domingo, 15 de enero de 2012

Salamanca recuerda a san Juan de Sahagún

Iglesia de san Juan de Sahagún en la calle Toro de Salamanca.
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Relieve en bronce que representa el "Milagro del Pozo Amarillo", atribuído al santo.
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Este otro relieve, también en bronce, representa el milagro de la "Pacificación de los Bandos". Se encuentra, como el anterior, en la fachada principal de la iglesia.
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Monumento a saqn Juan de Sahagún, año 2002. Escultura en bronce, cuyo autor es Valeriano Hernández. Se encuentra en la plaza de san Juan, detrás de su iglesia.
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Placa que recuerda la iluminación artistica de la iglesia de san Juan de Sahagún, realizada bajo el patrocinio de Iberdrola. Se encuentra en la plaza de san Juan, también detrás de la iglesia.
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Imagen del santo, como religioso agustino, en el interior de su iglesia.
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Monumento en la calle Pozo Amarillo de Salamanca. Recuerda el milagro del "Niño caído al Pozo" y salvado por el santo, que, según la leyenda, se realizó en este mismo lugar.
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Urna con los restos de san Juan de Sahagún en el altar mayor de la Catedral Nueva de Salamanca.
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Medallón de san Juan de Sahagún en el pabellón de Pretineros de la Plaza Mayor de Salamanca.
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Relieve con la imagen del santo en el muro de una casa en la calle Traviesa.
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Imagen de san Juan con el niño en el pozo. Se encuentra en el salón de recepciones del Ayuntamiento de Salamanca.
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Calle Tentenecio. Recuerda otro de los milagros del santo: "Detener a un toro que se había escapado de la Feria y andaba a su aire por las calles de la ciudad".
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Esta son las imágenes, tal vez falte alguna, con las que Salamanca recuerda a otro personaje famoso, en este caso considerado santo, que, aunque no nació en la ciudad, sí vivió gran parte de su vida, y en ella murió.

Porque este san Juan, nació en Sahagún, una localidad situada al sur de la provincia de León, partido judicial y centro de una amplia comarca, de pan y vino llevar, como algunos han dicho, aunque también con muchas cosas que ofrecer a sus ciudadanos y a los visitantes.

Por Sahagún pasa el río Cea, que contribuye al progreso de la ciudad, pues en su vega se cultivan algunos productos hortícolas de calidad y fama, como el puerro, por citar algunos. Pero por lo que más destaca y es conocido Sahagún es por ser considerada por muchos, ciudad del mudéjar. Podemos decir que también la comarca es mudéjar. Basta ver sus iglesias y ermitas.

Sahagún, además, ha sido siempre, y sigue siendo, hito importante en el Camino de Santiago,

Y hay que añadir a todo esto que cuenta con un santo, que le ha dado fama, el mismo que a Salamanca. En esta ciudad se echa de menos alguna referencia a Sahagún, lugar de nacimiento de este santo, a quien tanto respeto y veneración tienen, y al que dedican varios días de fiesta en el mes de Junio.
Nunca es tarde para que las dos ciudades conmemoren, o celebren juntas algún acto.
En otra ocasión veremos las imágenes con las que recuerdan al santo en Sahagún.

viernes, 13 de enero de 2012

Artesano: Santiago Pérez, de Benavente.

Santiago Pérez trabajando con el torno en el taller de su casa en Mozar de Valverde.
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Santiago con sus alumnos, enseñandoles torno y talla, en el curso realizado en un taller de carpintería de Santa Cristina de la Polvorosa.
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Al hacer en madera los bustos de su madre y de su abuela utilizó el compás de sacar puntos.
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Busto de Cristo, una de sus primeras obras de talla.
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"Este Cristo lo hizo mi hijo cuando tenía 14 años", está diciendo su madre.
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Reloj de madedra tallada, otra de sus obras.
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Adorno en la escalera del Ayuntamiento de Santa Croya de Tera, obra de Santiago.
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Varios objetos que ha realizado con su torno.
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Una de las muchas escaleras que ha hecho en domicilios privados y ayuntamientos.
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Las puertas que, en la actualidad, tiene la iglesia de Santiago de Pumarejo de Tera son también obra suya.
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Santiago Pérez Escudero es hijo de Noé, el molinero de Mozar, ya fallecido, y sobre quien escribí hace años en las páginas de La Voz de Benavente y Comarca. Y si el padre fue un maestro molinero, conocedor también de otros oficios, herrero, albañil, pintor, etc., de su hijo podemos afirmar que es un maestro carpintero y ebanista, a lo que en la actualidad se dedica principalmente para poder vivir de su oficio y de su trabajo. Pero también lo podemos considerar un artista, a juzgar por los relieves y esculturas que ha tallado a lo largo de su vida y, cuando disponía de un tiempo para dedicarse a ello, y no tener que atender a otras preocupaciones o necesidades vitales.

