domingo, 4 de diciembre de 2011

Artesano Jubilado: José Luis Zanfaño del Río, de Benavente.

José Luis, acompañado de su pequeño perro, delante de la casa rústica construida por él.
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Contemplando sus dibujos y pinturas que le recuerdan sus años de niño en las escuelas de La Encomienda de Benavente.
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Casetas para los perros, construidas también por él.

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Con piedra de Villamayor prepara escudos, como los de la imagen. En este caso, los dos representan apellidos de su familia: Zanfaño y Fuente.

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Colecciona objetos antiguos como estos: sartenes, chocolatera y tenedores.

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También conserva la radio que escuchaba su abuela...

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Y esta máquina de coser, de 1940.

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José Luis junto a una de sus composiciones escultóricas que adornan el jardín de su casa.

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Otra escultura de hierro y aluminio de las que tiene por el jardín.

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También ha pintado al óleo algunos cuadros como este.

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En su caseta-bodega tiene un pequeño museo etnográfico, con objetos diversos y de gran interés.

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“Yo hago de todo”, me dice José Luis, antes de contarme a qué se ha dedicado o en qué ha empleado gran parte de su tiempo de jubilado, aunque algunas de sus aficiones comenzaran antes de esta etapa de su vida. Y es que lo mismo dibuja, que pinta o hace bajorrelieves en madera, o escudos en piedra; o trabaja la forja o de albañil, decorando con piedra u otros materiales paredes u otras dependencias de su casa y de las de sus hijos. Además utilizando, a veces, materiales reciclados ha preparado también algunas esculturas que adornan el jardín de la casa.
Podemos afirmar que estamos ante un jubilado polifacético y autodidacta, que debido a sus ocupaciones mantiene su vida en actividad permanente. Pero, como dice él, mientras tomamos café en el bar de la azucarera: “hay tiempo para todo”.
Se jubiló con 65 años, después de haber cotizado para ello nada menos que 50 años, pues con 14, como luego veremos, estaba ya trabajando.
Cursó estudios primarios en las escuelas de San Juan de Benavente. “Por cierto que tuve un maestro, Don Florentino Rodríguez, que era de lo mejor que había. Decían que era inspector pero que por sus ideas le habían destinado aquí. Era bueno como hombre y como maestro. Nos enseñaba cosas prácticas de física, de dibujo, sobre la naturaleza, etc. No se me olvidará jamás. Tal vez algunas de mis aficiones de ahora se deban a lo que yo aprendí con él. También era muy bueno Don Eugenio Ramos. Pero teníamos otro maestro que era relojero y que en la escuela no hacía más que arreglar relojes y se le daba mejor darnos bofetadas que enseñarnos cosas”.
Me enseña unos cuadernos de esta etapa de su vida con buena escritura y mejores dibujos, a lápiz o carboncillo, que nos muestran la facilidad y cualidades que José Luis ya tenía para ello.
A los 14 años, nada más terminar la escuela, se puso a trabajar en Graficas Unidas. Aprendió a encuadernar libros con uno que trabajaba en la imprenta y ésta fue su principal dedicación durante cinco años. Y veo que todavía lo practica, cuando me enseña un libro encuadernado por él no hace mucho tiempo, y muy bien por cierto.
En 1960 deja la imprenta y se coloca en los almacenes Carbayo, en donde ha estado trabajando hasta el año 2000 (40 años), primero en la oficina, solamente unos meses, y el resto como viajante, con sueldo y a comisión.
“He trabajado mucho porque, al principio, la tarea de conseguir clientes era muy dura. Fueron muchos días y muchas horas al día las que me pasé viajando para vender productos de la empresa. Me recorría no sólo la provincia de Zamora, sino también gran parte de las provincias limítrofes, Orense, León y Valladolid”.
