martes, 2 de noviembre de 2010

Mes de Ánimas. Cuadros y altares.


Cuadro de ánimas. Iglesia de santa María del Azoque de Benavente.

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El cuadro de ánimas de la iglesia de san Juan del Mercado de Benavente.
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El cuadro que se encuentra en la iglesia de Castropepe.
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Cuadro de ánimas en relieve. Iglesia de Santibáñez de Tera.
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Otro cuadro de ánimas en relieve. Iglesia de Ayoó de Vidriales.
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Retablo y altar de ánimas. Iglesia de san Juan de Cerecinos de Campos.
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Cuadro-relieve de ánimas en la iglesia de Santiago de Figueruela de Arriba.
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Hornacina dedicada a las Ánimas Benditas detrás de la iglesia de La Alberca (Salamanca) .
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El mes de noviembre comienza con dos fiestas importantes, que la Iglesia Católica celebra, o celebraba antiguamente, con gran solemnidad. Una es la de Todos los Santos, precisamente el primer día del mes y otra la de los Difuntos, o si queremos la de las Benditas Ánimas del Purgatorio, que es precisamente el segundo día. A esta quiero referirme de modo especial.
Aunque, durante todos los días del mes, los santos, santas y mártires sean abundantes en el santoral como el resto del año, antiguamente, más que en la actualidad, este mes era considerado como el mes de las Ánimas, o mes de los Difuntos, aquellos que formaban parte de la Iglesia paciente, que siguen sufriendo aún las penas del Purgatorio y están pendientes de su paso a la Iglesia triunfante. Se pensaba que estas ánimas o difuntos necesitaban ayuda, culto y hasta veneración para conseguir la gloria.
En todas las partes del mundo católico eran numerosas las cofradías existentes, que se encargaban de la celebración de novenas o triduos. Eran frecuentes las procesiones y las visitas a los cementerios para rezar por los difuntos.
También en los Valles de Benavente hay constancia de una gran devoción a las Benditas Ánimas por las fiestas que todavía celebran en algunos pueblos: Villaveza del Agua, Barcial del Barco, Milles de la Polvorosa, etc. y, sobre todo, por la gran cantidad de objetos que se conservan en relación con ello, algunos incluso de gran interés artístico y testimonial.
Y es que las Benditas Ánimas cuentan con altares y retablos e incluso capillas; se conservan en muchos pueblos lo que denominan cuadros de ánimas, con pinturas o relieves que las representan; son también muchos los estandartes, varas o garrotes usados por las cofradías, en una de cuyas caras están representadas; y hay imágenes, sobre todo de la Virgen del Carmen, con las Animas Benditas en el purgatorio y a sus pies, pidiendo su intercesión para conseguir la gloria celestial.
Incluso hemos visto en algunas iglesias cepillos a limosneros para recoger las limosnas a ellas ofrecidas. Y se conservan también hacheros y algunos cenotafios o túmulos, como el de la ermita de Ntra. Sra. de las Encinas de Abraveses de Tera, decorados con pinturas o relieves, cuyas escenas, a modo de catequesis, sirven para recordar a los fieles creyentes, durante todo el año, pero más en este mes, los novísimos: muerte, juicio, infierno y gloria.
Durante estos días y a través de las imágenes publicadas en este blog, conoceremos las costumbres y tradiciones en torno a esta fiesta de los Difuntos en algunos pueblos de esta comarca, que no será muy distinta a otros lugares. Comprobaremos con ello cómo, en el pasado, se vivía más intensamente la devoción a la Ánima Benditas.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cementerio de Dornillas


La ermita de san Tirso en Dornillas.

