sábado 18 de febrero de 2012

Artista y artesano jubilado: Ignacio Sánchez de Salamanca, en Carvajosa de la Armuña.

Pinturas en la pared y cerca de la entrada a su casa, en Carbajosa de la Armuña. Están representadas la figura de Unamuno y la laguna o charca que hay a la salida del pueblo.
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Ignacio Sánchez en el patio de la casa rodeado de piedras, algunas ya esculpidas con diversos motivos.
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Uno de los muchos bustos y cabezas de Unamuno que tiene en su taller-museo.
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Ignacio junto a una escultura del escritor realizada con ladrillos.
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Fachada de la casa en la vivió y murió Unamuno en la calle Bordadores. En piedra de Villamayor.
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Otra de sus esculturas en piedra de Villamayor.
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Pinturas, esculturas, relieves y fotografías con la figura de Unamuno, como protagonista, ocupan distintos lugares de su casa de Carbajosa.
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Rincón de una de las habitaciones de la casa adornado con varios relieves.
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Fachada de la Universidad vista por el autor. Piedra de Villamayor.

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Nació en Salamanca en el año 1942 y en esta ciudad vivió su infancia y juventud, años aquellos posteriores a la guerra civil, difíciles y con muchos problemas: “Sólo nos trajeron miseria, necesidades, y también enfermedades, como la que yo padecí”, me dice Ignacio. Y añade:

“Yo fui poco a la escuela y lo que se y hago ha sido más por afición y trabajo personal, que por habérmelo enseñado alguien. Y me dedico a esto hace ya muchos años, aunque con más tiempo desde que me jubile de mi oficio de albañil, en el que mi trabajo era de azulejista, colocar azulejos. Trabajé mucho y muy duro para sacar adelante a mi familia”

Ignacio siempre sintió admiración por el arte, y también por la naturaleza, sobre todo por los animales. Se ve en sus esculturas, pinturas y dibujos, hechos con materiales diversos.

La naturaleza está también reflejada en algunos cuadros que adornan su casa de Carvajosa, y en otros objetos relacionados con el campo, los animales, las plantas. Y su amor por los animales lo vemos en el cariño que muestra hacia su gata que no se separa de él en ningún momento:

“Es que, cuando se pone tan pesada, tiene hambre”, dice él, y en seguida le da de comer… Lo mismo hace con los jilgueros que hay en una jaula. Y de un grupo de pardales que se posan sobre la ventana que da al patio de la casa, añade: “Estos esperan también algo de comida como todos los días…”

En la pared, junto a la puerta de entrada a la casa, está pintada la laguna, o charca, como él la denomina, que hay a la salida del pueblo y en la que se ven algunas aves que suelen acudir o anidar cerca de ella.

En la actualidad, vive más tiempo en Carbajosa, un pequeño pueblo de la comarca de la Armuña, a diez kilómetros de Salamanca Allí, en una amplia casa, de planta baja y arquitectura tradicional y popular, tiene el taller para esculpir, pintar y dibujar. El material que necesita lo trae de Salamanca.

“Empecé en este pueblo, a los 56 años. En principio venía todos los sábados y ahora casi siempre estoy aquí. Comencé con esculturas y luego con las pinturas y todo lo demás”.

Todas las habitaciones de la vivienda están ocupadas por esculturas, pinturas y dibujos, y también piezas u objetos de etnografía, que recuerdan el pasado y forma de vida y las tradiciones.

Lo que más llama la atención de sus abundantes esculturas, pinturas y dibujos es que el 80 o 90 por ciento de todo ello se centra en la figura de Unamuno. ¿Por qué razón?. ¿De dónde le viene esta su afición y su conocimiento, aprecio, estima y recuerdo por este personaje? le pregunto.

“Mi padre, dice, trabajó muchos años en su casa de Salamanca, la que está en la calle Bordadores y me habló muchas veces de él a lo largo de mi vida. Siempre me contaba, entre otras cosas, lo buena persona que era, que trabajaba mucho, que era también muy inteligente, que algunos le trataban muy mal y que había sufrido mucho cuando le desterraron a Fuerteventura”.

Pero es que además sabe muchas otras cosas sobre cómo transcurría su vida diaria en la ciudad, su relación con la Universidad, como profesor y rector, su actuación política y hasta sobre su muerte y el lugar el que está enterrado en el cementerio.

Y sobre todo veo que conoce bastantes cosas sobre su vida de destierro en Fuerteventura por lo siguiente:

“Después de jubilarme fui yo a Fuerteventura al mismo lugar en el que estuvo Unamuno y me contaron también quién y cómo era, lo que allí hacía e incluso lo mucho que sufría recordando las cosas que le habían ocurrido. Me hablaron de sus paseos en soledad, sus paseos sobre el camello a la montaña etc. Había algunas personas mayores que lo recordaban y que también lo apreciaban mucho.”