Nació en Mozar, en el mismo molino que regentaba su padre, hace 63 años y es el mayor de cuatro hermanos. Comenzó Estudios Primarios, en la escuela del pueblo, pero estudió los dos últimos en Navianos de Valverde, con D. Pompeyo. Sabían en su casa que este maestro dedicaba una hora diaria a Manualidades, lo cual era de su agrado. “Aquí comencé yo a tallar algunas cosas”, me dice Santiago, al tiempo que me recuerda también algunos momentos cuando era niño y vivía con sus padres en el molino, al lado del río Tera: “Al estar allí tanto tiempo sólo me divertía con el barro, con la madera y con las transmisiones del molino”. Como si a los 8 años hubiese empezado a tornear, o si se quiere, a jugar a tornear”.

Estudió también en Benavente en el Colegio Virgen de la Vega y en el de D. Manuel Paíno, hasta que, ya con 14 años (en 1961) se matriculó en la Escuela de Maestría de Zamora para cursar carpintería y ebanistería. Eligió ser tornero modelista, los que se dedican a hacer las piezas de fundición, y se fue a Salamanca para especializarse en este oficio.

“Pero a mí, dice él, como me gustaba tallar en madera, asistí a clases y cuando disponía de tiempo bajaba al taller, en donde disponía de gubias y otras herramientas, y allí tallé algunas piezas, entre ellas el busto de Cristo, que gustó tanto a mi Profesor, un tal Pastor, que era de esta zona, que me propuso trabajar con él en su taller o estudio particular, no sin antes enseñarme a esculpir, modelar y dibujar”.

Estos fueron sus inicios, pero tiene más cosas que contarme, pues, como ocurre con frecuencia, no son pocos los avatares y problemas por los que se pasa a lo largo de la vida. Resulta que su padre tuvo que emigrar a Francia, para trabajar, y no tardando se fue para allá toda la familia, y también Santiago, que no se olvidó de sus estudios y aficiones. Allí pasó también por la Escuela de Artes, al tiempo que trabajaba en fábricas de muebles y hacía tallas y esculturas.

Pero si su padre estuvo en Francia tan sólo cuatro años, él vivió allí 18. Tuvo que venir para el servicio militar en Melilla, pero regresó de nuevo y siguió con sus trabajos y aficiones en el país vecino.

Sus años en París, según me cuenta, fueron los más intensos y los que cambiaron su vida y su actitud ante la misma, incluso desde el punto de vista religioso, pues comenzó a leer la Biblia y su lectura le llevó a ver y sentir de otro modo el hecho religioso, aspecto este muy respetable y al que tiene derecho cualquier persona.

Y fue tal el atractivo e impacto recibido que incluso se sirvió de su oficio y de la madera para elaborar algunos objetos o piezas que tuvieran que ver con las narraciones del Libro Sagrado: el Arca de Noé, el Candelabro de los Siete Brazos, las Tablas de la Ley, la Serpiente de Bronce de Moisés, el Tabernáculo, etc. Aspecto éste muy interesante dice, no solo para él, sino también para todos aquellos que los contemplan. En este caso le interesa más no la obra en sí, sino lo que representa.

En el año 1981 regresó definitivamente a España para vivir y trabajar aquí junto a sus padres y no lejos de su querido y añorado molino. Y trabajar en lo que había aprendido y sabía como carpintero y ebanista haciendo muebles, barandillas para escaleras con el torno, puertas y otro tipo de piezas, algunas de las cuales requieren trabajos de talla.