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Interior de la ermita, con el cementerio. Vista desde el altar.
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La ermita, y parte del cemementerio, desde la entrada. El altar esta separado por una verja.
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Columnas en el medio de la ermita-cementerio.
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Retablo y altar de la ermita.
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San Tirso, el patrón de la ermita y de la cofradía.
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Algunos de los muchos exvotos que se conservan en la ermita.
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Dornillas es un pequeño pueblo que se encuentra al norte de la provincia de Zamora, en la comarca de la Carballeda, a pocos kilómetros de Mombuey. Pero si es pequeño por el número de casas, algunas de ellas en ruinas, lo es mucho más por sus habitantes, pues en la actualidad solamente viven en él dos vecinos, ya mayores y jubilados. Uno de ellos es José Colino, a quien encontramos cogiendo mimbres de un tamaral a la entrada del pueblo. Le preguntamos por el cementerio y enseguida nos informa sobre él y se ofrece para enseñárnoslo:
“Sí señor, aquí tenemos un cementerio especial, pues está dentro de la ermita de san Tirso. Como este hay muy pocos en España e incluso en otros países”.
En Dornillas hay tres ermitas, la de la Vera Cruz, en el mismo pueblo, pequeña pero en buen estado, la de Santiago a las afueras y en ruinas, y la de san Tirso, recientemente restaurada en el exterior, y también en su interior, respetando en todo momento las tumbas del cementerio.
Y es que desde hace dos o más siglos existe una cofradía con san Tirso como patrón, a la que pertenecen casi todos los vecinos del pueblo, aunque, en este caso, residan fuera la mayor parte de ellos.
“Ya desde niños, me dice José Colino, se apuntan a la cofradía. Y todos los cofrades colaboran para que la ermita-cementerio esté lo mejor posible. De este modo cuando se mueran podrán ser enterrados aquí. Y esto ocurre desde hace ya muchos años, añade, al tiempo que me enseña una lápida que pone la fecha de 1833”.
Parece ser que la cofradía está bien organizada, cuenta con mayordomo, secretario y cabilderos. Y además de disponer de los documentos antiguos sobre la misma, tienen también al día los libros necesarios para llevar bien una asociación como esta. Son casi 150 socios y ellos, con su cuota y con los donativos que reciben en los días de la fiesta de san Tirso, y algunos otros, han conseguido la restauración de la ermita, que, en la actualidad, y por cesión del obispado de Astorga, pertenece a la cofradía.
El 28 de enero celebran la fiesta de san Tirso con misa y procesión alrededor de le ermita. Desde hace unos años es el último domingo del mes, para que puedan asistir todos los que residen fuera. De hecho así lo hacen e incluso esperan al día siguiente que está dedicado a sus difuntos que, en este caso, están enterrados, en la misma ermita.
José Colino se lamenta de no contar con un sacerdote que les vaya a decir la misa u otros actos en fechas especiales como el día de Todos los Santos o de los Difuntos o Ánimas Benditas. “Y mira que viene gente esos días, dice él, porque el cementerio-ermita está muy bonito, lleno de flores. Lo que hacemos es la visita con el rezo del rosario, pero nada de responsos y demás liturgia que tendría que correr a cargo de un sacerdote”.
En Dornillas se respira soledad y también abandono, pues muchas de sus casas están en ruinas. Pero las hay de nueva construcción y otras recuperadas, respetando la arquitectura tradicional en cuanto a forma y materiales. Y es que muchos de los vecinos no se olvidan de su pueblo, ni de su forma de vida, costumbres y tradiciones del pasado.
Entre los edificios conservados o restaurados está la ermita del Cristo de la Vera Cruz, y sobre todo la de san Tirso, con cementerio, a la que su cofradía seguirá cuidando y atendiendo por respeto a la tradición y para cumplir el deseo de sus antepasados, allí enterrados.


viernes, 29 de octubre de 2010

Los silos del SENPA


Benavente. Antiguo silo en la Plaza de Santa Clara, ya destruido.