Ignacio ha expuesto sus esculturas y dibujos sobre Unamuno en algunos lugares de Salamanca, como el Casino, y este mismo año lo ha hecho en la oficina de Correos de la calle León Felipe. Pero le gustaría que se conociesen en otros lugares de la ciudad y en pueblos de la provincia. Para ello necesitaría contar con la ayuda del Ayuntamiento o de la Diputación, que hasta ahora no le han prestado atención alguna, ni le han apoyado en nada. “¿Será que no les gusta lo que hago o el que Unamuno sea el tema central y al que más importancia doy en mis trabajos?, se pregunta Ignacio. Porque, si mis esculturas o pinturas no son merecedoras de las salas de exposiciones, grandes e importantes de la ciudad, sí que pueden exponerse o colocarse en lugares a los que tengan acceso otras personas que quieran contemplarlas”.

En un año como este en el que se celebra el 75 aniversario de la muerte de Unamuno que sepan los alcaldes y concejales de pueblos o barios de Salamanca que Ignacio Sánchez está dispuesto a colaborar con sus obras para dar a conocer y homenajear un poco más al que fue escritor, poeta, profesor y rector de la Universidad.

En una habitación cerca del patio tiene el taller en el que pinta y dibuja. Por allí se ven los materiales que utiliza: pinceles, pinturas, telas, paneles, etc. También prepara aquí las pequeñas esculturas, porque para las de mayor tamaño utiliza el patio. Para estas obras, se sirve, como herramientas, de cinceles, radial, lijas, etc. En algunas de ellas saca el brillo, cuando es necesario.

Antes de irme le felicito por todo lo que ha hecho. Por su parte él trae y me enseña un libro con firmas de muchas de las personas, algunas importantes y conocidas, que le han visitado. Yo también escribo unas líneas en el libro, deseándole suerte y que por parte de quien corresponda le escuchen y atiendan sus peticiones.

Ojala que, no tardando, los de Carbajosa de la Armuña ayuden en lo posible a Ignacio Sánchez, y que el pueblo sea más conocido, y visitado, además de por otras cosas, por tener un museo local, de escultura, pintura y etnografía, y en el que, destaca, sobre todo, la figura de Unamuno. Y todo ello porque una persona, desde antes de su jubilación, se afincó allí y dedicó gran parte de su tiempo a estos temas, por afición, y pensando siempre en que serían del agrado de los demás.

jueves 16 de febrero de 2012

Son ya 100.000 las visitas a este blog.


Si hace un año por estas fechas eran 50.000 las personas que se habían acercado y visitado este blog, hoy, un año después, superan las 100.000. Muchas gracias, de nuevo , a todos los amigos y amantes del patrimonio, en este caso, popular, pues este es el título elegido.

Nadie pone en duda que Patrimonio es palabra bella y sonora, admirada y respetada por muchas personas, con un contenido amplio y diverso. Caben en ella el arte, la arquitectura, la historia, el medio ambiente, el paisaje, etc. También el folclore, las fiestas locales, el pasado y las tradiciones de ciudades y pueblos. Y cómo no, las personas que viven en ellos, con todo lo que pueden aportar en relación con su vida, trabajos y actividades realizadas a lo largo de ella.

Cuando viajamos podemos ver y admirar el rico patrimonio que poseen los distintos pueblos y ciudades de nuestra geografía, pero no podemos olvidar lo que aportan también algunos ciudadanos.

Gracias, una vez más, a todos aquellos que aún siguen interesándose por estas pequeñas y variadas cosas que uno encuentra cada día cerca de donde vive, o al viajar por los distintos lugares. Con frecuencia se ve o se encuentra a personas, ciudadanos normales, gente sencilla, que, por lo que hacen o dicen, tienen algo que ofrecer y enseñar a los demás. Estas personas también tienen derecho a ser populares y a tener un espacio en este blog.

Espero seguir recibiendo sus opiniones, y también alguna sugerencia, que se tendrá en cuenta, en la medida de lo posible, y siempre que tenga que ver con el patrimonio popular y sea del agrado de los lectores.

martes 14 de febrero de 2012

Dulces tradicionales: Bollos de san Miguel.