Antes de elaborar sus obras de talla suele hacer un dibujo, aunque, al tratarse de piezas de pequeño tamaño, casi todas en bajorrelieve, se puede actuar directamente sobre la madera.

“Para las obras escultóricas, añade, intervienen ya otros conocimientos, relacionados con las ciencias, fisiología, anatomía, etc. Porque esculpir bien es más delicado. Se empieza con un dibujo, una foto o incluso estando la persona presente, si se trata de un busto o de cuerpo entero. Luego se modela en barro y después se pasa a la escayola. Yo me sirvo del modelo en escayola para hacerlo ya en piedra, mármol, madera o fundición. Cuando hago la pieza en madera utilizo el compás de sacar puntos”.

Por haber tenido que trabajar para vivir, tan sólo ha hecho unas 20 esculturas, a lo largo de su vida, algunas de ellas bustos, otras de cuerpo entero, y casi todas en madera de roble. Un ejemplo de ellas es el retrato de su abuela, como se puede ver en la fotografía. Y aunque se ha desprendido de casi todas, conserva sin embargo los modelos hechos en escayola de casi todas ellas.

Me cuenta algunas cosas más en Mozar, en el taller estudio que tiene en el patio de la casa de sus padres, en donde vive su madre, ya octogenaria. Ésta se acerca allí, en un momento de la conversación, y dice: “Mire este Cristo lo hizo mi hijo cuando tenía 9 o 10 años”. Y mientras lo dice lo mira. El la corrige diciendo que, cuando lo talló, ya había cumplido los 14.

De Santiago se pueden ver trabajos de ebanistería y también talla en muchos pueblos de esta comarca: escaleras en los Ayuntamientos de Santa Croya, Castrogonzalo, Aguilar de Tera etc.; la puerta de la iglesia de Pumarejo; y en muchos domicilios particulares, algunos de Benavente, pues son ya 21 años los que lleva viviendo en la ciudad.

También ha pasado y pasa algunos ratos haciendo piezas de menor tamaño para decoración en el hogar o para otra utilidad: copas, cuencos, y recipientes diversos.

En la actualidad, y hasta que llegue su jubilación que ya está cerca, sigue haciendo un poco de todo, siempre en torno a su oficio. Trabaja unos días en el taller de carpintería de Bretocino de Valverde y dos días a la semana, de 8 a 10 de la tarde, ejerce de maestro o profesor en la escuela de carpinteros que hay en Santa Cristina de la Polvorosa (ECAR). Allí le esperan varios alumnos para recibir sus enseñanzas relacionadas con el buen manejo del torno, o de las gubias aquellos que prefieran aprender la talla.

lunes, 9 de enero de 2012

Espadañas en Salamanca2.

Convento de san Estaban. Dominicos. Fachada principal. Plaza del Concilio de Trento.
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Iglesia de la Vera Cruz. Paseo de las Úrsulas.
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Capilla de la Universidad. Escuelas Mayores.
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Iglesia del convento de los Capuchinos. Calle Ramón y Cajal.
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Espadaña del Convento de los Capuchinos vista desde el Paseo de las Úrsulas.
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Iglesia de las Esclavas del Corazón de Jesús. Plaza santa Eulalia.
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Iglesia de san Cristóbal. Plaza san Cristóbal.
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Convento de las Madres Dominicas "Dueñas". Plaza del Concilio de Trento.
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Tres espadañas de dos conventos: Dueñas y san Esteban.
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Una espadaña alejada que asoma sobre un tejado cercano.
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Las espadañas de un solo vano o hueco, casi todas con campana de pequeño tamaño, son las más abundantes en la ciudad de Salamanca. Suelen coronar los tejados de algunas iglesias y ermitas, pero sobre todo de los conventos y monasterios, en donde suenan a diversas horas del día convocando a la oración y a otros actos de su vida religiosa y comunitaria.

Nos llaman la atención las dos espadañas sobre el tejado del convento de las Dueñas (Madres Dominicas), tanto por su forma como por el material empleado en su construcción, el ladrillo. Como que fuese un añadido posterior a la construcción en piedra de este convento, que en principio fue un palacio mudéjar cedido por sus dueños a las religiosas en el siglo XV.

