viernes, 5 de junio de 2009

LA FIESTA DEL CORPUS EN FUENTE ENCALADA


Un momento de la celebración de la misa

El Santísimo bajo palio, saliendo de la iglesia


Rezando en el altar de una calle del pueblo


El sacrdote imparte la bendición con el Santísimo



La procesión regresa a la iglesia

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Este dicho lo saben muy bien los vecinos de Fuente Encalada, este pequeño pueblo del valle de Vidriales, próximo a Santibáñez, que el pasado jueves, día siete, celebraron el Corpus Christi, en su día, como se hacía tradicionalmente. Y eso, a pesar de las nuevas normas, cambios y traslados introducidos por la Iglesia. Ellos han acordado hacerlo así, por respeto a sus antepasados y a la misma celebración:
“Mire, aquí este día siempre fue una gran fiesta. Y además de adornar las calles con ramos y flores y colocar altares, como se hace ahora, antes también había danzas, loas y otros actos festivos. Lo que pasa es que ahora somos pocos, y es difícil organizar las cosas. Pero seguiremos celebrándolo”, me dice uno de los vecinos.
También cuentan con el sacerdote encargado de la parroquia, que les apoya y, al menos en el aspecto religioso, celebra los actos con la debida solemnidad. A las trece horas se inicia la misa cantada con participación de todos. El color blanco, la luz y el incienso contribuyen a realzar el acto. Lo mismo que un Gloria especial, que suena muy bien y que termina con Aleluya Amén.
En la homilía comenta el evangelio que hoy trata de la multiplicación de los panes y los peces, pero habla más del reparto, que era lo que pretendía Cristo. Y de que a nadie le falte el pan, ni tampoco la palabra como alimento espiritual. Es un día de caridad, pero también de justicia y de paz. En el momento de las peticiones, sobre el mismo tema, todos contestan: -Danos Señor tu pan.
Cánticos también durante el ofertorio y la Comunión. Al finalizar la misa el sacerdote expone en la custodia al Santísimo y, de rodillas, comienza el rezo de la estación a Jesús sacramentado: -Viva Jesús Sacramentado, dice él y todos contestan -Viva y de todos sea amado, seguido de un Padrenuestro, Ave María y Gloria. Después se canta el Pange Lingua Gloriosi Corporis Mysterium..., antes de dar comienzo a la procesión.
La procesión era y es uno de los actos religiosos más importantes de la fiesta del Corpus en todos los lugares. Es el mayor y mejor homenaje a la Eucaristía, al Cuerpo de Cristo, que se lleva por las calles para la adoración de los fieles.
En Fuente Encalada también ocurre así, pero de modo más sencillo. Es natural. A la Cruz parroquial, que va en cabeza, le sigue la custodia portada por el sacerdote, bajo un blanco palio que llevan cuatro vecinos. Delante, a los lados y detrás, las demás personas del pueblo.
Durante el recorrido se entonan los cánticos eucarísticos: Oh buen Jesús yo creo firmemente.... Cantemos al Amor de los amores... y otros
Las calles adornadas con ramos y flores nos indican el lugar del recorrido. El Santísimo Sacramento se pasea por varias calles del centro y de las afueras, no lejos del campo. Al llegar a la plaza y junto al Ayuntamiento hay un altar. La procesión se detiene. El sacerdote coloca la custodia sobre el mismo, reza de nuevo la estación a Jesús sacramentado y antes de continuar, da la bendición al lugar y a los presentes.
Se regresa a la iglesia. Allí entonan el Tantum ergo Sacramentum veneremur cernui.... El sacerdote concluye el acto religioso con la bendición del Santísimo.
Antes de irse cantan todos unidos y con fuerza Demos gracias a Dios... El sacerdote les agradece su asistencia y les desea felices fiestas del Corpus. Al día siguiente ofrecerá la misa por los difuntos de la parroquia.
Un año más Fuente Encalada ha celebrado sus fiestas del Corpus. A su modo y en su día, según la tradición. También lo celebran, aunque en la fecha establecida en la actualidad, otros pueblos de los Valles como Benavente, Camarzana y Junquera de Tera, Alcubilla de Nogales, Congosta de Vidriales, Pobladura del Valle, etc. En todos también con procesión y algunos otros actos.
Estas fiestas del Corpus coinciden, casi siempre, con el final de la primavera y el comienzo del verano, y aunque con unos orígenes más profanos, en la actualidad, los actos que se celebran giran, en general, en torno al hecho religioso. Al extender la festividad por toda la cristiandad, se intentaba cristianizar viejas tradiciones, más bien paganas o de significado distinto. Pero algunos de los actos de la antigüedad perduran todavía hoy.
Es una fiesta dedicada a la Eucaristía (aunque el día clave para esto es el Jueves Santo). Y en algunos pueblos solía y suele ser de singular relevancia.
El momento más importante de la misma y por lo que se ha hecho notar públicamente y ha llamado siempre la atención ha sido, precisamente, por la gran procesión sacramental que se celebra en muchos lugares, de gran interés desde el punto de vista tradicional, pues en ella se daban cita, además de las jerarquías, gremios y corporaciones, un amplio elenco de expresiones folclóricas puramente festivas, aunque no exclusivas de esta celebración: Figuras de cartón piedra, gigantes, gigantones, gigantillas y enanos cabezudos que, representando a personajes, elementos de la naturaleza o animales, solían aparecer abriendo el cortejo; representaciones alegóricas en forma de autos breves, loas, entremeses o mojigangas; batallas danzadas entre ángeles y demonios, cristianos y moros, santos e infieles... escenografías populares que representan luchas incruentas entre el bien y el mal o que conmemoran sucesos de carácter local.
Entre las actos que más han perdurado hay que destacar los bailes y danzas que se realizan en muchos lugares, en la misma procesión, delante del Santísimo.
En algunos pueblos de los Valles, como he dicho, se celebra el Corpus con cierta solemnidad, aunque los actos sean distintos. Por aquí era y es costumbre, lo hemos comprobado en Fuente Encalada, adornar las calles por donde va a pasar la procesión con ramos y pétalos de flores y colocar altares.
En cuanto a los orígenes y promoción de esta fiesta del Cuerpo de Cristo, parece ser que arrancan de la supuesta visión sobrenatural de la beata Juliana en el monasterio agustino de Mont Cornillón. Aunque aprobada por el obispo de Lieja en el año 1246, fue sin embargo el papa Urbano IV quien, a través de la bula Transiturus, la sancionó y extendió por toda la Iglesia a partir del 8 de Septiembre de 1264, fijando su celebración para el jueves siguiente a la octava de Pentecostés. Al morir el papa se dejo de celebrar durante varios años hasta que en el concilio de Viena, en 1311, se renueva y confirma la celebración de modo definitivo.
En la actualidad la iglesia la ha trasladado al domingo siguiente, excepto algunas ciudades como Toledo, Sevilla, Granada, Sitges, etc. que la siguen celebrando el jueves. También lo hacen en algunos otros lugares de toda España, incluso de esta comarca, como hemos visto en Fuente Encalada. Quieren seguir respetando la tradición hasta en el día de la celebración.