Caridad López con los cazos de cobre que utilizaba para preparar la masa de los bollos.
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Tenían que bañar los bollos a mano, y uno a uno.
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Lata con los bollos de san Miguel después de salir del horno.
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Los cazos de cobre y la bandeja con los bollos.
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Antigua batidora eléctrica utilizada en la panadería.
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Caridad y su marido Tino en la mesa camilla de su casa con la bandeja de bollos recién hechos.
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Pedro, el que era panadero en Fuentes de Ropel, comprobando el peso con una antigua balanza.
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Varias pesas utilizadas en las balanzas que Pedro tenía en su panadería.
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Balanza de menor tamaño, que también utilizó en la panadería.
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En San Miguel del Valle, pueblo situado al norte de la provincia de Zamora y muy próximo a la ciudad de Benavente, desde mediados del siglo XIX se elaboraron estos dulces, denominados también Bollos Blancos, Bollos de Baño o Migueles. Tal fue y sigue siendo su importancia, además de su antigüedad, que han dado fama y renombre, no sólo a los confiteros, sino también al pueblo en el que desarrollaron su trabajo artesano

Fue precisamente la familia conocida como Los Cachanos quienes se encargaron de ello, y se les puede considerar responsables de su propia fama, de la de los dulces y, como consecuencia de ello, de la del pueblo. El sobrenombre les viene precisamente de ser las cachas de caramelo uno de los productos que más elaboraban y vendían por aquellos años.

Los tres hermanos, Caridad, Teófila y Tirso, heredaron de sus antepasados, concretamente de sus padres Victoriano y Ascensión, nacidos todos en San Miguel, la formula para hacer los bollos y a ello se dedicaron toda su vida, al menos Teófila y Tirso, aunque, como todo confitero, también hiciesen otros dulces. Pero Tirso, de muy joven, se traslado a vivir a Fuentes de Ropel en donde se casó y tuvo 10 hijos. Sus hermanas siguieron en San Miguel. En la actualidad sólo vive Caridad, que reside en Bilbao.

En Fuentes de Ropel hace ya tiempo hablé con una hija de Tirso, Caridad López Santos, tenía entonces 63 años, la única que vive en el pueblo y la que más y mejor conoce la historia de su familia.

-Mi padre Tirso vino a vivir aquí hacia el año 1932, aquí puso su obrador para hacer dulces, entre los que destacaban los bollos. Tuvo 10 hijos, de los que vivimos 9, todos ya de bastante edad. Al morir mi padre, heredó el oficio de confitero mi hermano Joaquín, con quien yo trabaje 18 años. Pero la muerte le vino bastante joven, pues tenía 61 años. Con él se acabó la rama de la familia que elaboraba los bollos conocidos como de San Miguel por ser allí el origen y proceder de allí los artesanos confiteros.

Sin necesidad de hacerle más preguntas Cari, así la llaman todos, sigue contándome más cosas sobre su familia, su oficio y los bollos:

-Pero no piense que fueron mi padre y mis tías Caridad y Teófila, las que inventaron o crearon la formula de los bollos, porque también los hacían mis abuelos Victoriano y Ascensión, en San Miguel, que era donde vivían. Bueno, hacían bollos y otros dulces, pero estos son los que tienen más fama. Es que son muy sabrosos y se vendían muy bien. Además se tardaba mucho más tiempo en su elaboración: Que si la masa y darles forma, que si el baño y el secado, etc. Era muy entretenido.

Por el testimonio de Cari puedo confirmar lo dicho, que a partir de la segunda mitad del siglo XIX ya se elaboran y conocen los bollos.

Se trata de unos dulces, de forma redonda, de pequeño tamaño y de color blanco, debido al baño, cuyos principales ingredientes son harina, azúcar, yemas de huevo, manteca de cerdo y, por supuesto, agua. Todo ello bien mezclado y preparado según la fórmula que solamente el confitero sabía.

-Bueno, dice Cari, la conocíamos todos los de la familia, pues todos trabajábamos en ello, ayudando a mis padres. Como éramos tantos en casa, mi padre, que madrugaba mucho para hacerlos, contaba con nosotros, sobre todo cuando había que bañarlos. Pero la fórmula es algo muy nuestro y por mucho que quieran imitarlos no es lo mismo. Los nuestros tenían un toque especial.

Hay que destacar que por entonces las manos, o utensilios manejados con las manos, eran las herramientas utilizadas. Con ellas preparaban la masa, la extendían sobre la mesa y con unos moldes redondos la cortaban, según la forma exigida por los bollos. Una vez cortados, unificados y debidamente alineados, los colocaban en bandejas de lata para introducirlos en el horno de leña, bien caliente y límpio.

Le pregunto por otros útiles e instrumentos utilizados:

-Teníamos perolas de diversos tamaños, rodillo para estirar la masa, latas o bandejas de hojalata para colocar los dulces, cazos grandes y pequeños de cobre, algunas cucharas de metal y de madera, moldes para los distintos dulces y palas de chapa para coger las latas e introducirlas en el horno. Más tarde, ya en la época de mi hermano, utilizábamos en la pastelería u obrador una batidora y un amasador eléctricos. Pero con mi padre las manos era el principal motor. Con ellas lo hacíamos todo.

