miércoles, 5 de diciembre de 2012

Artesano jubilado: CLaudino Ramos, de La Torre del Valle.




Claudino en su casa de La Torre del Valle.
            Claudino era un jubilado más de los Valles de Benavente. Concretamente había nacido en La Torre del Valle, y aquí vivió siempre hasta su fallecimiento, ocurrido recientemente.
 Es uno de los muchos mayores y jubilados que vieron, convertida en realidad, la afición que ya tenían desde niños y a la que dedicaron parte de su tiempo. La de Claudino era pintar cuadros sobre variados temas, y empleando diversas técnicas.
            Estudió hasta los 14 años en la escuela de San Román del Valle, en donde vivían sus abuelos. “Es que aquí, me dice, había un buen maestro. Se llamaba Aquilino y nos enseñaba mucho y bien. Nos sacaba con frecuencia al campo para completar nuestro aprendizaje”.
            Terminada la escuela tuvo que ponerse a trabajar como lo tuvieron que hacer sus seis hermanos. Por cierto que viven todos, aunque tan sólo uno de ellos, el de más edad, reside en La Torre. Los demás en otros lugares de España, incluso tiene una hermana en Argentina.
            Su padre era agricultor y tenía también una pequeña industria, la alcoholera del pueblo. Y todos tenían que ayudar en casa, para salir adelante. Me recuerda como cosa especial relacionada con su afición que cuando estaban quemando para obtener aguardiente hasta las tres o las cuatro de la mañana, él, a veces, se quedaba dormido y para evitarlo se ponía a pintar o dibujar. Con esto espabilaba y se le pasaba mejor el tiempo. Buena práctica e indicio evidente de su afición y vocación a la pintura.
            Lo mismo que su padre, fue siempre agricultor y también  ganadero, pues tuvo algunas vacas y cerdas de cría. Cuando se jubiló, y para no olvidar el oficio dedicó un tiempo a su huerta, en la que tenía un pequeño invernadero, y a unas gallinas y conejos en el corral de su casa.
            Pero también, cómo no, a pintar. Y más cuando, a poco de jubilarse, sufrió la rotura de una pierna y poco después una operación de cadera. Al tener que estar tanto tiempo en casa y sin apenas moverse se puso a leer novelas del Oeste, pero pronto las dejó para dedicarse casi solamente a la pintura que es su verdadera afición.
            “Son ya 79 los años que tengo y mucho más no puedo hacer, pues la capacidad para trabajar va a menos y también va disminuyendo la afición. No es lo mismo que cuando me jubilé, entonces tenía más humor y más ganas de hacer cosas”.
            Su mujer Leonor Ramírez, que está presente y le acompaña en todo momento, dice también lo siguiente: “Nosotros, a nuestra edad, ya no podemos hacer mucho y cada vez representamos menos y son más las necesidades que lo que podemos aportar”.
            Le digo que no es así y le pongo el ejemplo de su marido que, después de su jubilación, como muchos otros, con su dedicación y sabiduría, ha desarrollado una afición digna de admirar por los demás, pues no son tantos los que quieren ni saben hacerlo.
            Claudino comenzó con pinturas de cera, las mismas que sus hijos utilizaban en las clases de dibujo del Colegio. Me enseña el cuadro de Los Leones, uno de los primeros que hizo con este material. Pero luego pasó al óleo y a la acuarela. Y últimamente le han enseñado a pintar con arena en un curso de manualidades impartido en el pueblo.
Los Leones, uno de sus primeros cuadros, hecho con pinrturas de cera.
            Se detiene un momento y se esfuerza en explicarme la técnica de la arena de diversos colores que se pega sobre un papel a través de otro en el que se hace el dibujo o la figura. “Muy interesante, me dice, y para lo que hay que tener mucho cuidado. Y saber hacerlo”. Le veo todavía con ganas de seguir aprendiendo y de conocer nuevas técnicas en la pintura.
Casi todos sus más de 40 cuadros son acuarelas u óleos y en parte de ellos está reflejada la vida del agricultor y ganadero: el arado y la siembra, la vendimia, el acarreo, la noria, aves, ciervos y otros animales, etc.

La siembra.
La vendimia.
La Pastora.
La noria.
En otros se reflejan las costumbres y tradiciones antiguas: hilar, tejer, etc. También ha pintado edificios destacados, como la iglesia y la ermita la Torre y el convento de San Román. No faltan algunos bodegones y paisajes de los campos que rodean a su pueblo. Algunos motivos de sus cuadros están tomados de fotografías que vio en  calendarios o en algún libro que tenía a mano.

La iglesia de la Torre del Valle, su pueblo.
El convento de San Román del Valle.
Compraba la madera y enmarcaba sus propios cuadros, pintando también los marcos. Y todo ello de forma sencilla y equilibrada.
            No salía al campo para pintar. Conoce y recuerda muy bien, tanto los paisajes, como a los animales que siempre tuvo y con los que realizaba las labores agrícolas. Pinta en la galería que da al corral de su casa, que dispone de buena luz. Otras veces lo hace en la cocina sentado en la camilla. Casi siempre sin caballete, pues aunque lo tiene no lo utiliza.
            En su casa unifamiliar de La Torre del Valle y distribuidos por el pasillo, la cocina y demás habitaciones están colocados la mayor parte de los cuadros que ha pintado. Algunos ya se los han llevado sus hijos, porque, lo que hace, es para su satisfacción personal y para la de los familiares y amigos que los contemplen. 

Claudino y su mujer con uno de los cuadros que más apreciaban.
            A él le recordaban, cada día, su vida personal, gran parte de la cual ha transcurrido entre La Torre, San Román, y el campo en el que trabajaba, y le animaron a seguir viviendo, e incluso a no dejar esta afición que comenzó en su niñez y que ha visto culminada con la llegada de su jubilación y casi hasta el momento de su muerte ocurrida no hace mucho tiempo.
            Algunos de los vecinos no conocían su afición, ni habían visto sus cuadros, hasta que en el año 2008 participó en la IV Exposición que, sobre artesanía de jubilados, organizamos en el Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo”.