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Benavente. Silo en Los Salados.
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El silo de San Esteban del Molar.
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Silo y almacenes en Barcial del Barco.
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Denominamos Silo a todo lugar subterráneo y seco en donde se guarda el trigo u otros granos, semillas o forrajes. También aplicamos este nombre, en la actualidad, a los edificios, más o menos elevados, construidos sobre el terreno, para los mismos fines, e incluso otros como almacenar maíz, azúcar, cemento, piensos, etc.
Pero aquí voy a referirme, de modo especial, a aquellos que fueron construidos casi todos por el Ministerio de Agricultura, cuando se creó el SENPA (Servicio Nacional de Productos Agrarios), allá por el año 1937, y que han servido hasta fecha muy reciente para almacenar principalmente éste y otros cereales en la época de la recolección. Este servicio fue fundado por el ingeniero agrónomo D. Dionisio Martín Sanz, natural de Tudela de Duero y subsecretario del Ministerio de Agricultura en aquellos años.
Tenía como finalidad ordenar la producción y distribución del trigo con una política de precios garantizados para los agricultores. Había, por aquellos años, grandes problemas de abastecimiento y los silos eran necesarios, después de la guerra civil, para regular el mercado de un producto alimentario tan esencial como era el pan. De esta forma se contaba con la materia prima, el trigo, y se evitaba, en lo posible, el hambre de la posguerra.
Incluso se creó la Red Nacional de Silos distribuidos por todo el Estado. Uno de los primeros y más llamativos fue el de Málaga, construido en el año1946. En esta década y las siguiente se construyeron gran parte de ellos.
Hoy, al desaparecer el organismo citado, han dejado de utilizarse casi todos, o al menos para el fin para el que fueron construidos. Los agricultores llevan directamente el trigo, en sus tractores o en camiones, a las fábricas de harinas o de piensos, sin tener que ser almacenado en el silo. Esto ha originado el que algunos se utilicen con fines distintos y otros hayan sido destruidos.
Los silos del SENPA eran y son edificios de gran altura, casi todos con el mismo tipo de construcción e incluso el color exterior, indicativo claro del mismo dueño, el Estado. Y llaman la atención al verlos de lejos. Son edificios emblemáticos, y ya históricos, indicadores de una época, y también, como no, de una forma de vida, de trabajo y de recolección de las cosechas, que predominaba en toda Castilla y León y en el resto de España.
Se construían a las afueras de las ciudades, no lejos de vías de comunicación. Incluso en la misma estación del ferrocarril, si el pueblo contaba con estación. Así ocurre en Barcial del Barco, en donde todavía se puede contemplar el silo. No lejos de aquí podemos ver también el existente en La Tabla, en estado de abandono. Y, si nos fijamos, en la mima capital, Zamora, allí está el silo, destacando muy cerca de la estación del tren.
Los silos para almacenar trigo son abundantes en Tierra de Campos en donde había y hay un mayor cultivo de este cereal. Los construyeron, principalmente, en las ciudades, pero también en pueblos de mayor población, sean centros comarcales como Benavente, Villalpando, Valderas, Valencia de D. Juan, Mayorga, Sahagún de Campos, etc., o en localidades menores, al menos en la actualidad, pero en las que las tierras dedicadas al cultivo, y la misma producción, también destacaban: Barcial del Barco, Cerecinos de Campos, Becilla de Valderaduey, etc.
En algunos lugares, aunque el silo estaba a las afueras, como ya he dicho, al aumentar la población y la urbanización, quedó dentro del casco urbano con las consiguientes molestias para los vecinos, sobre todo cuando estaba en actividad en la época de la recolección. También llamaba la atención la altura del edificio en su entorno urbano. Así ocurrió en Benavente con el que había en la Plaza de Santa Clara, que terminó siendo destruido hace ya varios años, antes de pensar en reutilizarlo para otros servicios públicos de tipo social, o cultural y recreativo. El silo hizo un gran servicio en una población que iba en aumento.
La verdad es que destacaba, en exceso, en medio de la urbe, aunque fuese, como todos, una referencia más en la misma. De hecho posteriormente se construyó otro en el pago Los Salados que aún se mantiene en pie y en uso, aunque no sea con el mismo fin, pero siempre sirviendo para algo relacionado con la agricultura.
Los silos, por su forma, al menos los construidos en los últimos años, parece que responden a un modelo único. Son como hitos que identifican a algunos pueblos y que los distinguen, como si fueran faros marinos en estas llanuras de los campos de León y de Castilla.
En torno a los silos se desarrollaba un tipo de vida muy particular sobre todo cuando comenzaba la época de la recolección y los carros se acercaban a ellos para entregar los cereales. Era una época en la que se cultivaba más trigo, y otros cereales.
Hoy existen muchos y variados silos, en su forma y tipo de construcción, y se utilizan para contener los más diversos materiales: piensos, arena, cemento, maíz, líquidos, abonos, cereales, etc., y también azúcar como los que se construyeron para la, recientemente desaparecida, Azucarera de Villanueva de Azogue y que se contemplan desde la lejanía.
Pero lo que hemos querido dejar reflejado aquí es un modelo solamente, el que se construyó en la posguerra con un fin determinado y también por una necesidad. Su existencia nos hace recordar el pasado y una forma más de la vida de los habitantes.
Sería conveniente que los silos existentes, que ya no cumplen con la finalidad para la que fueron construidos, se dediquen a otros fines, siempre al servicio de la comunidad y de los ciudadanos. En algunos lugares de España así lo han hecho y, tras la remodelación pertinente, se han convertido en casas de cultura, con bibliotecas, salas de exposiciones y otros servicios. Incluso algunos, en su cubierta, disponen de una terraza con mirador desde donde vecinos, forasteros y turistas, que pasan por el lugar, pueden contemplar los paisajes del entorno.

sábado, 23 de octubre de 2010

Cunquilla de Vidriales.