Cuando los bollos estaban ya cocidos los sacaban del horno para bañarlos. El baño consistía en una mezcla de claras de huevo y azúcar preparada en una perola de cobre con un batidor de alambre. Antes del batido se calienta un poco el azúcar para que se deshaga. Los ingredientes tenían que tener el debido peso y medida, pues el baño daba un toque especial a los bollos. Se cogían uno a uno y se les untaba con una pluma de ave. Primeramente por un lado y luego se metían a secar en el horno o cerca de él. No necesitaban mucho calor, el horno tenía que estar muy flojo. Se sacaban de nuevo y se les bañaba por el otro lado, procediendo del mismo modo.

-Así hicimos cientos de miles de bollos, sobre todo mis padres y mis hermanos, aquí en Fuentes. Se necesitaban muchas manos y mis padres las tenían. Lo mismo hicieron mis tías y mis abuelos en San Miguel. Fueron muchos años dedicados a ello, concluye Cari.

Su padre y después su hermano, además de bollos, elaboraban otros dulces como los borrachillos, rosquillas de espuma, roscas de aceite, almendrados, bizcochos, hojaldres. Y luego hicieron también obleas, merengue, caramelos y hasta turrón del duro y del blando. Pero la joya y lo que más éxito tenía eran los bollos blancos. Prueba de ello es que era lo que más se vendía.

-Allá por los años de la década de1950 o incluso antes, mi padre cogía el burro, colocaba sobre él las arquillas, una especie de arcas, o cajas pequeñas, a modo de cuévanos, y se iba por los pueblos a vender dulces y, aunque llevaba de todo, lo que más vendía eran los bollos blancos. En aquella época no se empaquetaban, sino que se hacía por kilos, por lo que la antigua romana no podía faltar.

Por lo que me cuenta, su padre recorrió muchos pueblos de esta comarca y de otras más alejadas. De la Tierra de Campos iba hasta Cerecinos, Villalobos, San Esteban y Quintanilla del Molar, etc.; del Sur de León a Valencia de D. Juan, Villamañán, Villafer y Villaquejida, etc., incluso llegó a Laguna de Negrillos y Laguna Dalga, entre otros; y, por supuesto, que vendían mucho en los pueblos próximos a Fuentes de Ropel y San Miguel del Valle: Benavente, Castrogonzalo, Castropepe, Barcial del Barco, Villaveza del Agua, Valdescorriel, etc.; Y siempre con el burro, al menos su padre, porque a su hermano le tocó otra época y utilizaba un coche para desplazarse y llevar los dulces. Además los vendía ya en cajas de medio kilo o de un kilo. Y es que, con el paso de los años, las costumbres cambiaron y las exigencias sanitarias y de otro tipo eran mayores.

También enviaban bollos, al menos los últimos años, a Madrid, Barcelona y Gijón y, por supuesto, a las ciudades próximas, Zamora, León, Valladolid y Salamanca.

En la actualidad, desde hace ocho años, siguen elaborando bollos blancos, además de otros dulces, Pedro Rodríguez Vaquero y su mujer Carmina, los panaderos de Fuentes de Ropel. Y lo hacen a su modo, o si queremos, al modo de Fuentes, no al de San Miguel, aunque trabaje y colabore con ellos Cari, la hija de Tirso. Pero no cuentan con su fórmula, que es algo muy ligado a su familia y que, por respeto a ellos, no desvelará a nadie. Dice que si a sus padres, abuelos y hermano les salían tan exquisitos es porque aplicaban todo en su justa medida y a su debido tiempo. Prueba de ello es la fama del bollo y del pueblo que lo pregona.

Todo esto lo sabe igualmente Mariví, la panadera de San Miguel, que también los hizo durante 14 años, pero lo dejo por falta de tiempo y de mano de obra, no por las ventas o por falta de clientes, que eran muchos.

-No podemos atender a todo, pues tenemos la panadería y hacemos otros dulces que nos llevan menos tiempo. Porque en los bollos hay que tener mucho cuidado y hacerlos bien. Lo más entretenido es el baño, que se hace uno a uno con la pluma o el pincel, procurando que quede todo él bien cubierto, porque de lo contrario, al secarse, pueden aparecer coqueras y no queda perfecto. Y luego el secado debe ser con poco fuego para evitar que se formen grietas.

Compruebo lo dicho. Mariví lo conoce bien todo. Y es que un tío suyo se casó con Caridad, una de las cachanas, la que vive en Bilbao. Ella misma lo aprendió de su tío a quien recuerda yendo a vender dulces, y sobre todo los bollos, con el burro y las arquillas, lo mismo que Tirso, por los pueblos de la comarca.