Otras se nos muestran con más ornamentación, como corresponde al estilo arquitectónico en que se construyó el edificio: iglesia de la Vera Cruz, capilla de la Universidad, etc. Pero son más las que dejan ver su sencillez y el sentido funcional de las mismas.

Sin duda alguna, habrá en la ciudad más espadañas que las que aquí hemos recogido, pues hay también colegios e instituciones religiosas que cuentan con capilla o iglesia a la que acuden algunos ciudadanos al oír la campana que tienen en la torre o espadaña.

sábado, 7 de enero de 2012

Artesanía en madera: Pedro Sastre, de Benavente.

Pedro Sastre y su compañero de curso, Angel Arias, trabajando en una mesa de carpintero del Centro de Adultos de Benavente.
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Variedad de gubias que tiene en su local- almacén, en el que trabaja la madera con el torno.
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Pedro preparando una pieza en su torno.



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Su colección de palilleros, hechos a torno y con distintas clases de madera.



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Copas variadas en tamaños y formas.



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Platos, cuencos y una chara, también de madera.



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También ha hecho muchos morteros.



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Copa con una anilla incorporada, que requiere trabajo y atención al hacerla.



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Una cajita-cofre.



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Otros objetos de los que tiene en su taller.



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Pedro es una de las personas, ya mayores, que asiste a los cursos en el Centro de Educación Permanente de Adultos de Benavente. En su caso al Taller de Iniciación Profesional relacionado con la madera, que se realiza casi desde que se creó el Centro y que ha contado siempre con el número de alumnos exigidos por el espacio de que se dispone. En el 2010, año en el que escribí este reportaje eran 35, pero lo solicitan muchos más.
Sobre la madrera, Pedro ya ha aprendido lo necesario para dedicar el tiempo que quiera y que le permita su trabajo o actividad diaria. Porque, lo suyo es verdadera afición. Además cuenta con conocimientos e ideas para ello. Y es que sus estudios tuvieron que ver con este tipo de actividades, pues después de la enseñanza primaria en el Colegio Juan XXIII de Zamora, y pasar dos años por el I. E. S. Claudio Moyano, terminó en la Escuela de Maestría El Castillo, en donde cursó oficialía y parte de Maestría, pues se fue pronto a trabajar como matricero (hacer moldes o matrices) a una fábrica de L´Hopistalet de Llobregat. Aquí pasó un año, luego hizo la mili en Almería y después decidió regresar al pueblo de sus padres, San Pedro de Zamudia, para dedicarse un tiempo a la agricultura.
“Desde este momento y durante tres años, me dice él, estuve en contacto con la tierra, arando y sembrando cereales, y también cultivando las viñas y algunos árboles. Tuve y sigo teniendo gran afición a ello y, aunque ya no sea agricultor, cultivo, no obstante, mis viñas y elaboro un buen vino, pero solamente para el consumo”.
Pedro, como persona inquieta que es, no exenta de sabiduría e ideas, estando en el pueblo pensó siempre en otra ocupación o trabajo de su agrado. Pensaba en un local para tienda, bar o algo parecido. La decisión final fue la venta y distribución de productos fitosanitarios, mundo este que ya era conocido por su cuñado y que asumió con agrado. Y a ello se dedica desde hace ya 27 años, en Benavente, en su tienda de la calle La Encomienda de Benavente.
“Como todo en la vida, esto es un trabajo duro que requiere conocimientos en la materia. Hay que viajar mucho por los pueblos, recorrer y ver el campo, conocer las plagas y demás enfermedades de plantas y animales, y visitar y hablar con los agricultores. Al comienzo fue peor, pues no teníamos ni tienda, ni almacén. Ahora, después de tantos años, todo se desarrolla y va mejor”.
Y lo de asistir al Centro de Adultos ¿Cómo fue?