Vista general de Cunquilla de Vidriales, jundo al arroyo Almucera.

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La iglesia con la espadaña rota y el cementerio junto a ella.
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Las campanas de Cunquilla colocadas frente a la puerta de entrada a la iglesia.
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La puerta de entrada a la iglesia.
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El artesonado de la iglesia.
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El retablo mayor o central dedicado a san Miguel, patrono de la iglesia y del pueblo.
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La antigua panera, hoy pequeño bar, al servicio de los vecinos.
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Edificio, aún conservado, de la antigua fragua.
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Algunas de las bodegas que hay en el pueblo.
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La calle mayor, también carretera hacia otros pueblos del valle de Vidriales.
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Cunquilla es un pequeño pueblo del Valle de Vidriales, situado muy cerca del arroyo Almucera, arroyo que, algunos años, al desbordarse, inunda casas y tierras de la ribera. Pertenece, junto con Grijalba, al ayuntamiento de Granucillo, con el que limita al Oeste, mientras que, al Este, lo hace con Brime de Urz.
Su nombre se deriva, seguramente, del latín conc(h)a-(cuenca), con la evolución pertinente conc-/cunc-/cunq-, y en el sentido que esta raíz tiene de valle bajo, profundo y entre montañas. Madoz, en su diccionario, dice de Cunquilla que es "el pueblo que está situado en lo más bajo y estrecho del Valle de Vidriales". Por otra parte el diminutivo, también de origen latino -ella (-illa), con el significado de pequeño, es común a otros pueblos del valle como Vecilla y Quintanilla. En Cunquilla, pues, se trataría de una pequeña cuenca. Efectivamente, por su situación, vemos que es así. Está al lado del arroyo, con una pequeña ribera, y entre la sierra y el monte, más elevados, pero no muy lejanos.
Su población, que, según Madoz, era de 35 casas y 140 habitantes hacia 1850, en la actualidad, ha quedado reducida a menos de la mitad, si no las casas, sí sus moradores o habitantes, que no exceden de treinta o cuarenta. Y es que en Cunquilla vive poca gente, como ocurre en otros pueblos de la comarca de los Valles, en otras comarcas de esta provincia y en toda Castilla y León. Pero son buena gente. De ellos se puede decir aquello de que "son pocos, pero bien avenidos".
Al comenzar a escribir, le apetece a uno hacerlo de esta manera: Cunquilla es un pueblo pequeño, tranquilo, recogido, solitario, agradable de ver desde la sierra o desde el monte, tanto sus casas y sus palomares, como su Iglesia, con la Espadaña herida y rota. Cultivan tierras de cereales, viñas y algo de huerta. Hay plantaciones de castaños, y muchas encinas, robles, urces y jaras. Tiene también tres alcornoques, y un pastor, José, con más de mil ovejas, que, juntos, recorren su estrecho y alargado campo, casi todos los días, en busca del alimento necesario. En Cunquilla, como en todo el Valle, se cazan, desde siempre, perdices, liebres y conejos y, cuando está permitido, zorros y jabalíes. Antiguamente también se pescaban tencas y angulas en su querida y temida Almucera.
Aunque en Cunquilla no estén localizados restos megalíticos, prerromanos y romanos, como ocurre en los pueblos próximos de Granucillo y Brime de Urz, sí fue lugar de paso y asentamiento de civilizaciones antiguas, y el viajero o visitante actual puede, no obstante, ver y contemplar restos y obras medievales, renacentistas y de épocas posteriores. Y no es de extrañar, pues fue, precisamente, a partir del siglo XII, cuando tuvo lugar la repoblación de estas tierras. Pero para ello tendrá que acercarse a su iglesia y, en el exterior, ver su portada, sus ábsides y su Espadaña herida, y en el interior podrá contemplar el artesonado, retablos, imágenes y pila bautismal, obras, casi todas, realizadas a partir del siglo XVI.