Me dice que, en la actualidad, además de Fuentes de Ropel, los hacen en La Unión de Campos y que los llaman Miguelines, dato este que nos recuerda a San Miguel y nos confirma una vez más la procedencia del dulce. Lo mismo pasa en Benavente en donde se conocen como Miguelitos. También en Valderas, pero aquí los llaman Bollos del Cautivo, con leyenda incluida. Y los siguen elaborando, actualmente, en otras muchas partes, con el mismo color e incluso la misma forma, pero no con el mismo sabor, aquel que supieron darle los Cachanos, la familia que hace más de cien años creó la fórmula de un dulce que hizo famoso y más conocido de lo que era a San Miguel del Valle, este pequeño pueblo del norte de la provincia de Zamora, muy próximo a Benavente.


viernes 10 de febrero de 2012

Etnografía: Colección de Elicesio García. Bodega La Gruta, en Pobladura del Valle.

Elicesio García delante de la entrada a su bodega-restaurante. Año 2008.
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Barra del bar bajo la antigua viga de la bodega, y sobre ella varios objetos de su colección etnográfica.
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Uno de los muchos rincones de la bodega, con variedad de piezas.
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Fuelle y cántara de metal.
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Numerosos objetos adornan los accesos a las dependencias de la bodega.
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La devanadera, instrumento para deshacer las madejas de lana o lino, y convertirlas en ovillos.
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Barrilas, calentador de cama, cerámicas...
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Los zahones del Conde Patilla y dos aparatos de radio antiguos.
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Toda la bodega está decorada con los más diversos objetos.
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Dos yugos para vacas o bueyes, y otras piezas.
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Elicesio junto al organillo que tiene en una de las salas-comedor. Y sobre el organillo más aparatos de radio.
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Pasillo principal de la bodega por el que se accede a los distintos comedores.
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Uno de los comedores de la bodega, con variadas y llamativas piezas etnográficas en el techo y en las paredes.
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En Pobadura del Valle, desde hace ya varios años, hay algunas bodegas antiguas que se utilizan como bares y restaurantes. Una de ella es la que se denomina La Gruta, a la que me voy a referir hoy, pues en ella los clientes, además de comer y beber, pueden ver y admirar numerosas piezas u objetos antiguos de indudable valor etnográfico, que nos recuerdan las costumbres, tradiciones y la forma de vivir y trabajar en el pasado.

Elicesio García Losada, su propietario, me cuenta lo siguiente: “A mi me gustaron siempre las bodegas, las de esta zona y otras muchas que he visitado. En cierta ocasión estuve en Fuensaldaña con unos amigos en una que era restaurante y me gustó tanto que pensé en la posibilidad de comprar una en mi pueblo o cerca de él para dedicarla al mismo negocio. Además había que pensar en los hijos, que en realidad han sido quienes se han encargado de ello. Y tan pronto como se me presentó la ocasión lo hice. La bodega pertenecía a Don Baltasar un médico de Saludes de Castroponce. Se la compré el día 4 de Mayo de 1989 y en el mes de Julio de este mismo año, después de una reformas en el exterior, en el pavimento, preparar un local para la cocina, otro para los servicios y poco más, mi hijo Carlos se hace cargo de ella y se abre al público”.

Elicesio tiene ahora 72 años y está jubilado desde los 64. Es natural de La Torre del Valle y aquí vivió y trabajó en el campo sus primeros años. Lo mismo que sus seis hermanos. Precisamente uno de ellos es Horacio, participó, como artesano jubilado, en la Exposición celebrada el año pasado durante la FEMAG (Feria de Maquinaria Agrícola y Canadera) que se celebra en Benavente. Hace maquetas de casas, aperos de labranza y centros de flores secas, entre otras cosas.

Pero Elicesio a partir del año 1959 se colocó en la fábrica de harinas La Ventosa de Benavente y aquí “haciendo de todo” dice él, se jubiló. Desde esta fecha ya vivió en Benavente, sin olvidarse y estando siempre cerca de su pueblo y de su gente y, por supuesto, de su bodega.

“El nombre La Gruta me lo sugirió un amigo de Oviedo que trabajó durante 52 años en un mesón existente en la ciudad con el mismo nombre. Me gustó y así la bautizamos cuando comenzamos con el restaurante”.

Pero “La Gruta” de Pobladura tiene algo especial. Y no como bodega, pues hay varias aquí y en otros lugares, sino porque en su interior, paredes, estancia y pasillos, está decorada, o si queremos adornada, con numerosos objetos o piezas etnográficas que llaman la atención a todos los que se acercan por allí. A las personas mayores les recuerda la forma de vivir y trabajar en el pasado y los más jóvenes también pueden aprender algo. Y, aunque no haya orden en la colocación de las cosas, resulta interesante verlo. Etnografía y gastronomía se dan la mano dentro de la cueva.

La estructura de la bodega antigua se mantiene en general, aunque en las obras de adaptación el lagar se haya transformado en cocina, y en algunos lugares haya armarios y cámaras frigoríficas. Pero, allí está la antigua viga, que pasa por encima de la barra del pequeño bar, y sobre la que han colocado muchos objetos antiguos. Como los hay en las salas-comedor, lugares que ocupaban las cubas, y en los pasillos, nichos y demás estancias. Por todos los sitios hay objetos y útiles antiguos de las más variadas formas y usos.

