lunes, 30 de abril de 2012

Benavente: La Ermita de Los Salados y el Montico


1.- Esta ermita se encuentra al este de la ciudad, a poco más de un kilómetro de distancia. Es de pequeño tamaño y de forma rectangular. En el exterior y a los pies de la misma está la entrada principal. Sobre la puerta hay un escudo, y un rosetón con vidriera que sirve de ventana. Destaca también una espadaña con dos pequeñas campanas.
En el muro lateral, que mira al mediodía, hay otra puerta de entrada más pequeña y sobre ella el escudo de los propietarios en el que figura el año 1775.
Perteneció a la familia Nuñez Granés, marqueses de los Salados, algunos de los cuales nacieron en Benavente José (1854), Carlos (1856) Pedro (1859) y otros. Tenían una casa en la Rua, en el lugar que después estuvo el Cinema, y además una amplia hacienda y posesiones en muchos lugares, también en los Salados, en donde contaban con esta ermita que llegó a ser el panteón familiar, siendo enterrados en ella algunos de sus miembros, como es el caso de D. Carlos Nuñez Granés, en el año 1902, según consta en el libro de Difuntos de la Parroquia de San Juan del Mercado.    
“En la villa de Benavente, parroquia de San Juan del Mercado, Obispado de Oviedo, Vicaría foránea de San Millán, provincia de Zamora, yo D. Victorino Para y Pose, mandé dar sepultura eclesiástica en el panteón de familia, construido en el pavimento de la Capilla edificada en la posesión denominada “Huerta de los Salados”, sita en término extramuros de esta villa y feligresía, distante más de un kilómetro de la población, propiedad de los señores Marqueses de los Salados…..al cadáver de D. Carlos Núñez Granés, Marqués de los Salados, Abogado del Estado, Exdiputado a Cortes por este distrito, residente en dicha huerta y mi feligrés…” 
Espadaña y puerta principal de entrada a la ermita.

Puerta de la ermita hacia el Este, con el escudo de los Nuñez Granés.
D. Carlos Núñez era hijo legítimo de los señores D. Joaquín Núñez Pernía y Dª. Carolina Granés Román y estaba casado con Dª. María del Pilar Dueñas, Marquesa viuda de Los Salados. Había nacido en el año 1856 y murió el 11 de julio de 1902, siendo enterrado el 12 de julio del mismo año.
Como he dicho anteriormente, sobre la puerta este de la ermita, y en piedra, se encuentra uno de los escudos más antiguos de la familia. El mismo que en color se puede ver también en una de las paredes de su interior. “En campo de gules una banda de plata acompañada en lo alto de un león rampante y en lo bajo de una tau de san Antón”. Y sobre otra la puerta de entrada, hay otro escudo, en el que se pueden apreciar símbolos de otras ramas y apellidos de la misma familia.
En su interior está limpia y bien cuidada, aunque sean pocos los cultos o ceremonias religiosas que se celebran en ella. Tan sólo, y con la debida autorización,  algunas bodas, según me dice uno de los encargados del mesón restaurante, allí instalado desde hace años,
Detrás de la mesa del altar, algo elevada y orientada al oeste, hay un pequeño mueble, a modo de retablo, con una imagen de la Inmaculada. En la nave hay bancos para los asistentes y en el coro destaca una vidriera circular que sirve para dar luz a la pequeña capilla, a falta de otras ventanas.
Interior de la ermita de Los Salados de Benavente.
El coro de la ermita.

Cuadro dedicado a la marquesa viuda de Los Salados.
Uno de los cuadros que hay en el interior de la ermita, el de los tres clavos.

El nombre de Salados responde a que dicha zona era pantanosa, solía llenarse de agua estancada, con propiedades salobres. Poco a poco, y debido a la construcción de la autovía y otras carreteras, así como de las calles y los edificios destinados al Centro de Transportes y los polígonos industriales, las lagunas y demás humedades han ido desapareciendo.
En la actualidad la ermita es de propiedad particular. Pertenece a los dueños del mesón restaurante, denominado precisamente El Ermitaño. Acertada elección, pues nada mejor que los nombres para recordar y rendir homenaje al pasado y a su  historia. El restaurante está funcionando ya desde hace varios años y, por su buen hacer y la fama conseguida, está contribuyendo a que la ciudad de Benavente, sea también  conocida y valorada en el aspecto gastronómico. Además sus instalaciones interiores y exteriores tienen un gran atractivo.
Junto a la ermita el afamado mesón-restaurante El Ermitaño.
2.- A poca distancia de le Ermita de Los Salados y del mesón restaurante El Ermitaño se encuentra un pequeño bosque conocido como el Montico. Lo que se conserva en la actualidad son unos muros, restos de antiguas edificaciones, sin que pueda precisar su uso, y una zona boscosa, cargada de vegetación: arbustos, plantas diversas, algunos chopos y un mayor número de encinas, algunas de ellas centenarias. En la parte oeste de la zona boscosa existe una pequeña pradera. Todo ello está sin cuidar, por lo que la naturaleza crece a su antojo.
La pradera y encinas de El Montico.
Julián Cachón, ex alcalde de Benavente, gran conocedor de la historia y de las tradiciones de esta ciudad, e interesado como nadie por su pasado, me cuenta que este espacio, así llamado “El Montico”, en el siglo XIX, perteneció o estaba dentro de las propiedades de los Marqueses de los Salados. Que había allí cerca una cantera para extraer piedra y no lejos una laguna. Era zona pantanosa, como ya he dicho anteriormente. Lo que no me puede precisar es quienes fueron sus propietarios antes de dicho siglo. El nombre responde a las encinas que había y que todavía hay, aunque algunas de las cuales desaparecieron al construirse el canal del Esla y sus acequias.

Interior del pequeño bosque.
Un canal de agua pasa junto al Montico.
Restos de una antigua edificación que había en este lugar.

Sea lo que sea, lo cierto es que este lugar, como zona verde, tiene gran importancia e interés desde el punto de vista natural y medioambiental, y debiera ser respetado, e incluso adecentado, si en algún momento la ciudad, o sus proyectos industriales, se aproximasen a la zona. Y con más razón porque Benavente no dispone en sus cercanías de zonas verdes, y menos con encinas centenarias, que hay que respetar.
Hasta hace unos años siempre había algunas personas que se acercaban por allí, para disfrutar de la sombra y de la pradera, al menos durante la primavera y el verano, pero ahora las basuras y otras suciedades, y la misma maleza y vegetación incontrolada, hacen inaccesible el paso y el paseo por dicho lugar.
El Montico deberá ser respetado y valorado como se merece desde el punto de vista medioambiental. Podía convertirse, con las debidas remodelaciones, en un sitio agradable y destinado al disfrute de los ciudadanos. El desarrollo y el progreso de una ciudad no tienen que ser una disculpa para destruir o acabar con los pocos espacios naturales que se encuentran en sus proximidades.