Si uno recorre las seis o siete calles de Cunquilla, verá algunas casas construidas con tapial y adobe, otras mas recientes, con ladrillo o piedra. Y en la plaza se topará con una antigua panera, pequeña, como pequeño es el pueblo, pero bien conservada. De forma rectangular, su pared está construida con piedra en los cimientos y base, y el resto con tapial y adobe. El tejado a dos aguas. En su interior, techumbre de madera, que denota antigüedad. Disponía de dos ventanas, de no gran tamaño, que están cerradas con adobes. La panera, de propiedad particular, está en uso, no para lo que antiguamente se construyó, como almacén para el grano, sino que su dueño la ha cedido al pueblo para que sirva de bar, al que atiende puntual y desinteresadamente Martín, principalmente los Domingos, los días festivos, y en los días de caza. Está al servicio de los del pueblo, pero también de los forasteros. Porque a Cunquilla acuden forasteros, principalmente en época de vacaciones, cuando los nacidos allí y emigrados por diversas razones, regresan para pasar unos días. Y lo hacen porque, mejor que recordar, prefieren ver y disfrutar de sus calles, su plaza con la panera, la sierra, el monte, sus bodegas y también su iglesia, que, año tras año, sigue con la Espadaña rota, de lo cual se lamentan.
Además de la panera, vemos a la entrada del pueblo, y muy cerca de la carretera, otro pequeño edificio, con aspecto antiguo, de planta baja, construido en piedra y con pequeñas ventanas. Es la fragua, en la que trabajaba el herrero de Cunquilla, al que nos imaginamos haciendo también de herrador. Dejó de funcionar ya hace muchos años, pero se conserva bien y lo utilizan como almacén.
El viajero percibe en Cunquilla cierta vida, como que se resistiese a desaparecer, a pesar de su disminuida población. Y es que hay algunos jóvenes que no van a dejar que sea así, porque les gusta el campo, la agricultura, la apicultura y el pastoreo. Y también la caza, que puede ser otra fuente de ingresos y de actividad. Además cuenta el pueblo con un joven artesano de la piel que se ha instalado y tiene allí su taller y un pequeño comercio. Lo llaman Timín, por ser el hijo de Timio. El nombre completo de ambos en Eutimio, con origen griego y significado de honradez, dignidad y estima. Con los objetos que fabrica y que no vende en Cunquilla, acude a ferias de artesanía, que se celebran en Benavente o en otros lugares de la provincia de Zamora o de las provincias limítrofes. Ellos, Timín, Martín, Angelín y algunos otros, saben que en su pueblo, si reciben orientación y ayuda, se pueden emprender algunas actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería, el medio ambiente y algunos oficios. Además, es evidente, que en el pueblo hay cosas para ver y apreciar, como son su paisaje con el arroyo, la sierra y el monte, la panera y la fragua, sus casas y la iglesia con su Espadaña...
Quien se acerque a la iglesia verá que, frente a la puerta de entrada, están colocadas, en un pequeño muro, las campanas, desde hace ya mucho tiempo. El visitante podrá palparlas, pues están al alcance de la mano, aunque no las toque. Pero están allí como a disgusto, como reclamando y exigiendo su lugar propio, el que tenían hace ya casi 50 años, cuando un rayo, así nos lo han contado, destruyó una parte de la Espadaña, pero que a ellas no las afectó. Y siguen ahí, esperando a que llegue el día en el que, el obispo, el cura, el alcalde del Ayuntamiento, el alcalde pedáneo, los feligreses y todos los amigos del patrimonio consigan, de común acuerdo, la reconstrucción. Hasta entonces la Espadaña de Cunquilla seguirá siendo un símbolo, no muy positivo, en el recorrido por el valle. Y seguirá llamado la atención a los viajeros, pues se ve, a lo lejos, yendo hacia allí, desde los cuatro puntos cardinales. Pero pocos la miran o admiran, de lo contrario no nos explicamos cómo puede haber estado así tantos años.
Ojalá que, muy pronto, en Cunquilla se restaure el artesonado de la iglesia, sus retablos, sus imágenes y también, como no, su Espadaña, que es la que está más a la vista de todos.
Los amigos del Patrimonio piensan que si los pueblos, por pequeños que sean, deben ser conocidos por todos los ciudadanos, mucho más por los dirigentes políticos, sean locales, provinciales o regionales, que son quienes tienen que tomar los acuerdos, en relación con ayudas de todo tipo, necesarias para resolver los problemas. Nuestro deseo es que, lo que hemos escrito, sirva para conocer y atender, por parte de quien corresponda, un poco más y mejor a Cunquilla, este pequeño pueblo del Valle de Vidriales, situado muy cerca del arroyo Almucera.

domingo, 17 de octubre de 2010

Artesonados


Artesonado en el presbiterio. Iglesia de Santa Colomba de las Carabias.

