era otro de los oficios tradicionales del pueblo.



Y no faltaba un experto afilador.
Ni los cortadores de troncos, que preparaban la leña para el hogar.
En las casas, el fuego del hogar se preparaba todos los días con paja y palos o troncos. Junto a él se colocaba el pote para calentar el agua y los pucheros de barro o porcelana para preparar la comida diaria, ya fuese el sabroso cocido, u otro tipo legumbres.
El fuego del hogar...
Con el pote para el agua caliente y el puchero para la comida.
Algunas mujeres representaban su papel tal y como se hacía antiguamente, papel que, por tradición, solo a ellas, y no a los hombres, les estaba asignado, como era lavar la ropa en los lavadores, o con la tabla, y arrodilladas, a la orilla del río; O hilar, tejer la lana o hacer ganchillo, como ya he dicho, y también las tareas del hogar. Hoy todo ha cambiado, pero el Belén es momento para el recuerdo.

Las lavanderas con la tabla, y de rodillas.
Mujeres hilando, con el huso, y haciendo ganchillo.
Belén vivo, pues solo vida y actividad era lo que pretendían mostrarnos sus actores. Como también la vegetación de la que estaba rodeado: ramas de encinas y otros árboles de hoja perenne, muy conocidos en el pueblo, traídos para la ocasión del campo. Y por supuesto el río, cuyo surco recorría todo el espacio. Muchos visitantes se acordarían del Esla o del Tera, tan cercanos y que tanto servicio y disfrute les han proporcionado.
Y como centro de atención el Portal de Belén, un portal habitado por jóvenes.  María, José y el niño seguramente que se estrenaban como actores, pero lo hicieron muy bien. Tampoco faltaron la mula y el buey, en esta ocasión una pequeña borriquilla y un ternero. Como debe ser, por más que desde Roma, o su jerarquía, pretendan hacer desaparecer estos animales, tan ligados al pueblo, y a costumbres y tradiciones como ésta.

Portal del Belén viviente. Los niños de protagonistas.
Al lado del portal un borrico y un ternero.
Pasado un tiempo y cuando los actores estaban en acción, muy del agrado de los vecinos y de los muchos forasteros y visitantes que se habían acercado a Burganes, un enviado o mensajero, vestido a la romana, anuncia la llegada de los Reyes Magos. Y así ocurrió. En tres caballos, como los percherones, y de buen aspecto, llegan desde una de las calles próximas, acompañados de escuderos. Los reyes se apean de los caballos, recorren y ven las distintas escenas y actividades del poblado hasta llegar al portal en donde adoran al Niño y le ofrecen regalos. En esta ocasión el pequeño niño mueve sus manos y les sonríe. Ellos no pueden menos que regalarle también un beso. Curiosa y llamativa escena, capaz de conmover la sensibilidad de los presentes.

Los Reyes Magos se acercan por una calle del pueblo.

Y llegan con sus caballos al pequeño poblado.
El rey Baltasar cargado con regalos para los niños.
Se dirigen a pie, todos juntos, hacia el poblado....
Visitan las tiendas y ven  los oficios representados.
Al llegar al portal, se postran de rodillas y adoran al Niño, ofreciendole regalos.
Y también besos.
Saludan también a los niños allí presentes y les dan regalos.
El rey Baltasar dando caramelos a una niña.
Reyes  y Pajes se muestran contentos y satisfechos.
Durante algún tiempo más en esta tarde del 5 de enero, los de Burganes disfrutaron de su Belén viviente y de la llegada de los Reyes Magos. Pero pronto la fiesta terminará, aunque no sin antes celebrar todos juntos un acto de convivencia, tomando un pequeño refrigerio.
Según me dicen es la primera vez que organizan una actividad de este tipo, para la que han contado con jóvenes, mayores y también algunos niños. Algunos no residen en el pueblo, pero no dejan de venir a él durante muchos fines de semana, o cuando se celebran las fiestas u otros acontecimientos. En años sucesivos recordarán de modo especial esta Navidad y Reyes en la que participaron como actores en la representación del Belén viviente. Y seguro que su deseo es seguir actuando en el futuro y recuperando así esta tradición.