“Resulta que hace cinco o seis años un amigo me dijo que asistía, junto con otros, a un curso de madera y que lo pasaban muy bien, al tiempo que aprendían a hacer cosas. Decidí matricularme, pues, aunque había estudiado en la Escuela de Maestría de Zamora, mi especialidad no era sobre la madera. Recuerdo que lo primero que hice fue un gramil (instrumento de carpintería), y después mazas de madera, cucharones y algunos otros objetos”.
Cuentan con un monitor especialista, actualmente Miguel Rodrigo, que les orienta y enseña sobre cómo realizar aquello que ellos voluntariamente eligen para su actividad práctica. Pedro, ahora, está preparando una pequeña estantería, que le servirá para colocar cosas en su tienda o en su propia casa.
En el Centro de Adultos se lo pasan bien y se respira amistad y camaradería entre los que hacen el curso. Se conocen bien todos los del grupo, se ayudan entre ellos y, de vez en cuando, en sana y buena convivencia, se juntan para celebrar alguna fiesta fuera del aula.
Pero lo de Pedro es el torno y, al preguntarle por ello, me dice lo siguiente: “Hace dos años asistimos varios a una concentración de torneros y aficionados a la madera que se celebraba en Sermare, un pueblo cerca de Villlalba (Galicia). Allí en un gran polideportivo se expusieron los trabajos realizados y algunos con los mismos tornos mostraban a los demás cómo se realizaban las distintas piezas. La verdad es que el ver esto, exposición y prácticas, junto con la asistencia al Centro de Adultos, han sido la causa o motivo principal de que yo me haya dedicado y dedique parte de mi tiempo libre a esta ocupación, o entretenimiento, porque, de momento, no otra cosa es que afición, entretenimiento, distracción y, si se quiere, relajación”.
Me dice que también ha influido, en esta su afición y en la de otros, Santiago, el hijo de Noé, verdadero profesional de la madera, que, además del torno, domina otras técnicas, incluso hace esculturas de bulto redondo, relieves, etc.
A raíz de este viaje a Galicia, Pedro compró un torno (también lo hicieron otros) que tiene en el local-almacén en donde guarda los productos fitosanitarios. Allí, de vez en cuando, pasa algunos ratos trabajando y elaborando las piezas que le parece, procurando hacerlas del mejor modo posible.
Por allí veo cuencos y platos; ceniceros; copas de distintas formas y tamaños: de cava, de agua, de licor, etc.; palilleros; cajitas para usos diversos, y otros objetos.
“Hago las piezas en función del trozo o trozos de madera de que dispongo y siempre según mi idea o mi imaginación. Yo mismo a veces no me llego a creer cómo de un palo o trozo de madera haya conseguido elaborar tal o cual objeto. Tengo siempre in mente crear o hacer algo distinto cada vez, si es posible”.
Se sirve de maderas de nogal, fresno y encina, que son abundantes en esta zona y que le proporcionan amigos y conocidos de los pueblos. También ha hecho tres o cuatro piezas con madera de serbal, varios morteros con olivo y algunas otras con cerezo y peral, que son también de buena calidad.
No tiene un horario fijo para esta su afición, pues lo primero es su trabajo. Pero no pasan muchos días sin que dedique algún tiempo a ello. Y es que, como ya me ha dicho anteriormente, “esto me sirve de desahogo y hasta de relajación, cuando el trabajo diario y obligado cansa o agobia”.
Sus compañeros del Centro de Adultos conocen bien a Pedro y saben lo que hace. Algunos tienen pensado, al jubilarse, hacer cosa parecidas, pues lo consideran como una manera positiva de pasar una parte de su tiempo. También lo conocen y lo saben otras muchas personas, pues algunos días Pedro lleva en su bolsillo su última pieza y se la enseña a los que le acompañan o encuentra por la calle. Y todos se sienten admirados por la finura y exquisitez de su trabajo. Y le animan a seguir con ello, aunque todo consejo le sobra, ya que su afición es tal que piensa seguir con su torno por mucho tiempo, pues le llena de satisfacción y le hace pasar buenos momentos.
Al finalizar el curso escolar se celebra una exposición con los trabajos realizados, no sólo en el taller o curso de madera, sin también en los demás que se imparten en el Centro: bordados, pintura, etc. También Pedro colaborará en dicha exposición con algo hecho por su cuenta y con su propio torno, para admiración de todos los visitantes, además de sus mismos compañeros y profesores.


jueves, 5 de enero de 2012

Artesano jubilado: Cesar Carmona, de Felechares de la Valdería (León).