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Iglesia de Santa Colomba de las Monjas.
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Una parte del artesonado en la iglesia de Bercianos de Vidriales.
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Detalle del artesonado. Iglesia de Grijalba de Vidriales.
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Artesonado en el presbiterio de la iglesia de Maire de Castroponce.
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Iglesia de Granucillo de Vidriales.
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Iglesia de Villanueva de Azoague.
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Iglesia de Cunquilla de Vidriales.
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Iglesia de San Cristobal de Entreviñas.
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Iglesia de Villanazar.
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Del griego arton (pan), procede la palabra artesa, ese recipiente, generalmente de madera, cóncavo y cuadrilongo, que servía para preparar la masa con la que se fabricaba el pan, y para otros usos. Relacionada con esta palabra, en cuanto a su origen y en algunos casos por su forma, tenemos las palabras artesonado y artesón. La primera es una armadura, formada y adornada con artesones, siendo estos cada uno de los casetones con molduras y con un florón en el centro de que constan y se adornan los artesonados. En realidad, no otra cosa que auténticas artesas invertidas, nos parecen algunos, al contemplarlos en los techos y bóvedas de iglesias, ermitas o palacios,
El artesonado fue utilizado ya en la arquitectura romana, pero es a partir de los siglos XIII y XIV cuando se empiezan a construir en iglesias, pórticos y ermitas, y ya en el siglo XVI también en palacios y otros edificios civiles importantes.
Los primeros en España fueron obra de mudéjares, musulmanes a los que se les permitía vivir en territorio cristiano y desarrollar su arte decorativo.
Difícil trabajo el de estos hombres que nos dejaron obras de tal belleza e importancia y merecedoras de atención y conservación.
Son muchas las armaduras de madera, con mayor o menor decoración, existentes en las iglesias o ermitas de esta comarca de los Valles de Benavente, pero también hay algunos artesonados. No hace mucho tiempo, la prensa provincial y local se hicieron eco de lo ocurrido, sobre el tema, en los pueblos de Fuentes de Ropel y Sitrama de Tera. En el primero por la retirada de su emplazamiento de la armadura, al reparar el tejado de la iglesia. Las tablas decoradas y en buen estado, parece ser que están recogidas en lugar apropiado, con vistas a su colocación en otro lugar, pues el que ellas tenían ya no será posible. Las más deterioradas por el tiempo y otros elementos fueron desechadas. La pena es que un proyecto adecuado, con el debido presupuesto, no hiciesen posible la conservación de todas las tablas y vigas que conformaban la armadura de dicha iglesia. En el caso de Sitrama de Tera la noticia positiva ha sido la reparación, en este caso del artesonado, y en el mismo lugar que ocupaba, desde hace ya siglos, en la iglesia, en su presbiterio. Los vecinos de Sitrama han aprovechado para restaurar también algunas pinturas e imágenes de valor que todavía tiene su iglesia. Ojalá que lo realizado en Sitrama se pueda hacer también en otras armaduras o artesonados de esta comarca.
Si hacemos un recorrido por los Valles nos encontramos que son muchas las armaduras existentes en pórticos o naves de iglesias y ermitas, algunas decoradas con pinturas o grabados en la madera. Así vemos en San Juan del Mercado de Benavente, en Brime de Urz, Navianos de Valverde, Colinas de Transmonte, etc., muchas de ellas restauradas o reparadas convenientemente, aunque haya algún ejemplo en que han pasado a peor vida, pues su destrucción ha ido pareja a la destrucción de la iglesia, como ha ocurrido en la iglesia de las santas Justa y Rufina de Calzadilla de Tera. También son muchos los artesonados existentes, algunos ya restaurados, como los de las iglesias de Santa Colomba de las Carabias, San Cristóbal de Entreviñas, Villanueva de Azoague etc., en el Valle del Esla, y otros esperando dicha restauración como los de Bercianos, Granucillo, Cunquilla, etc. y sobre todo Grijalba, en el valle de Vidriales. También los hay en el Valle del Tera, como el recientemente restaurado de Sitrama, al que me he referido con anterioridad.
Merece la pena que los viajeros por los pueblos de esta comarca, además de contemplar su arquitectura, paisaje u otras obras importantes en cada caso, se acerquen y visiten también sus ermitas o iglesias, en muchas de las cuales podrán admirar retablos e imágenes, otros objetos y algunas armaduras o artesonados, de indudable interés y valor artístico. Todo ello, además de arte y belleza constituye una muestra evidente del pasado de dichos pueblos, y de su forma de vida, en este caso relacionada con el hecho religioso.
Son tantos y algunos tan importantes que a las posibles rutas de las fuentes, de las espadañas, de los retablos, de los palomares, o de los paisajes, a las que me he referido en ocasiones anteriores, tendríamos que añadir la de los artesonados.
De vez en cuando quienes están al frente de la Dirección Regional y Provincial de Patrimonio, aprueban y deciden restaurar o recuperar algunos en aquellas iglesias, ermitas o conventos ruinosos o en vías de destrucción. Así ocurrió hace ya muchos años con el artesonado del Convento de San Román del Valle, fundado por los Condes de Benavente y allí enterrados. Hoy se puede contemplar en el Parador de Turismo Fernando II, precisamente en el llamado Salón del Artesonado, una de las visitas obligadas para los que se acercan a esta ciudad. Pero no son muchos los recuperados, y sí más los que destacan por su deterioro que, en ocasiones, es el mismo que sufre la iglesia o ermita.
Algunos, los menos, o el conjunto de la iglesia en donde se ubican, están declarados BIC (Bien de Interés Cultural) o en vías de declaración. Así ocurre con la Iglesia de Santa Colomba de las Carabias. Esto supone su protección, con la consiguiente restauración en el caso de destrucción o deterioro. Los demás deberán esperar a que les llegue el momento con las oportunas y convenientes ayudas para ello.
Los amigos del Patrimonio están a favor de la restauración de los artesonados de algunas de las iglesias de los Valles de Benavente, sobre todo de aquellas en las que, como el caso de Sitrama, tiene antigüedad y gran valor artístico.

