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Ayer, Miércoles Santo, al pasar por Santa Colomba de las Monjas, me acerqué a la iglesia para comprobar si habían colocado el Monumento. O si queremos lo que de él queda, pues solamente conservan algunas tablas pintadas, y la mesa que hacía de altar. Se trata y denominaban así al altar preparado con adornos diversos, en el que se colocaba, y aún se coloca, el sagrario o tabernáculo con el Santísimo (o la Eucaristía) el día de Jueves Santo.
Efectivamente, allí estaba, en la parte de atrás del interior de la iglesia y frente a la puerta de entrada, como la última vez que lo ví, y creo que desde que lo sacaron del trastero por primera vez, y decidieron exponerlo para que sirva de recuerdo a los mayores y de información para los más jóvenes, que no vivieron, ni viven, tan intensamente las tradiciones y costumbres del pasado. En la iglesia estaba un vecino del pueblo que me contó lo siguiente:
“Antiguamente el Monumento se colocaba en el presbiterio, mejor dicho, debajo del arco que hay allí y del que colgaban unas grandes telas. Las tablas, de dos en dos, se iban colocando a los lados, hasta llegar al retablo central. Y, debajo de las telas que colgaban se ponía el altar flanqueado por los dos guardias. Sobre el altar un sagrario especial para este día, pintado también, para encerrar dentro el copón con las hostias consagradas en los oficios solemnes del Jueves Santo. Todo el retablo mayor se olvidaba en este día para centrar toda la atención en la Eucaristía”.
Ahora al entrar en la iglesia todos ven y recuerdan el Monumento: las visitas al mismo, los adornos que tenía y los rezos y oraciones ante Él, sobre todo lo que se denominaba Estación a Jesús Sacramentado, que consistía en rezar cinco Padrenuestros con sus cinco Avemarías y Glorias y al final de cada uno de ellos la invocación o jaculatoria: ¡Viva Jesús Sacramentado¡ y ¡Viva y de todos sea amado¡. También muchos llevaban velas, individualmente o por familias, que una vez encendidas, las dejaban en el monumento ese día. Después se las llevaban a su casa para encenderlas de nuevo en tiempo de tormentas u otras catástrofes.
En los pueblos y ciudades donde eran varias las iglesias, en cada una de ellas se colocaba el Monumento y se hacía la visita, repitiendo el mismo rezo. Actualmente sigue esta costumbre, no sin los cambios originados por la forma de vida y costumbres.
Las pinturas que figuran en las tablas del Monumento de Santa Colomba de las Monjas, como las de las sargas o telas de otros monumentos, tienen que ver escenas de la vida y Pasión de Cristo: apóstoles, evangelistas y otros personajes. Y no faltan los guardias que custodiaron su sepulcro y que en este caso se colocan a los lados del altar en el que se pone el tabernáculo.