Publicado en el libro
PÉREZ MENCÍA, E.: Valles de Benavente. Fiestas y tradiciones. Benavente, 2007

viernes, 15 de mayo de 2009

SAN ISIDRO LABRADOR, RECORDADO EN LOS VALLES

Burganes de Valverde. Saliendo de la iglesia para la procesión



La bendición de los Campos el día de San Isidro en Buragnes de Valverde


En procesión hacia los campos en Burganes de Valverde



Imagen de San Isidro de Arcos de la Polvorosa

El día 15 de Mayo se celebra en numerosos pueblos de España la festividad de San Isidro, este santo madrileño, que pasó gran parte de su humilde vida en el campo, al servicio de D. Juan de Vargas. Isidro (1095- 1172) de origen humilde, fue labrador e hijo de labradores y se casó con una doncella de Torrelaguna, María Torribia (después fue Santa María de la Cabeza). Es un santo muy popular, y universal como lo es la agricultura, y pocos son los pueblos y ciudades que no lo veneran. También en esta provincia, y concretamente en la comarca de Los Valles de Benavente, son muchas la iglesias con imágenes del santo en las que se le representa con herramientas de labranza: pala, azadón, arado, manojo de espigas o con el rosario en la mano. Tampoco falta la escena del ángel que cuida y conduce su arado llevado por bueyes, mientras él está rezando, ni aquella otra en la que con una pala de largo mango hace brotar un manantial, milagros estos que, entre otros, se le atribuyen. Viste siempre como lo hacían los antiguos labradores en Castilla y se nos muestra con barba y cabellos largos. Lo suyo es todo lo relacionado con el campo, por eso todavía por estas tierras se acuerdan mucho de él, necesitados como están de tantas atenciones, además de humanas, divinas y ¿quien mejor que San Isidro para escucharles?.
Lo saben muy bien en Maire de Castroponce, Villabrázaro, Arcos de la Polvorosa, Quintanilla de Urz, Santibáñez de Vidriales, Villaveza del Agua, San Pedro de Zamudia, Burganes de Valverde y algunos otros pueblos de Los Valles en los que, de una forma u otra, recuerdan o celebran su fiesta. En algunos como San Pedro de Zamudia y Arcos de la Polvorosa le ofrecen y cantan también el ramo, una serie de coplas o estrofas populares en las que hacen un recorrido por su vida y su familia, sus virtudes y sus milagros, muchos de ellos relacionados con la agricultura. Le suplican que atienda sus necesidades y no se olvide de sus cosechas y por último le piden la bendición para ellos y para sus familias.
También en la ciudad de Benavente cuenta con una parroquia y un barrio que no se olvidan del santo y a los actos religiosos de rigor les suceden muchas otras actividades culturales y deportivas, durante varios días, que recuerdan a todos los demás ciudadanos dicha conmemoración.
Pero lo que suelen hacer en casi todos los pueblos es celebrar misa, más o menos solemne, procesión con el santo y la bendición de los campos. Esto no deja de ser una rogativa más de las muchas que hay durante los meses de Abril y Mayo, y con las que el pueblo pedía y sigue pidiendo a la divinidad, a través de los cristos, santos o vírgenes la intercesión divina ante necesidades diversas. La petición más común en las rogativas solía y suele ser lluvia abundante que riegue los campos. "...Con fe de cristianos, vamos a implorar, caiga sobre el campo, agua celestial..." dicen en una dedicada a la Virgen. Pero antiguamente, más que ahora, también se hacían por otros motivos, pestes u otras calamidades o desgracias. En último término, lo del agua está hoy más o menos solucionado con los regadíos, lo cual no impide que la tradición continúe.
Como he dicho anteriormente, se siguen celebrando rogativas dedicadas a cristos, santos, santas y vírgenes, destacando entre todos las de San Marcos y también, como en este caso, las de San Isidro, santo muy apropiado para este tipo de ritos.
Así ha ocurrido en Burganes de Valverde, en donde se ha hecho con toda solemnidad, y como es debido y ellos quieren: "Esta procesión es muy antigua, se celebra desde hace muchos años, yo creo que desde siempre" me dice una señora que participa en la misma. Al menos veo que ella lo vivió y su afirmación "desde siempre" no va más a allá de sus padres y abuelos que también lo vivieron. Pero es suficiente para pensar en que la tradición se ha mantenido. Por lo que advierto, San Isidro se encuentra a gusto con los vecinos de Burganes, pues tienen para con él ciertas atenciones, y no lo olvidan, aunque sea en un día como hoy, en el que se trate más de pedir y exigir al santo que de darle u ofrecerle dones. Pero él ya está acostumbrado.
Hacia las 13 horas salen de la iglesia. A la pequeña cruz procesional que va en cabeza le sigue la imagen de San Isidro llevada por cuatro hombres. Detrás de la imagen el sacerdote, ya revestido, y a su lado otro hombre de edad porta el calderillo con agua bendita y el hisopo. Se dirigen por la calle, paralela a la carretera y al mismo río, hacia las afueras del pueblo, hasta donde el verdor de la vega se deja ver y esta ya cerca. Aquí se detienen y, tras las oraciones y peticiones al santo, el sacerdote, hisopo en mano, bendice el campo totalmente verde, pues, en este caso, se trata de la vega próxima al río. También bendice a todos los presentes.
La procesión continúa por otras calles hasta la parte más elevada del pueblo, cerca de tierras con otro tipo de cultivos, no tan necesitados de agua. Una nueva parada, con el santo mirando a los campos, y nuevas oraciones, peticiones y bendición. Y todavía lo hacen una vez más, porque así es la costumbre y la tradición. Los de Burganes quieren que San Isidro vea cómo están todos los campos sembrados que rodean al pueblo, sean de secano o de regadío. Y que atienda sus necesidades. Si no confiasen en él no lo harían.
"Antiguamente el recorrido por los alrededores del pueblo era aún mayor y se hacían incluso más paradas, pero siempre en los campos que estaban sembrados, no en los de barbecho. Y en todas ellas se rezaba, se hacían peticiones y se recibía la bendición".
La procesión regresa a la iglesia para celebrar la misa en la que el sacerdote recordará de nuevo las virtudes de este santo labriego, y volverá a pedirle por todos, presentes y ausentes, rogándole que nos se olvide de sus campos y de las cosechas del año.