jueves, 14 de octubre de 2010

Espantajos o espantapájaros.

Espantajo sobre un muelo en Quintanilla de los Oteros (León)

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Varios espantapájaros en una viña. San Cristobal de Entreviñas.

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Varios espantapájaros sobre una higuera. Villaveza de Valverde.
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Sobre un campo de melones en Vecilla de Transmonte.

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En un huerto detras de la casa en Villanazar.

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Cerca de una viña en Brime de Urz.

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Muñeca espantapájaros en una huerta de Vecilla de Transmonte.

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Original espantapáros bajo un nogal en Villaveza del Agua.

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Sol brillante como espantapájaros en una huerta de Benavente.

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Paseo entre parras con espantapájaros en Brime de Sog.

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El espantajo al que me refiero aquí, de modo especial, es el objeto que simula una figura humana formada, de modo grotesco, con palos o hierros cruzados para los pies y las manos, y sobre los que se coloca un traje. No falta tampoco la cabeza con el sombrero. Este figura antropomorfa se coloca en los campos sembrados o sobre los árboles para espantar a los pájaros y evitar que devoren los frutos y disminuyan la cosecha. De ahí que sea más conocido y denominado espantapájaros. Otros los consideran monigotes, por tratarse de muñecos de trapo o de otro material.
Era muy frecuente, antiguamente más que en la actualidad, ver espantapájaros, en fincas no muy extensas, sobre todo huertos, huertas y pequeñas parcelas. Su finalidad era ahuyentar a las aves que abundaban en la zona y que en poco tiempo eran capaces de acabar con la cosecha de algunas frutas u otro tipo de productos. También se usaban y se usan en las viñas para que no se coman las uvas.
Los materiales empleados para ello suelen ser ropas viejas, usadas ya por las personas: pantalones, chaquetas o abrigos y sombreros. En la confección de los mismos se advierte la creación popular y la originalidad de cada uno, hasta el punto de causar admiración y asombro en quienes pasan cerca y los contemplan.
Es de suponer que la huida y el espanto en las aves esté asegurada, pero no siempre es así, ya que con el tiempo se acostumbran al objeto y nada temen, llegando incluso a posarse sobre el mismo muñeco y seguir comiendo las semilla o los frutos. Lo pudimos comprobar, a finales del mes de agosto, en Quintanilla de los Oteros (León). En las eras del pueblo había un muelo, sobre él un espantajo y a su alrededor se posó una bandada de palomas que comían a capricho el trigo del muelo.
Los campesinos, conscientes de ello, cuando llega la época de la siembra o de la recolección., no suelen repetir cada año las mismas formas y el lugar de colocación de los muñecos. Saben muy bien que nuevas figuras o nuevas técnicas son necesarias para causar la extrañeza y huida a los pájaros.
Los espantapájaros en forma humana o animal no son los únicos objetos que se utilizan actualmente, sino que existen otros muchos, algunos comercializados, como las mallas para cubrir árboles y plantas, las cintas vibradoras, de efectos acústicos y ópticos, aspersores en jardines que lanzan agua al detectar cualquier movimiento, pequeños molinos de viento, etc. En algunos lugares emplean ciertos aparatos, accionados con gas, que producen una explosión cada cierto tiempo y provoca la huida de las aves.