Cesar Carmona retocando uno de los muchos pájaros que ha hecho en su taller.
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También ha preparado animales, carros y otros aperos. Dedicó parte de su vida a la agricultura y ganadería.
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Pero ahora, de jubilado, su gran afición es hacer pájaros de todos los tamaños y colores. En la imagen vemos un grupo de ellos, colocados sobre árboles y otros objetos, también de madera.

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Otras aves que pudimos ver en su taller-museo de Felechares de la Valdería.

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Un grupo de palomas.

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Dos de los buhos que nos enseñó Cesar.

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También hace castañuelas, a navaja, que regala o vende a los visitantes.


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Cesar, apoyado en su bastón, charla con un conocido y amigo, José Luis Zanfaño, que se ha acercado a Felechares para visitarlo.

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También fue madreñero, como su padre, durante algunos años. Ahora hace madreñas en miniatura, que se utilizan como llaveros.

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Y peces-llavero que muchos se llevan de recuerdo. Pero lo que más admiran todos es a los pájaros, que es lo que más aprecia él mismo, y a lo que más se dedica ultimamente.


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Felechares es un pequeño pueblo de la comarca de la Valdería en la provincia de León, comarca bañada por el río Eria, río que nace en el Teleno y llega hasta el Orbigo en tierras de Benavente. En Felechares vive Cesar Carmona, un jubilado de quien me habían hablado hace tiempo en relación con su afición a trabajar la madera, para hacer aquello que a él le gusta, entre otras cosas pájaros o aves de las más diversas especies y tamaños. En el mes de julio de 2010. pude verlo y comprobar que todo era cierto.
Al llegar al pueblo lo encontramos en su taller de carpintero aficionado, con banco incluido y algunas herramientas dispersas por allí, en compañía de algunos vecinos, que suelen pasar con él muchos ratos. En el mismo lugar, una estantería repleta de todos o casi todos los objetos que ha hecho, que, aunque colocados no con mucho orden, nos muestran claramente el trabajo realizado, y entre todos destacan sus pájaros, como él dice.
Tiene ya 84 años y estaba sentado sobre una banqueta, con sus gafas para cerca y para lejos, preparando o concluyendo uno de ellos: “Soy de Felechores de toda la vida, me dice, y apenas he salido del pueblo, pero me encuentro bien aquí con mis vecinos, con mis pájaros y con todo lo demás”.
Aquí fue a la escuela hasta los 14 años, auque parece ser que aprendió poco, eran un tiempo difícil y conflictivo, y tuvo que completar sus estudios yendo a clase particular con 16 y 17 años, con un sacerdote del pueblo que se llamaba Ismael “Qué bueno era, cuanto nos quería, qué bien escribía, hacía unas letras muy bonitas…”.
Después de la escuela trabajó en la agricultura, pero ya desde entonces sintió afición y se dedicó siempre a hacer madreñas o galochas, tal vez influido por su abuelo que era madreñero. Antiguamente en algunos pueblos sobre todo de la montaña y zonas próximas había muchas personas con este oficio, lo mismo que con el de zapateros. Se utilizaban las madreñas, porque las calles, al no estar asfaltadas, tenían barro y más cuando llovía. Con ellas se iba a la cuadra, al corral e incluso se andaba con ellas por la calle.
“A mi se me daba muy bien el manejo de la azuela e hice muchas madreñas de madera de umero o aliso. Las vendíamos a 6 pesetas y ahora casi valen 3000”.