lunes, 27 de abril de 2009

LOS MAYOS

Burganes de Valverde

Moratones de Vidriales


Brime de Urz


Morales del Rey


Manganeses de la Polvorosa


Maire de Castroponce


Mayo es el mes más importante de la primavera, que se encuentra ya en pleno vigor. Con razón se le llama el mes de las flores. Pero también es el mes en el que comienzan, por todas las partes, las fiestas, romerías y tradiciones populares. Una de estas es la conocida y denominada el mayo o los mayos, con raíces muy antiguas y que se celebra o, mejor dicho, se celebraba, en casi todos lo pueblos de Castilla y León. También en los Valles de Benavente, como luego veremos.
En torno a ella son varias las manifestaciones. La más antigua consiste en disfrazarse personas, cubriendo su cuerpo con ramajes y flores, y así van por las calles del pueblo y llaman en las casas, pidiendo algún donativo, que luego emplearán en una comida o merienda. En otros pueblos, como vimos hace días en Jiménez, Santa Elena y Villanueva del Jamuz, los mayos son muñecos, que representan personajes o escenas de la vida cotidiana, oficios, costumbres, etc., y que se colocan sobre plataformas de madera, a modo de escenarios, por las calles y plazas de los pueblos.
Pero la forma más general y arraigada en la mayor parte de las localidades era y sigue siendo colocar el mayo, o como se dice popularmente, plantar el mayo, en alguna calle, plaza o plazuela, o junto a una ermita o iglesia. Se trata de un árbol, generalmente chopo, negrillo o de otra especie, que sea abundante en la zona, y que suele colocarse, en el lugar, previamente fijado, la noche del día 30 de Abril, antes de dar comienzo el uno de Mayo. Este árbol es elegido, cortado, transportado y colocado por los mozos del pueblo, casi siempre los quintos del año, y suele ser donado por el Ayuntamiento. Al terminar el mes lo subastan y con lo que sacan celebran una merienda.
En su copa, o bien dejan unas ramas, muestra evidente de la vida vegetativa del mismo, o bien colocan algún muñeco u otros objetos más o menos atractivos, o de contenido simbólico. En sana competición, antiguamente, se subía o escalaba por el mayo y quien más arriba lo hiciese ganaba un premio o lo que en el árbol se ofreciese. En esto había cierta rivalidad entre los pueblos, queriendo demostrar qué mayo era el más alto o el más grande, y también rivalidad entre los mozos, fuesen quintos o no los participantes, intentando demostrar quién era el que ascendía más metros por él. En algunos lugares incluso quitaban la corteza del árbol y untaban el tronco con cera o con manteca, lo cual suponía un mayor esfuerzo, habilidad o astucia, para los escaladores, y una mayor dificultad para poder conseguir los premios. Todo esto nos hace pensar en que el mayo-árbol era y es también símbolo de la vitalidad, el vigor y la fuerza de los mozos o jóvenes del pueblo. Cuanto más alto, grande y pesado fuera, más fuerza, vigor y juventud se atribuían. Pero también servía para su distracción y entretenimiento.
Si cortar el árbol y trasladarlo al lugar de la instalación era ya una aventura, pues antiguamente lo hacían a brazo o, a lo sumo, sirviéndose de carros, mucho más lo era el levantarlo y elevarlo, hasta conseguir introducirlo en el hoyo previamente preparado. Lo que hoy hacen con ayuda de tractores con palas, grúas y otras maquinas, antes lo hacían con maromas, escaleras y a brazo partido. A veces utilizaban también los carros para introducirlo en el hoyo. Esta operación tradicional de plantar el mayo, con maromas, escaleras y brazos, contaba con una especie de capataz o jefe, que con su voz y la palabra ...Arriba¡, repetida cada cierto tiempo, conseguía la unión de las fuerzas de todos, para que el impulso elevador fuese mayor.
El mayo-árbol quedaba allí todo el mes y servía para recordar la primavera fecunda, la naturaleza y la vegetación, la fuerza y el vigor de la juventud. Aunque se trate de un árbol sin ramas, su tronco tiene vida, la que le proporciona la savia y las gentes que pasan junto a él o viven cerca de él.
En algunos pueblos era y es el centro de atención más importante durante el mes, pues a su alrededor se celebraban diversos actos lúdicos y festivos, como cánticos, danzas, bailes, meriendas, etc. Cada localidad tenía y tiene unas costumbres distintas.
Al hacer un recorrido por esta comarca de Los Valles, hemos advertido: -Que, antiguamente, en casi todos los pueblos se colocaba el árbol-mayo; -Que hasta hace pocos años lo hacían en más de treinta localidades; -Que todavía lo plantan o colocan en algunos, aunque si no el árbol-mayo, sí algo parecido, al menos en lo que a los muñecos u otros objetos representativos se refiere.