Por otra parte, en el mundo agrario más popular se sirven también de otros artilugios caseros para desempeñar dicha función: cristales que brillan con el sol, discos colgados de las ramas, cintas de cassettes sobre las plantas, que al menor viento se mueven, etc. A veces colocan sobre un palo alguna de las aves cazada con anterioridad.
Pero los espantapájaros más antiguos y, si queremos más artísticos, no cabe la menor duda de que son y fueron siempre aquellos que tenían y tienen forma humana. Es en estos en los que se ve una mayor creación y originalidad por parte del hombre, que desde siempre se preocupó de ello, para que las variadas especies de pájaros no acabasen con su cosecha.
En los Valles de Benavente se ven todavía espantapájaros en algunos campos sembrados de cereales, fincas de regadío y viñedos. También en pequeños huertos, cerca de los pueblos, como el que tiene Isaac Ferreras en la parte de atrás de su vivienda en Villanazar. Él, ya jubilado, pasa gran parte de su tiempo cultivándolo. Y para vigilarlo y cuidarlo mejor, una vez que ha sembrado, y sobre todo al empezar la germinación y la floración, se sirve también de un espantapájaros. “Mire, me dice, todos los años lo hago a mi modo y con los materiales que tengo a mano. Y cada cierto tiempo lo cambio de lugar para conseguir que cause más efecto, impresión o extrañeza en las aves. Pero, a pesar de todo, se habitúan a él y hacen de las suyas”.Isaac, además del muñeco de siempre, hecho con ropas viejas, tiene por allí también pequeños discos colgados, que se mueven y brillan con el sol. La verdad es que con tanta ayuda y colaboración el huerto está bien atendido y cuidado. No me extraña que consiga buena cosecha.
Al pasar por Vecilla de Transmonte veo también varios espantapájaros: En una finca de melones hay uno en forma humana, en otro lugar una muñeca de trapo sobre un árbol con frutos, botellas de plástico sobre plantas de tomates y otros productos, etc. Pero los que más me llaman la atención son los que tiene Alberto Ferreras sobre los manzanos de su huerta, cuyo fruto estaba recogiendo. Se trata de animales, en este caso conejos, colocados en la punta de unas varas, puestas encima de los árboles. Por supuesto, que se trata de las pieles de dichos animales, rellenas de materiales diversos que dan la impresión de estar disecados.
“Hay que poner cosas novedosas, dice él, si se quiere conseguir un mayor efecto. Pero le puedo asegurar, porque lo he visto, que los pájaros después de cierto tiempo se acostumbran a todo y actúan como si no hubiese nada. Es muy difícil conseguir su huida y más cuando tienen necesidad de alimentarse”.Tiene también discos, espejos y banderitas de colores sobre los árboles. Por la cantidad y calidad de las manzanas que está recogiendo deduzco que algún efecto habrán causado sus espantapájaros.
He comprobado que en muchos pueblos de los Valles hay personas que siguen utilizando estos artilugios, variados en formas y colores, que no dejan de llamar la atención a los que pasan cerca y los contemplan. Y el que sea una obra más o menos prefecta y artesana depende de la imaginación y creación de sus autores, en este caso casi siempre los mismos agricultores, conocedores como nadie de sus fincas y también de las aves que viven o pasan por allí en las distintas épocas del año. Además ellos realizan todos los trabajos y hacen lo que sea posible pensando siempre en la cosecha o recolección.