No me cabe la menor duda de que muchas de las aficiones que ahora tiene provienen de sus viajes. El trato con la gente y conocer sus vidas, costumbres, tradiciones y trabajos, u oficios, ha sido para él una experiencia muy útil e inolvidable. Seguro que así surgió su afición a coleccionar los objetos y útiles de la vida doméstica que tiene en su caseta-bodega en Villanueva de Azoague.
Y es que, desde hace unos años vive no lejos de los silos de la desaparecida fábrica azucarera. Allí en una finca cercana hay tres chalets, el suyo y el de sus dos hijos, a cuya construcción él también colaboró, al menos en el revestimiento exterior, con piedra traída de Villadeciervos o de la Cabrera, y pizarra de La Baña, y en algunas dependencias del interior. Sus hijos tienen una empresa de electricidad y, además de trabajar en el oficio, son también deportistas, lo mismo que algunos de sus nietos, de ahí que dispongan de piscina y de un local como gimnasio en el que se entrenan y preparan casi diariamente.
José Luis pone interés especial en enseñarme la caseta-bodega que dispone de chimenea y en donde familia y amigos se reúnen con motivo de alguna celebración. Su interior está adornado con útiles u objetos tradicionales, algunos de uso doméstico, colgados en la pared o colocados sobre tablas, a modo de collages, que nos muestran su afición por lo antiguo y también sus cualidades artísticas o artesanas.
Se ven por allí fuelles, candiles, faroles, sartenes, trébedes, máquinas de coser. También herraduras, clavos, hoces, etc. y hasta un trillo de Cantalejo, con la etiqueta todavía y en buen estado, que decora el frontal de una pequeña barra de bar.
Pero muestra aún más interés en llevarme y enseñarme La Cabaña, o si queremos su cabaña, que ha sido ideada y construida totalmente por él, sirviéndose principalmente de madera, el exterior con los antiguos postes utilizados para el tendido eléctrico traídos de fuera, unidos con cemento y otros materiales, y luego, en su interior, ha utilizado también maderas diversas junto con la piedra citada.
La verdad es que no le han faltado ideas e imaginación, y tampoco cualidades, en sus trabajos como albañil, oficio éste que tal vez aprendiese de joven con su padre que también lo era.
Después me enseña algunos escudos hechos por él con piedra de Villamayor. Son el de su apellido y los de algunos miembros de su familia: Zanfaño, Gallego, Labrador, etc. Para conocer sus formas, dibujos, símbolos o significados, lo mismo que para saber sobre las demás cosas, dispone de una amplia biblioteca, alguno de cuyos libros consulta con frecuencia, y siempre que necesite conocer o solucionar cómo se hace alguna cosa, o incluso cómo se dice o nombra. Y es que a José Luis, además de que le gusta leer, es una de las personas convencidas de que “todo está en los libros”, frase ésta que me repitió varias veces al preguntarle quien le había enseñado o cómo había realizado tal o cual objeto.
En el jardín o jardines próximos a las viviendas hay algunas esculturas de hierro, aluminio, alambre, etc., que ha hecho con materiales reciclados y que no dejan de mostrar también su belleza y originalidad.
Piedra, ladrillo, pizarra, hierro, chapa, papel, madera, son materiales que, en mayor o menor medida, han sido utilizados por él en sus trabajos o actividades de jubilado. Materiales que ha podido conocer, en parte, gracias a su oficio o trabajo de viajante y vendedor. Como viajante se pudo poner en contacto con personas, costumbres y formas de vida, y al mismo tiempo ver y contemplar los más diversos lugares y paisajes
Y como vendedor pudo saber y conocer los más variados útiles y materiales como eran los que ofrecían los almacenes de ferretería en aquellos tiempos.
Ahora vive algo alejado de la ciudad, concretamente en Villanueva de Azoague, cerca de la Azucarera, no lejos de los silos que le recuerdan todos los días la fábrica desaparecida y su actividad diaria. Pero vive feliz, pues puede seguir dedicándose a sus aficiones y a contemplar todo lo que ha hecho o reunido. Y, lo que es más importante, está cerca de sus hijos, como muy bien dice su mujer a la que saludo en la cocina de la cabaña:
“Aquí estamos muy bien, como en familia. A pocos metros unos de otros. Nos sentimos acompañados. Así nosotros podemos echar una mano a nuestros hijos en lo que podamos y siempre que lo necesiten, y ellos también a nosotros. Es ley de vida”.