Santa Cristina de la Polvorosa tal vez sea el pueblo que más actos celebra en torno al mayo. Su colocación, la tarde del 30 de Abril, corre a cargo de los quintos, aunque se sirven de tractores con pala y grúas para hacerlo. El Ayuntamiento les dona el chopo, que ellos subastarán al final del mes y con el dinero celebran una merienda. En la copa ponen uno o dos muñecos, mayo y maya. Antiguamente el lugar elegido era detrás de la iglesia, hoy lo hacen junto al río, cerca del campo de fútbol. El día de la colocación reparten escabeche de tino y vino entre todos los asistentes.
Mayo-chopo se pueden ver también en Maire de Castroponce. Por cierto, tal vez el más elevado de todos, y en su copa hay ramas y un curioso muñeco con símbolo fálico. El lugar elegido es la antigua cañada de La Vizana, hoy una amplia y ajardinada calle del pueblo, por la que pasa también la carretera.
El chopo elegido en Navianos de Valverde, también es alto y delgado, hasta el punto de que los muñecos de su copa está colocados casi a la misma altura que su famosa ermita de El Carmen. Pero éste es superado en altura por el de Arcos de la Polvorosa, a la entrada del pueblo y cerca de la carretera, como puesto allí, para que todos lo vean y comparen. El de Arcos es un árbol de poco grosor, aunque muy alto, que los mozos del pueblo pusieron el día uno de Mayo, con gran esfuerzo. Se pueden ver las cuerdas con las que lo elevaron, atadas a postes y árboles cercanos, que ayudan a sujetarlo y mantenerlo en pié durante todo el mes. Así lo quieren y esperan ellos, pues con el dinero de su venta celebrarán una suculenta merienda y así también lo ha querido su alcalde.
Los de Manganeses, amantes de las tradiciones, no podían ser menos, y han colocado dos chopos en cuya copa están los muñecos, el mayo y la maya, mostrando una forma divertida de ver la vida. Los chopos, de pequeño tamaño, y ante la dificultad de cavar un hoyo, están atados a las barandillas de un puente, próximo a la iglesia. También de pequeño tamaño, en altura y grosor, es el mayo que este año han plantado en Pueblica de Valverde.
En otros pueblos no han plantado el mayo, sino que han aprovechado un árbol natural del lugar, para colocar los muñecos, como ocurre en Brime de Urz, y que pueden ver, al pasar por la carretera. En Fuente Encalada se han servido de un palo seco y lo han instalado en un pequeño solar que hay frente al Ayuntamiento. Y en lo alto del mismo el muñeco. Aquí los chopos son escasos y también los jóvenes, pero hay dos o tres en el pueblo que se preocupan y se encargan de ello.
En Morales del Rey han colocado junto al Hogar del Jubilado, no el mayo-árbol, sino los muñecos, mayo y maya, ésta con un niño en brazos, en un poste de hormigón del tendido eléctrico. Pero les ha quedado muy bien. La idea partió de la encargada del Hogar, que contó con la ayuda de algunos socios. Por lo que pudimos comprobar estaban encantados de hacerlo, pues les ha servido para recordar la tradición. Además en Morales se ponía siempre junto a la ermita del Cristo de la Vera Cruz, al pie de la carretera, y todos los que pasaban por allí lo veían y no podían menos de compararlo con otros mayos de otros pueblos del valle. Ojalá que, en años sucesivos, el Ayuntamiento o algún ciudadano les ofrezca un chopo de los muchos que hay en la vega, sobre el que coloquen los muñecos, y que simbolicen mejor la vegetación y la vida.
Para algunos la desaparición de esta tradición en los pueblos es debida a la despoblación y concretamente a la falta de jóvenes o quintos. Pero no creemos que sea así, pues también los mayores saben y quieren hacerlo, como se puede ver, por lo dicho. Hemos comprobado también que si el Ayuntamiento se preocupa de mantener y promover algunas tradiciones, el pueblo responde y colabora en ello. El ejemplo más claro lo tenemos en los pueblos del Jamuz, Jimenez, Santa Elena y Villanueva, que, hasta con un bando, el alcalde anima e invita a todos a colocar los mayos. Y se premia a los mejores, aunque todos los participantes reciban algún obsequio.
Que se animen los alcaldes de esta comarca y organicen cosas de este tipo, que contribuyen a dar vida a los pueblos y a sus habitantes. Además, en este caso, es posible una sana rivalidad y competición entre ellos, pues se les puede premiar por el mayo más alto, más grande y pesado, mejor adornado y presentado, y también por los símbolos que ofrezca. Todo ello contribuiría a una mayor y mejor relación entre los pueblos, pues con este motivo se visitan, se divierten y entretienen juntos. En definitiva, viven que es, en el fondo, el simbolismo del mayo.
Publicado en el libro