A los 65 años se jubiló de su trabajo en la agricultura y ganadería y también de hacer madreñas, que casi ya no se utilizaban. Mientras estaba en activo estaba ocupado, pero al llegar esta etapa de su vida, la jubilación, se planteó la forma de pasar el tiempo lo mejor posible. Es entonces cuando comenzó a trabajar la madera haciendo, en miniatura, aperos agrícolas, cucharas y tenedores, castañuelas, etc. y, desde hace unos diez años, sobre todo, pájaros de todas las especies y tamaños que él conocía, bien de verlos en la naturaleza o en algún libro. Pero tampoco se olvidó de hacer madreñas, ahora en tamaño pequeño y más como recuerdo que para el uso.
Un amigo, que está presente, me cuenta que a Cesar se le murió un hijo muy joven, lo que fue para él un golpe duro. Lo pasó mal y aumentaron sus preocupaciones. Pero su afición por la madera y por hacer cosas con ella no disminuyó, sino que se acrecentó. La ocupación le sirvió de terapia. Se sentía más relajado y entretenido, al tiempo que olvidaba o dejaba de acordarse de lo ocurrido y que tanto le preocupaba.
Aunque empezó con otros objetos ya citados, terminó dedicándose más tiempo a los pájaros: “yo no he sido cazador, pero siempre me ha gustado ver a las aves y observar sus cualidades y colores. También tengo libros que me han ayudado para saber más del tema”. Y por allí tiene muchos y muy variados pájaros o aves, algunos pintados a su modo y como él los ha visto y contemplado: palomas, perdices, patos, águilas, buhos, jilgueros y canarios, golondrinas y vencejos, ruiseñores, etc. Tiene muchos, de pequeño tamaño, posados sobre ramas de árboles, también de madera.
Me enseña también unas cajas de madera que hay en la misma estantería. En ellas tiene, en tamaño muy pequeño, madreñas, peces y también algunos pájaros preparados como llaveros. Y en cantidad. Lo curioso del caso es que ha hecho todo con la navaja y como el sabe. “Esto me ha llevado mucho tiempo, mucho trabajo y también mucha paciencia”.
Utiliza madera de umero o aliso y algo la de chopo, castaño y negrillo. Y las herramientas no son muchas, pues en casi todo, como he dicho, utiliza la navaja, aunque, si lo necesita, se sirve también del serrucho, azuela, escofina, formón y algunas otras. Allí mismo en el viejo portalón tiene un pequeño banco de carpintero con tornillo y desde hace poco tiempo un pequeño torno eléctrico. “Pero lo mío es la azuela, repite de nuevo, se me ha dado siempre muy bien desde que a los 14 años empecé con mi abuelo a hacer madreñas”.
Acude al portalón, donde está su taller-museo y almacén, todos los días y se pasa en él no menos de diez horas. “Vengo por la mañana, me voy a comer y vuelvo aquí por la tarde”.
Pero casi nunca está solo, pues por allí se acercan y se detienen muchos vecinos del pueblo y pasan el rato charlando o viéndole trabajar. Con frecuencia llegan también forasteros a visitarle, pues han sido informados de que en Felechares hay un artesano jubilado que hace pájaros de distintas especies y tamaños, y quieren conocerlo.
Lo que ha hecho y sigue haciendo Cesar es en primer lugar para su entretenimiento y satisfacción personal. Le gusta contemplarlo todo allí reunido, aunque esté algo desordenado. Me dice que son pocos los objetos que vende, aunque a veces llega alguien interesado por alguno. Suele regalar cosas a familiares, amigos e incluso visitantes. Por cierto que sus pájaros no han salido de Felechares, ni se han expuesto en ningún lugar, a pesar de tener algunas ofertas para ello. Quiere que los interesados se acerquen al pueblo y que lo conozcan a él y también a sus pájaros. Aunque nos dice que está en Internet, pues un maestro, D. Vicente, que vino por aquí, y que se jubiló este año, lo puso en la red.
Cesar me repite que ha hecho todo esto en 15 o 16 años, trabajando 10 horas al día. Y que piensa seguir haciéndolo, “mientra viva, pues ¿dónde voy estar mejor?” Además cuenta con su mujer a la que gusta y aprecia lo que hace.
En el pueblo de Felechares de la Valdería, comarca del oeste de León y no lejos de Fuente Encalada y de Santibáñez, pertenecientes ya al valle de Vidriales, pudimos saludar a Cesar Carmona y ver sus pájaros, hechos no para volar, sino para ser contemplados por todo aquellos que lo deseen. Los hay para todos los gustos y algunos destacan por sus colores.