“Mire Usted, a mí lo mismo que a mis hermanos siempre me gustaron las cosas antiguas y, al comprar la bodega, pensé que podía ser un buen lugar para exponerlas y para que las vea la gente que nos visita. Algunas cosas nos demuestran que los antepasados trabajaban mucho más que nosotros, pues casi todo lo hacían a mano o con instrumentos manuales y artesanales”.

Sobre la adquisición de las piezas me dice que algunas había ya en la bodega. Otras proceden de su casa de La Torre del Valle. El resto son regalos de amigos y familiares y algunas compras que ha hecho. Y es que, en este aspecto, hay también muchas personas que tienen afición y coleccionan objetos antiguos y cuando alguno les gusta procuran adquirirlo, si pueden.

Los hay relacionados -con la agricultura: arados de madera, trillos, tornadera, bieldo y bielda, yalgas, medidas de madera (fanega, media fanega) y de metal: cántara.

- con la ganadería:: collerón, yugos, trasgas...

-con la vivienda y la vida doméstica: candiles varios, faroles, carburos, morteros, machaca-ajos, pucheros, cántaros, barriles diversos (de cerámica y de mimbre con pez en el interior), platos, jarras, etc. Y varias artesas de madera de nogal de las que se utilizaban en la bodega y que servían también para el hogar cuando se mataba el cerdo o en otras ocasiones.

Hay también por allí muchos aparatos de radio antiguos: “A esto es muy aficionado mi hijo Carlos y consiguió reunir muchos. También le gustan a su hermano Santiago que es el que está ahora al frente de la bodega”.

En una pared de una de las estancias-comedor y en medio de dos aparatos de radios hay unos zahones que le regaló una persona de Benavente y le dijo que habían pertenecido al conde Patilla.

Y en otro lugar no lejos veo un piano: “No, me dice él, esto es un organillo que compramos en Villalpando. Y está casi nuevo, pero no lo hemos utilizado nunca aquí en la bodega”.

Le digo que tenía que repararlo y sería una buena idea y un atractivo más para deleitar a los clientes con alguno de los pasodobles, vals y las otras melodías que salían de golpear las cuerdas con sus teclas, siempre que con el manubrio se accionase el cilindro con púas.

De momento allí está el organillo, y seguro que a muchas personas de estas tierras les gustaría, no sólo verlo, sino también escuchar su música.

Elicesio, ya jubilado, va casi todos los días por su bodega “La Gruta” con su mujer. Además hay que echar una mano a su hijo, aunque, en su caso, la ayuda se convierta en consejos propios de una persona mayor.

Pero se lo pasa bien. Además tiene otra bodega más pequeña en su pueblo “La Torre del Valle”, tal vez más antigua y, sin duda alguna, mejor construida, pues tiene arcos de medio punto y apuntados, y adornan sus paredes y puertas, cordones, figuras e inscripciones. Todo ello denota mucho trabajo y antigüedad.

Aquí hace vino de la forma más tradicional posible, Y, aunque machaca la uva, no con los pies sino con una trituradora antigua de las de manivela, todo lo demás: lavar las cubas, echar la madre, atestar, trasegar, etc, lo hace de forma tradicional. Así consigue un buen vino rosado (el clarete leonés), del agrado de sus amigos con los que con frecuencia se reúne para merendar o celebrar algún acontecimiento.

En esta bodega también tiene piezas antiguas, que le sirven para recordar su vida.

martes 7 de febrero de 2012

Benavente: Plaza de la Soledad.

Una imagen antigua de la Plaza de la Soledad.
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"Casa Chirlato", edificio, también antiguo, de la Plaza. Se conserva en la acualidad, pero ya remodelado y sin distribuidor de gasolina. A la izquierda , y no lejos, se puede ver la fachada de la ermita de la soledad.
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Aspecto que ofrecía la Plaza hace ya tiempo, y algunos de sus edificios.
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Imagen actual con las nuevas construcciones, y la escultura del toro Enmaromado en el centro de la misma.
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Imagen actual desde otro lugar. A la derecha el edificio Sanz y, en el centro, el comienzo de la Avda. Federico Silva.

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Escultura del Toro Enmaromado, instalada en la Plaza en el año 2011.
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Edifico de "Los Boteros", uno de los pocos que se conservan de principios del siglo XX. De construcción antigua y de ladrillo, como otros muchos que había en la ciudad.
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Aunque antiguamente este lugar estaba a las afueras y así era considerado, en la actualidad ha pasado a ser una más de las plazas de la ciudad, situada al mediodía y en la que confluyen o de la que parten importantes calles, como la Cuesta del Hospital, (en ella se encuentra el Centro Sanitario), la de Santa Cruz (con antigua puerta de entrada a la Villa y por donde se llega a la Plaza del Grano) y la pequeña de la Soledad, (la que va hacia la ermita de dicho nombre), e importantes avenidas como las de León (hoy con nuevos edificios), la de Luis Morán (antiguamente carretera de la Coruña), la de Federico Silva (toda ella de nueva construcción) y El Ferial (la más importante por su extensión, población y las actividades que en ella se desarrollan).