PÉREZ MENCIA, E.: Valles de Benavente. Fiestas y Tradiciones. Benavente, 2007

domingo, 26 de abril de 2009

LOS MAYOS DE JIMENEZ DE JAMUZ

Felipe y Teresa de Primera Comunión. Villanuva de Jamuz, año 2005

Homenaje al Quijote en Villanueva de Jamuz. Año 2005

Tengo gran inquietud por seguir avanzando hacia ninguna parte. Jimenez de Jamuz, año 2005

Diálogos al calor del brasero. Santa Elena de Jamuz. Año 2005


¿Dónde estamos, amigo Sancho? Jimenez de Jamuz, año 2005


Jiménez de Jamuz es otro de los pueblos de la provincia de León, próximos a este norte zamorano de la comarca de Benavente, que tiene mucho que decir y ofrecer a a vecinos y forasteros. Porque Jiménez era y es el pueblo de los alfareros, con aula-museo dedicado a este oficio artesano. Es también el pueblo en el que se representa la Pasión de Cristo el día de Viernes Santo y en el que se celebran otras muchas actividades culturales a lo largo del año, como ocurre con Los Mayos.
El mes de Mayo, cuyo nombre los romanos relacionaban y derivaban de Maya, diosa también de las flores y de la primavera y una más de las mujeres de Júpiter, fue siempre un mes de fiestas, ritos y tradiciones. La más corriente y casi general en los pueblos de Castilla y León, y sobre lo que escribiremos en otra ocasión, era cortar un árbol y colocarlo en alguna calle, plaza o cerca de la iglesia o ermita y en su copa dejar unas ramas del mismo o colocar un muñeco o muñeca, u otros objetos más o menos simbólicos. El árbol, símbolo de vida y primavera, se acerca al pueblo y a sus gentes para transmitirles esa savia y vida que se mantendrá en él durante todo el mes. Simboliza además el culto a la vegetación y nos recuerda los primitivos ritos de fecundidad.
En otras partes, personas concretas se disfrazan de Mayo, cubriéndose de ramajes todo el cuerpo y así van por las calles y casas pidiendo para la celebración de una comida. Pero en algunos lugares los muñecos, con escenas de la vida humana y animal, fueron suplantando poco a poco al árbol y a la persona que se disfrazaba. Esto ocurre en Jiménez, Santa Elena y Villanueva, pueblos del valle del río Jamuz. Aquí la representación de los Mayos se hace por medio de los muñecos, o si queremos los mayos son muñecos, que, representando diversas escenas, se colocan sobre postes o plataformas de madera a modo de escenario.
El día uno nos hemos acercado para comprobarlo, satisfacer la curiosidad y cumplir con aquello de ver para creer. Y así ha ocurrido. La visita no se hace en balde, pues merece la pena y es del agrado de los amantes de las tradiciones.
Porque en Jiménez y en los demás pueblos esto es una tradición. Y el más interesado en mantenerla es su alcalde, que, días antes del comienzo del mes, a través de un bando, dice: Se anima a todos los barrios de los tres pueblos un año más a engalanar nuestras calles y plazas con la tradición de los mayos, una iniciativa que ha dado prestigio a nuestro municipio y que se ve satisfecha por el número de visitantes. A cada grupo o barrio se le entregará un vale en las oficinas municipales por el valor de tres conejos y un pollo. El jurado nombrado por el ayuntamiento lo compondrán personas con conocimientos sobre la tradición de Los Mayos...
Y vecinos de Jiménez, Santa Elena y Villanueva, el día 30 de Abril por la noche y, antes de comenzar el día uno de mayo, se afanan y movilizan en sana competición, para tener preparados sus Mayos, que instalan por las calles y plazas de los pueblos. Lo hacen por tradición, además de sentirse animados por el bando de su alcalde. Es de suponer que, con el regalo de su Ayuntamiento, celebrarán una buena merienda, además de poder participar y competir por el premio.
Hemos recorrido los tres pueblos y la contemplación de sus Mayos nos ha causado admiración y sorpresa. Al mismo tiempo hemos comprobado, una vez más, hasta dónde llega la imaginación y también sabiduría popular. Se advierte, no sólo en la preparación de las distintas escenas, sino también en el comentario o explicación que acompaña a cada una de ella, casi siempre en forma poética, utilizando el pareado o cualquier otro tipo de rima. Se ven escenas de la vida cotidiana, relacionadas algunas con la agricultura, oficios artesanos o trabajos diversos, o se los dedican a personajes populares, famosos y conocidos por todos. En este año recuerdan también el 400 aniversario de la publicación del Quijote, representando a Sancho y a su amo Alonso Quijano pasando por los pueblos de la ribera del Jamuz, en los que no faltan tampoco castillos y rebaños de ovejas.
Si durante este mes viajan por este lugar podrán ver Los Mayos de Jimenez, que representan La rica urbana y el pobre rural; Los cuelmos; Homenaje a las castas; Homenaje al labrador; Embotellar vino; Al pastor; El carpintero; El pescador; ¿Dónde estás, amigo Sancho?; Tengo gran inquietud por seguir avanzando hacia ninguna parte; Este último construido en madera de pino por las manos artesanas de un jubilado que conoce y maneja muy bien la gubia y demás instrumentos para esculpir en madera. Prueba de ello son los muchos objetos que tiene en su domicilio. Hizo bien en participar en la fiesta de Los Mayos, pues tenía algo que ofrecer a los demás, como es su obra.
En Santa Elena los artistas han elegido los siguientes temas: El Mayo del barrio de arriba; El torno antiguo manual; Diálogos al calor del brasero; Margarita; Saturnino y El gallu de la Quintana.
Y en Villanueva, además del mayo tradicional, árbol con muñeco, que los mozos han levantado junto al castillo, por sus calles también se ven algunas escenas y personajes: Genoveva y Eustaquio; Vamos al colegio; Felipe y Teresa y Villanueva con el Quijote.
Es de alabar la originalidad y el trabajo realizado por las gentes de estas localidades, tierra de artesanos y de personas amantes de las tradiciones y de la cultura. Y también hay que alabar la actitud de la Corporación Municipal que, con su alcalde a la cabeza, hacen que todo esto sea posible, aunque sea a través de un bando y ofreciendo conejos y pollos o premios diversos a los participantes.
Sólo le falta al Alcalde que, para el bando con el que informa los vecinos sobre la celebración de los Mayos, se sirviese del antiguo pregonero, quien, en voz alta y a veces con la corneta y el tamboril, publicaba y hacía saber a todos cuál era el deseo o lo que quería su Ayuntamiento. Pero todo es posible en Jiménez, Santa Elena y Villanueva, pueblos que recuerdan y viven sus tradiciones.

Publicado con anterioridad en La Voz de Benavente y Comarca en Mayo de 2005


lunes, 20 de abril de 2009

REPORTAJES PUBLICADOS EN LA VOZ DE BENAVENTE Y COMARCA . ENERO, FEBRERO Y MARZO 2009.

3 de Enero.- Artesanía de jubilados. Vicente López de Arcos de la Polvorosa.
10 “ .- Recuerdos del Ayer (1). Religiosidad popular.
17 “ .- Recuerdos del Ayer (2). Religiosidad popular
24 “ .- Artesanía de jubilados. José Antonio Román de Colinas de Transmonte.
31 “ .- Artesanía de jubilados. Ángel Mañanes, de Benavente. El chapista y sus aficiones.