La Soledad, así llamada por todos los benaventanos, siempre fue uno de los lugares más conocidos por su situación en un cruce de carreteras. Por allí pasaban los que se dirigían en coche hacia Lugo o La Coruña por un a parte, o hacia Orense y Pontevedra por la otra. También los que iban o regresaban de Madrid, León, Zamora y demás provincias de España hacia el noroeste de la península.

Antes de la construcción de las nuevas carreteras y autovías, al ser éste era un paso obligado para todos, el tráfico era intenso. En algunas épocas del año se formaban grandes caravanas de vehículos que se dirigían a los distintos lugares.

De las tres ermitas extramuros que tenía Benavente: San Lázaro, San Antonio Abad y La Soledad, esta última se encuentra muy cerca de esta plaza y es a la que debe su nombre. A finales del siglo XIX los terrenos próximos a la ermita, que no estaban edificados, se utilizaron como cementerio, lo mismo que ocurría por entonces en el entorno de las demás ermitas.

El entramado urbano de Benavente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX estaba formado por calles estrechas en su mayoría y pequeñas plazas y corrillos. Apenas tenía la Villa proyección fuera del caso viejo. Tan sólo había edificaciones en las proximidades de las antiguas puertas de la cerca, sobre todo de la de santa Cruz, que daba a la plaza de la Soledad. A las afueras y no lejos de esta plaza se encontraban algunas posadas y almacenes. (Mata Guerra, J. C.: Sociedad y prensa en Benavente, 2001). Fue siempre este un lugar en el que se desarrollaron algunos negocios y se establecieron talleres con oficios diversos. En esta época el eje principal de la Villa estaba casi todo porticado. Era precisamente el que enlazaba esta plaza con la del Grano y el Corrillo de san Nicolás a través de la calle de santa Cruz.

En la actualidad la plaza está más urbanizada. Gran parte de los edificios que la rodean son de nueva construcción y contó casi siempre con un pequeño jardín en el centro de la misma, pero en este año 2011 en el lugar del jardín se ha instalado el monumento al toro enmaromado tan esperado por muchos benaventanos. Se trata de varias esculturas en bronce que representan al toro, con la maroma atada a sus cuernos y dos mozos tirando de ella. Su autor es Pedro Requejo Novoa y la fecha de inauguración del monumento tuvo lugar en el mes de Agosto .

El lugar sigue siendo paso obligado para los numerosos vehículos, procedentes de la Avenidas Federico Silva y el Ferial, y también para todos aquellos que viajando por las autovías de Galicia y de León, quieren entrar en la ciudad. En la zona no faltan los bares, cafeterías, comercios y otros servicios para los ciudadanos.

Como edificios más antiguos se conserva el de Sanz, de la década de 1960. Anterior a esta fecha es la casa de ladrillo que está a su lado, que dispone de tronera y que es un buen testimonio del tipo de construcción que se hacía a comienzos del siglo XX,

Y una casa de ladrillo a su lado con tronera que llama la atención, pues es d se conservan el edifico de Sanz y algunos otros como se puede ver en las imágenes.

viernes 3 de febrero de 2012

Esculturas y monumentos en calles de Salamanca: Paseo Doctor Torres Villarroel.

Monumento a la Victoria, o a la Unificación Familiar. Piedra de Villamayor. Autor: José Luis Núñez Solé.
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Relieve en la portada de la iglesia de María Mediadora. Piedra. Autor: José Luis Núñez Solé.
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Resto de columna en el centro de un pequeño jardín en el mismo Paseo.
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Relieve en la esquina de un edificio que da al paseo Doctor Torres Villarroel y a la calle Van Dyck. Lo firman Agustín Casillas y Carmen Mulero, año 1965.
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Imágenes del anterior relieve.
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Hacia el centro del paseo destaca el monumento a la Victoria, de José Luis Núñez Solé. También conocido como Monumento a la Unificación Familiar está realizado en piedra de Villamayor, coronado por una diosa alada de tamaño natural y en la parte baja tiene relieves con motivos bélicos, soldados y familias.
Frente a este monumento, y en la fachada de la iglesia y colegio de María Mediadora, hay unos relieves atribuidos también al mismo autor.
No lejos de este lugar vemos, en un edificio, que da al Paseo y a la calle Fernando de la Peña, en la misma esquina, un relieve en piedra y de varios colores, que firman los autores Carmen Mulero y Agustín Casillas, año 1965.
También merece una mención el resto de columna, tal vez procedente de un antiguo edificio, que se encuentra en el centro de un pequeño jardín entre rejas, cerca de la entrada a la iglesia de María Mediadora.
El Paseo del Doctor Torres Villarroel es uno lugares que más actividad tienen en Salamanca, pues es una de las entradas a la ciudad desde la zona norte, y esta cerca del centro de la misma. Además en él hay unos multicines y otras salas de diversión, y también muchos bares, cafeterías y otro tipo de establecimientos, a los que acuden diariamente muchas personas.

miércoles 1 de febrero de 2012

Canal del Esla y Museo del Toro, en Benavente.