7 de Febrero.- Recuerdos del Ayer (3). Dios en dichos y expresiones religiosas.
14 “ .- Artesanía de jubilados. Porfirio Butrón de Bretó de la Rivera.
21 “ .- Artesanía de jubilados. José Luis Zanfaño de Benavente.
28 “ .- Recuerdos del Ayer (4). Cuaresma: La Ceniza. La Bula.

7 de Marzo.- Recuerdos del Ayer (5). Misiones y Confesiones Generales.
14 “ .- Valles y Pueblos. Morales del Rey.
21 “ .- Los Coros en las Iglesias y Ermitas
28 “ .- Valles y Pueblos. Fuentes de Ropel.

EL PAN DE LA VEGUILLA. TRADICION QUE SE RESISTE A DESAPARECER EN BENAVENTE



Preparando los panes en la panadería Vicente Hernando de Benavente. Año 2006

Sellos con la imagen de la Virgen de la Veguilla

Panes preparados para ser introducidos en el hrono

Panes ya cocidos, saliendo del horno

Reparto del pan. Año 2006.

La Virgen de la Vega, conocida y denominada por todos "La Veguilla", es la patrona de Benavente. Su fiesta se celebra en el mes de Abril, el lunes siguiente al segundo domingo de Pascua. Es la fiesta más importante para el municipio y por ello la Corporación que gobierna se esmera en la preparación de los diversos actos. No falta la misa solemne, presidida incluso por el Sr. Obispo, acompañado por otros sacerdotes, y el sermón u homilía a lo que siempre se dio mucha importancia a lo largo de los años, lo mismo que a la procesión que precede a la misa.
Además, en este día tiene lugar la petición del toro enmaromado que da un colorido y atractivo especial a la fiesta, aunque con ello se haya perdido o rebajado el aspecto más tradicional de la misma. Porque además de estos actos festivos, religiosos o no religiosos, se conservan todavía, aunque con menor intensidad, algunas tradiciones, de notoria antigüedad, como es la del Pan de la Veguilla, a la que quiero referirme aquí de modo concreto. Se trata de la donación de un pequeño pan, blanco y bregado que en este día hacía y hace el Ayuntamiento, antiguamente a los pobres y necesitados y hoy a todo los que se acerquen a recibirlo hasta su agotamiento.
Juan Carlos de la Mata Guerra, encargado del Archivo Municipal, que es quien más y mejor conoce las tradiciones y la historia de la ciudad, me informa sobre los orígenes de esta tradición:
"Lo del Pan de la Veguilla viene de muy antiguo, tal vez proceda desde el momento en que la celebración del tradicional voto de la villa, allá por el año 1861, se trasladó de la ermita de Cimanes de la Vega a Benavente. A partir de este momento lo que el Ayuntamiento se gastaba en la comida de hermandad entre los romeros que acudían al santuario se dedicó a donativos y limosnas a los necesitados de la villa, entregándolo a instituciones benéficas. Estos donativos terminarían convirtiéndose en el pan. Era un hecho cierto, añade Juan Carlos, que, en tiempos pasados, en las villas y pueblos, se trataba de remediar, en algún sentido y al menos algún día del año, las penurias existentes, así como la escasez de alimentos, mediante beneficencias y caridades. Y mucho más cuando se celebraba alguna fiesta, queriendo que todo el mundo participase en ella. Esto pudo pasar con el Pan de la Veguilla".
Efectivamente se trata de un pan redondo, blanco y bregado, de 250 gramos de peso casi siempre, que se entregaba a los necesitados de la villa. Cada año un bando de la alcaldía convocaba a "todos los vecinos empadronados en la ciudad, que fuesen económicamente débiles, a inscribirse en el Ayuntamiento para recibir un vale que les posibilitase recibir el pan". Para ello se tenía en cuenta el figurar en las listas cobratorias de las contribuciones o repartos de los impuestos estatales. Parece ser que era necesario este control para evitar engaños y posibles sanciones. Solamente se entregaba en principio a las personas inscritas previamente y con derecho a recibirlo.
Los industriales panaderos se encargaban de su fabricación. Unos días antes eran convocados por el Ayuntamiento y, a quienes lo aceptaban, se les asignaba un cupo con el número de panes y el precio que se pagaba por cada uno de ellos. Casi todos los panaderos de la ciudad accedieron a ello, al menos así consta, hasta hace no muchos años. En el año 1940 fabricaron 1505 y lo hicieron, a razón de 215 panes cada uno, los siguientes panaderos: Ramón Guerra Centeno, Víctor Mariño Ortega, Manuel Barrios Clemente, Miguel González Coomonte, Pedro de Paz Barrios, Secundino Fernández Alonso y José Losada Prieto.
Estos o sus sucesores continuaron fabricándolo en años sucesivos. Podía variar el coste de cada pan. Como ejemplo tenemos el año 1949 que era de 0'75 céntimos, pero ya en 1952 se elevaba a 1'15 pesetas. El cupo asignado también variaba con los años y según el número de panaderos que participasen, destacando el de 1953 que fue de 614 panes cada uno, porque sólo se encargaron de ello las panaderías: Vda. de Ramón Guerra, Francisco Gil y José Losada Prieto. La cantidad de panes que se reparten a lo largo de los años oscila entre 1500 y 2000
Los gastos corrían lógicamente a cargo del Ayuntamiento que con la debida antelación, en los años de escasez posteriores a la Guerra Civil, concretamente a partir de 1938, tenía que solicitar del Sr. Gobernador Civil y Jefe de los Servicios de Abastecimientos y Transportes "un cupo extraordinario de cinco sacas de harina para poder fabricar el Pan de la Veguilla y repartirlo entre los pobres según costumbre". Así figura en la solicitud de 1946.
Casi todos los panaderos disponían del sello con la imagen de la Virgen de la Vega, que era obligado dejar impreso en el anverso del mismo pan. Por otra parte consta que la vicaría se encargaba de su bendición, antes de ser distribuido.
Así como los vales o bonos para poder recibir el pan tenían que ser entregados por el Ayuntamiento, la distribución o reparto del mismo, en un principio y durante muchos años, corrió a cargo de las propias panaderías que lo elaboraban. Ellas lo entregaban a los inscritos, siempre a cambio de dicho vale o bono. Así ocurrió hasta la década de 1980 y así figura en los programas de fiestas: "a la 9 horas reparto del Pan de la Veguilla en las panaderías a todos los que presenten el oportuno vale".
No obstante, en los años 1943 y 1944, la distribución tuvo lugar en las Escuelas de San Juan y se dice: "siendo indispensable para recibirlo presentar la tarjeta de beneficencia municipal"
Un número determinado de panes eran entregados al Auxilio Social para el comedor infantil y la cocina de hermandad que funcionó durante muchos años en la ciudad. Desde esta institución benéfica se solicitaba al Ayuntamiento en el año 1950 "la ayuda en metálico y las correspondientes raciones (176) del Pan de la Veguilla para celebrar la fiesta de la patrona con una comida extraordinaria". En 1952 fueron 115 las raciones solicitadas.
También consta algún año que los concejales u otros vecinos eran los encargados del reparto en el mismo Ayuntamiento, concretamente en los soportales del edificio y que solía comenzar a primeras horas de la mañana, después de que los panaderos lo hubiesen entregado.
En la actualidad se sigue con la tradición del Pan de la Veguilla, pero un tanto cambiada. Desde 1884 ya no figura su reparto en el programa de la fiesta. Tampoco participan en su fabricación todos, o casi todos, los panaderos de la ciudad, como ocurría antiguamente. Desde hace seis años se encarga de ello solamente la panadería de Vicente Hernando Fernández, ubicada en la calle La Lecheras del Barrio de San Isidro. El pan tiene los mismos ingredientes: harina, sal y levadura, y es redondo, blanco, bregado y el de este año pesa 300 gramos, según me cuenta el panadero, a quien encuentro en plena faena en la tarde del día anterior a la fiesta.
"Son 2000 los panes que tengo que hacer y lleva tiempo, pues a las siete de la mañana tienen que estar en el cuartelillo de la policía local que es donde los reparten. Y es que, además de amasar y bregar la masa, tenemos que cortar y pesar las piezas, darle la forma, y luego poner el sello con la imagen de la Patrona en cada uno de ellos antes de pasar al horno".
El día de La Veguilla de este año 2006, y desde primeras horas de la mañana, los ciudadanos de Benavente que quisieron, amantes o no de las tradiciones, recibieron el pan, obsequio del Ayuntamiento, con la marca del sello de la patrona, y es de suponer que también con su bendición. Una empelada del Ayuntamiento se encargó de su distribución y se lo entregó a todos los que se acercaron por allí hasta su agotamiento.
El pan ha sido siempre el alimento básico de los pueblos desde la más remota antigüedad y su importancia fue tan grande para la economía y la dieta alimentaria que en muchos momentos se le otorgó un significado religioso. Así ocurría y ocurre con el Pan de la Veguilla, que, contando con las debidas bendiciones, era y es uno más de los muchos panes rituales que se ofrecen a santos, santas y vírgenes en sus fiestas populares a lo largo del año, como ocurre con los panes de San Antón, San Blas, de Pascua, de San Marcos y otros. En muchos ciudadanos que lo reciben no falta la creencia de que se trata de un pan distinto a los demás y hasta lo relacionan con la salud y el bienestar.
Pero algo ha cambiado en esta tradición del Pan de la Veguilla, y se nota. Tal vez sea la finalidad y el objetivo final de su donación, pues ahora ya casi todos los ciudadanos disponen de pan, o son menos los que lo necesitan. Sin embargo es posible la continuación de la misma, pues es compatible y puede perdurar, incluso entre el jolgorio del resto de la fiesta.
Se puede ver en el reparto del pan un símbolo distinto, como puede ser el de la unión y convivencia entre todos, de lo que sí está necesitada la sociedad actual. Pero no se debe olvidar la tradición por respeto a su antigüedad, a los vecinos de la ciudad y también, como no, a su querida patrona la Virgen de la Vega a la que con aprecio y cariño llaman La Veguilla.