El canal del Esla a su llegada a Benavente. En la imagen, el salto grande, antes de su entubado y soterrado. Al lado, el edificio de la antigua central hidroeléctrica.
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Cartel que informaba sobre las obras, en la actualidad ya realizadas: revestimiento del desagüe final del Canal en Benavente.

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Aspecto que presenta ahora el canal, ya entubado y cubierto con tierra y vegetación.
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En la imagen, Manuel Campo, guarda del canal durante más de 25 años, en el interior de la central. A su lado algunas de las máquinas e instrumentos necesarios para producir energía eléctrica.
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Maquinaria en el interior de la antigua central hidroeléctrica.
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Al fondo la casa del guarda y el edificio de la central. El canal aparece ya cubierto de vegetación.
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Lugar en el que se encontraba el antiguo molino de Ricardo, ya desaparecido. Estaba a no mucho más de 300 metros del salto grande, y junto al salto pequeño. Ahora la tierra cubre el canal.
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Paseo con cemento, junto al canal del Esla, paralelo a la carretera de León.
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En la Vía del Canal el paseo está más urbanizado, y sobre el canal, entubado y soterrado, hay cesped y otro tipo de vegetación.
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Al llegar al molino de Evaristo se advierte cierta inclinación en el paseo, debido a que en este lugar también existía un salto de agua que servía al molino.
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Junto al paseo urbanizado y cerca del edificio hay un registro de agua.
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Ediificio del antiguo molino de Evaristo, junto al Canal del Esla en Benavente. En este lugar se instalará el museo del toro.
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En la fachada oeste, cerca del ángulo del tejado, hay un óculo, además de la puerta y otras ventanas.
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Obras en el interior del molino, que, en breve, se convertirá en el museo del Toro. (Foto: La Opinión de Zamora).
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Los forasteros, y quienes no conozcan la ciudad de Benavente y algo de su historia, se sorprenderán ante este titular, pues tal vez no vean relación alguna entre estas dos cosas.
Se trata, sencillamente, de que la construcción del citado museo se esta haciendo en un edificio antiguo, conocido y denominado molino de Evaristo, situado junto al canal del Esla, en el que había un pequeño salto de agua, que servía al molino.
En la actualidad el canal sigue pasando por el lugar, aunque esta entubado y soterrado desde que comienza su entrada en Benavente. Esto hace que ya no se pueda ver el salto grande, junto al cual había una central hidroeléctrica, de la que se conserva el edificio y diversa maquinaria en su interior, como se ve en las imágenes anteriores.
Tampoco podemos ver, un poco más adelante el salto pequeño, con otro molino al lado, el de Ricardo. Ni el agua corriendo por el sur de la ciudad hasta llegar a su final en el Caño de los Molinos, detrás de la fábrica de harinas La Ventosa.
El Canal del Esla construido en el año 1859 tuvo y sigue teniendo mucha importancia para los pueblos de la Vega. Y también para Benavente, su final. De hecho, aunque soterrado, en la ciudad mantienen el recuerdo del mismo al denominar a la avenida, por la que pasaba y pasa, Vía del Canal. Por cierto que una de las más transitadas por vehículos, pues se ha convertido en una carretera de circunvalación, y también por las personas, pues la Confederación Hidrográfica del Duero, al efectuar los trabajos de entubado y soterramiento, lo acondicionó para paseo y como zona verde, con pequeños arbustos y otra tipo vegetación, muy del agrado de las numerosas personas que diariamente pasan y pasean por el lugar.
El canal del Esla a su paso por Benavente deberá ser recordado por haber prestado y seguir prestando sus aguas para regar algunas tierras de la vega, pero también por su antigua central hidroeléctrica, en el salto grande, junto a la casa del guarda, y sus dos molinos, uno de ellos el conocido y denominado de Evaristo, en cuyo edificio se va a construir el museo del toro.
Por respeto al pasado, y a la historia es obligado que en dicho museo se deje constancia, de alguna manera, con imágenes y texto, del lugar en que está ubicado, del edificio anterior y el servicio prestado, y también con referencias al canal del Esla, que tiene una antigüedad de más de 150 años.