Publicado con anterioridad en el libro

PÈREZ MENCÍA. E.: Valles de Benavente. Fiestas y Tradiciones. Benavente, 2007.

viernes, 10 de abril de 2009

REPRESENTACIÓN DE LA PASIÓN EN NAVIANOS DE VALVERDE

Jesús en el huerto de los Olivos. ¿De modo que no habeis podido velar conmigo una hora?


¿A quién quereis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?


La corona de espinas sobre la cabeza de Jesús.


La horca y el árbol de Judas.


Jesús va camino del Calvario con la Cruz a cuestas.


Elevando la Cruz con el crucificado.


Jesús, crucificado, muere en la Cruz


"Resurrexit sicut dixit" (Resucitó según dijo)


El día de Viernes Santo y, poco después de la hora nona, en este pueblo del Valle de Valverde se representó (en el año 2006) el drama litúrgico de la Pasión de Cristo, en versión popular, con texto y guión popular y con actores y protagonistas también del pueblo y de algunos pueblos limítrofes. Y cuando, hace más de dos mil años, aparte de otros fenómenos atmosféricos, hubo oscuridad sobre la tierra (Marc. 15, 33) cuando se produjo la muerte de Cristo, en Navianos, casi a esa misma hora, las nubes ocultaron también la luz del sol y dejaron caer abundante lluvia sobre el que iba a ser crucificado, su séquito y los espectadores. Pero consiguieron lo que ellos querían, y además de modo serio y correcto, como si fuesen verdaderos actores. Y es que lo de actor popular es un título que no todos poseen. Además se felicitaron por lo del agua, a la que estaban esperando desde hace ya mucho tiempo.
Los días de la Semana Santa, sobre toda en las ciudades, se han convertido en espectáculos con mayor o menor elegancia o fastuosidad, pero falta la sencillez que se contempla en las pequeñas localidades como Navianos y otras que, a su modo, también tienen algo que ofrecer. En el fondo, tanto en unos lugares como en otros, sea a través de las procesiones con pasos o de la representación dramática, lo que se pretende es lo mismo: recordar el hecho y demás acontecimientos originados con motivo de la pasión y muerte de Cristo o, al menos, algunos de ellos.
Eran cerca de las cuatro de la tarde. Actores, actrices y pueblo, vestidos a la antigua usanza, como en la época, se sitúan junto a la ermita, en torno a la cual se va a desarrollar el drama. Se ve a Jesús en el huerto de los Olivos haciendo oración. En seguida se levanta y se acerca a sus discípulos que están dormidos: ¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no accedáis a la tentación (Mat. 26, 40-41). A esto sigue la traición, con el beso de Judas, y el prendimiento. Se lo llevan al procurador romano Poncio Pilatos, quien dialoga con Jesús, pero que, como todos sabemos, termina condenándolo a la cruz.
-¿Eres tú el rey de los judos?
-Tú lo dices, responde Jesús. Pero mi reino no es de este mundo...
Pilatos no hace caso a su mujer, pero sí lo hace al -Crucifícale, repetido varias veces por el pueblo
A lo lejos se oye cantar un gallo. Es la negación de Pedro y el sólo recuerdo le hace llorar amargamente. -Antes de que cante el gallo me negarás tres veces (Mat. 26, 75). A todos los presentes sorprende lo inesperado del canto y la reacción de Pedro.
El procurador decide que lo azoten y lo coronen de espinas, pero como si nada. El pueblo sigue gritando -Crucifícale, crucifícale. Incluso, les presenta al preso Barrabas, todo maldad, y de quien, incluso el nombre, causa pavor. Pero Pilatos, no pudiendo y tampoco queriendo, les entrega a Jesús y se lava las manos.
Los de Navianos, en este caso el pueblo actor, tanto niños, como mayores, se regocijan y alegran e incluso aplauden, como exige el guión. Pero saben muy bien que están haciendo teatro y en su corazón e intimidad piensan de forma distinta. Los más ancianos lo viven más intensamente. Es lo que oyeron siempre en su iglesia, pero no lo habían visto nunca ante sus ojos con tanto realismo, representado por parientes, amigos y conocidos.
En el Via Crucis, todos acompañan a Cristo. No faltan las escenas de la verónica, ni del cireneo, ni de las mujeres llorando, ni de las caídas de Jesús, al que hacen levantar entre golpes e insultos fingidos.
Y así hasta llegar al lugar de la crucifixión, el Gólgota de Navianos, situado cerca de la ermita y no lejos del monte de encinas. Allí, los protagonistas del homicidio simulado, manos a la obra, se afanan en que todo salga bien. Y lo consiguen. De lejos se oyen los golpes del martillo sobre los clavos. Al poco rato levantan la cruz con el crucificado, sirviéndose de unas cuerdas. Destaca el INRI, clavado en el madero y sobre la cabeza de un Jesús, que presenta un aspecto deplorable. El drama está llegando a su fin. Las nubes oscurecen la luz del sol y amenazan lluvia. Por allí se oye a un agricultor, creyente como nadie, que dice:
-Deja, deja que llueva. Nos viene bien, porque los campos están muy secos y peligra la cosecha. Aunque piense en sus tierras, no se pierde nada de la representación y hasta la relaciona con la lluvia que ha caído o va a caer. Para él y para los demás esta es la mejor rogativa.
Por fin, en medio del más absoluto silencio, se oye: -Perdónales, porque no saben lo que hacen. Y poco después: -Madre, ahí tienes a tu hijo y -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y también lo de -Tengo sed, petición que es atendida acercando a su boca una esponja empapada en vinagre.
Y así otras frases y palabras hasta el Consunmatum est (Todo se ha acabado), que pronuncia en el momento de morir.
Pero el público, los de Navianos y demás asistentes al acto, saben que aquí no se termina la historia, esperan algo más y que sea más alegre y positivo. Porque ellos, como todos, prefieren la vida y necesitan la vida. Además estamos en primavera. Efectivamente, así ocurre a continuación, pues comienza el descendimiento de la cruz, que hacen con sumo cuidado y delicadeza. Cristo llega a los brazos de su madre, que está a los pies de la cruz. Poco después, otros lo envuelven en una sábana-sudario y lo llevan al sepulcro-ermita.
Y es que la conocida ermita de El Carmen de Navianos, en este día y en este momento, se convierte en la sepultura de Jesús. No olvidemos que al lado de ella se encuentra el cementerio del pueblo. Por eso nos atrevemos a llamarla ermita-sepulcro. Feliz coincidencia y feliz acierto para los organizadores. La ermita recibe el sudario o la sábana con el cuerpo de Jesús y es custodiada por centinelas a caballo. De ella sale, pocos momentos después, glorioso y resucitado, coincidiendo con el final de la representación. El Jesús de Navianos aparece con toda solemnidad, en la puerta de la misma, con ropas blancas y los brazos en alto, como señal de victoria, entre los aplausos y cánticos de los asistentes al acto.
Así finaliza este drama litúrgico, cuyos orígenes hay que buscarlos en la Edad Media, en los antiguos autos medievales que giraban en torno a la Navidad, (officium pastorum - la Pastorada), la Epifanía (ordo stellae - los Reyes) y la Pascua (quem quaeritis? - la Pasión). Solamente que aquí, en Navianos, aunque, parece ser que ya antiguamente hicieron algún tipo de representación, los textos, el guión y las diversas partes están completamente modificados y actualizados. Y tal vez no dispongan de la narración y de los textos antiguos. Pero así lo han querido sus autores y sus protagonistas, que respetan como nadie el pasado, pero también quieren y desean que se respete el presente. Lo que si han hecho es intentar reflejar fielmente los momentos claves del drama, del acontecimiento histórico que muchas personas, creyentes o no creyentes, pero todas amantes de las tradiciones populares, viven en estos días de la Semana Santa. Tradiciones que debieran ser un objetivo más a conseguir para revitalizar a los pueblos, y un atractivo para ser visitados. En Navianos de Valverde lo están consiguiendo, pues, a la celebración de su famosa romería de El Carmen, hay que añadir ahora la representación popular de La Pasión de Cristo, el día de Viernes Santo, un poco después de la hora nona.

Reportaje publicado en el libro
PÉREZ MENCÍA, E.: Valles de Benavente. Fiestas y tradiciones. Benavente, 2007.